Diario Panorama, 30.08.2011

Gregorian Bivolaru es un rumano de 59 años que en 1990, cuando la práctica del yoga se legalizó en su país, fundó el Movimiento Espiritual de Integración en el Absolutismo (MISA). Esta escuela de yoga centra su espiritualidad en el sexo. Los discípulos son persuadidos para formar parejas liberales, poligámicas y, sólo en el caso de las mujeres, a tener relaciones homosexuales.

En este contexto, para recaudar fondos, los discípulos son utilizados como actores pornos en películas amateurs y son fotografiados para aparecer en distintas publicaciones.

En 2004, el servicio secreto rumano arrestó a Bivolaru y fue acusado de evasión de impuestos y de tener sexo con una menor. Escapó a Suecia, pidió asilo político y en 2005 la Corte Suprema sueca se negó a extraditarlo porque dijo que en su país no tendría un juicio justo. Desapareció hasta que en 2007 él y varios de sus seguidores fueron acusados de tráfico de personas y ultraje. Lo denunciaron por forzar a sus discípulos a trabajar en chats eróticos y de haber enviado mujeres a Japón para que actuaran en clubes de strip tease y así recaudaran dinero para su escuela de yoga.

Su escuela continuó expandiéndose por el mundo y hace pocos años llegó a la Argentina con el nombre de Instituto de Yoga y Ciencias Alternativas Atman. Tiene cuatro sedes en Capital Federal, en los barrios de Palermo, Belgrano, Recoleta y Villa Urquiza. También abrieron una filial en el interior del país y eligieron Capilla del Monte, Córdoba.

Líderes y métodos de persuación

Thomas Major, conocido como Sattwa, y Carmen, a quien llaman Aghora, son las principales autoridades del grupo en Argentina.

Con hermosas modelos como señuelo, se lanzan a la caza de jóvenes. Raúl entró a la escuela de yoga a través de la sede que funciona en un departamento en el cuarto piso de un edificio en Santa Fe y Callao, en Capital Federal. Luego, cuando se mudó, también estuvo con el grupo en Capilla del Monte.

“Primero me impresionaron como personas puras, sanas, que no tomaban, no fumaban, practicaban tantra yoga, vivían en comunidad. Yo estaba en la búsqueda de algo así y me gustó. Ellos piden que todos mantengamos parejas abiertas, como una cuestión evolutiva, y si bien sabía que practicaban el sexo grupal y que cada mujer tenía varios novios, yo no participaba porque mi interés pasaba por otro lado”.

Raúl cuenta que después comenzó a cambiar su punto de vista sobre el grupo. “Aghora le decía a cada uno con quién debía formar pareja. A muchos les partía el corazón; era cruel. Vos no te dabas cuenta, pero te iban rompiendo todas tus creencias. Se la daban de sanadores y a una chica de Buenos Aires, que tenía cáncer, la rumana le dijo que no se debía operar y al poco tiempo hizo metástasis. Se meten en toda tu vida y te terminan diciendo qué podés o no hacer”.

Luego, llega la invitación a “actuar” en películas pornográficas. “A la película me invitaron diciendo que era sobre tantra yoga, para ilustrar la continencia sexual, que habría escenas eróticas para poder mostrarlas a otros alumnos como material pedagógico. Lo más loco es que yo estaba convencido de que tenía que hacer el video. A muchas chicas, antes las fotografían desnudas o con ropa interior, les piden que se masturben, que usen aparatos sexuales, a todas las impulsan a tener relaciones lesbianas y están en contra de las relaciones entre hombres”.

Yamila también es de Capital Federal y pasó varios años en el grupo. “El primer año te enganchan con el tema de la vida sana, del yoga, te dicen que te hagas vegetariano y dejes de fumar. Yo sabía que se hacían fiestas, que las mujeres hacían strip tease , pero a mí eso no me molestaba, lo veía como una cuestión de liberación, porque es una escuela tántrica”.

“En el segundo año, ya te hacen participar más, es más jugado, te dicen que tenés que tener relaciones con otras mujeres. Cada vez que entraba un varón al grupo, le mandaban chicas para engancharlo. La mayoría de las chicas eran modelos, hermosas, así que a los chicos se les volaba la cabeza y quedaban en el grupo. Vos también tenías que iniciarlos a través del sexo”.

Del mar Negro a París

El grupo de Bivolaru realiza todos los agostos un encuentro en la ciudad rumana de Costinesti, junto al mar Negro, que atrae a miles de seguidores de todo el mundo. Cada año viaja un grupo desde Argentina.

El momento cumbre es cuando realizan el espiral yang, un círculo gigante de personas tomadas de la mano, al que consideran una forma especial de meditación para conseguir el autocontrol y la elevación espiritual.

El encuentro a la orilla del mar dura un mes y para poder viajar cada discípulo debe llevar sus análisis de VIH y hepatitis B. Son días de muchísima actividad sexual, con muchos intercambios y shows eróticos de las shaktis, las mujeres que han descubierto sus diosas internas. Las más afortunadas podrán ser iniciadas espiritualmente, a través del sexo, por el mismo Bivolaru, en la Villa Shakti que ha construido ahí el maestro.

“Cuando fui a Costinesti –cuenta Yamila–, había más de 10 mil personas. Todos actuaban como poligámicos; era todos con todos. Era gente buena que creía estar en un camino espiritual, pero terminás acostándote con 25 personas para demostrar que hay un desapego respecto de tu cuerpo”.

Otra de las chicas del grupo de Buenos Aires fue beneficiada con lo que se considera el premio mayor: ver al maestro en persona. Para mantener la reserva del lugar de destino, recién días antes de viajar le dijeron que debía sacar los pasajes a París y le hicieron pronunciar un juramento de confidencialidad.

Bivolaru se sabía buscado por distintas policías y su paradero era secreto. A ella la recibieron dos personas en el aeropuerto Charles de Gaulle, la subieron a una combi, le taparon la cabeza y, luego de muchas vueltas, la llevaron a una casona en la que estuvo 15 días encerrada junto a otras chicas, atractivas como ella, llegadas de diversos países del mundo. Muchas llevaban meses aguardando lo mismo: que el maestro las iniciara.

La casa de París tenía todas las ventanas clausuradas y grandes pantallas en las que mostraban testimonios de chicas como ella. Una contaba, como una tragedia, la frustrante experiencia que vivió cuando llegó a la cama de Bivolaru y no se había lubricado lo suficiente, por lo cual no pudo ser iniciada.

La expectativa crece entre las mujeres, que son atendidas a cuerpo de rey pero no pueden usar teléfonos ni comunicarse con sus familias durante el tiempo que permanecen ahí.

Los videos pornográficos y libros con fotos eróticas, supuestas fuentes de dinero para el grupo, circulan en las escuelas argentinas y del resto del mundo. Los discípulos que participan de las películas no saben en qué lugares se terminan vendiendo y mostrando.