Los estudios de ADN confirmaron que el primer gurú argentino del yoga denunciado por violación tuvo una nieta con su propia hija

By |2019-01-04T13:29:35+00:0024 diciembre, 2018|Vivekayuktananda|

INFOBae (Argentina), Federico Fashbender, 24.12.2018

Eduardo de Dios Nicosia, el swami Vivekayuktananda, nacido en Buenos Aires en 1946 e iniciado en India en 1972 por el célebre maestro espiritual Chidananda, había sido un pionero, un original: el primer gurú argentino del yoga. Fundó un ashram, una comunidad espiritual en la calle Lavalle durante la dictadura del general Agustín Lanusse, enseñó posturas y respiración, grabó un disco de vinilo con sus instrucciones que hoy es un objeto buscado por coleccionistas, tuvo profundas experiencias místicas en el Ganges con el misterioso sabio Surya Prakash.

Eventualmente, Vivekayuktananda llevó su escuela y su organización desde Buenos Aires a Venezuela, luego, a comienzos de la década pasada, a un pequeño hotel en Mar del Plata, el City Hotel, donde su organización ofrecía cursos, talleres, retiros espirituales.

Hoy, Vivekayuktananda está preso en el penal de Ezeiza. Su organización misma lo llevó a la cárcel bajo una acusación brutal: abuso, reducción a la servidumbre, trata sexual y laboral agravadas por su rol como ministro de culto, en una investigación a cargo del juez federal Santiago Inchausti y el fiscal Nicolás Czizik. Cayó su mujer, Silvia Cappossiello, y otros viejos seguidores.

En el City Hotel, la Policía Federal le encontró a su organización un arsenal para montar una pequeña batalla: pistolas Glock, entre ellas una calibre .40, carabinas Marlin con miras ópticas, un fusil Tikka, dos escopetas Remington, visores de visión nocturna, un detector de radio frecuencia con antena, cerca de mil balas.

Inchausti lo procesó en julio con prisión preventiva y lo embargó por diez millones de pesos. La semana pasada, de acuerdo al sitio Fiscales.gob.ar, la Justicia amplió el procesamiento: los embargos llegaron a un total de 66 millones de pesos, se sumaron también las imputaciones que hicieron otras 28 víctimas, con otras trece que quedan por declarar, historias de sumisión, de trabajo esclavo y denigración en el City Hotel a cambio de un poco de iluminación yogui.

Inchausti y Czizik acusaron a Nicosia -que había fustigado a los swamis codiciosos y al afán de bienestar material en uno de sus pocos escritos a sus discípulos- de apropiarse de los bienes de los buscadores que llegaban a sus pies y de hacerlos trabajar por techo y comida en el City, hay al menos cinco víctimas en estas acusaciones de reducción a la servidumbre. El hotel, con una cooperativa registrada legalmente, no habría sido otra cosa que un frente para lavarle la cara al culto.

Pero lo peor, a lo largo del expediente, fueron los supuestos hijos. Adultos, hombres y mujeres de más de 40 años de edad, nacidos y criados dentro de la organización de Vivekayuktananda, hijos de parejas de seguidores que creían ser hijos del swami, anotados con otro apellido. Vivekayuktananda, de acuerdo a testimonios, embarazaba a una mujer y ordenaba que se casara con un discípulo varón que le daría el apellido al bebé para dar una apariencia de normalidad familiar.

El caso de M. es particularmente grave. No lleva el apellido Nicosia. Hoy de 45 años, cree que Vivekayuktananda es su padre biológico. Y hay motivos en la Justicia para sospechar que Vivekayuktananda habría abusado de ella desde sus seis años de edad, con ataques que recrudecieron al comienzo de su adolescencia.

Se habla en el expediente de golpizas sufridas por M.: azotes con un cinturón, quemaduras con encendedores. Vivekayuktananda habría intentado abusar a M. por vía anal: su supuesta hija nunca se lo permitió. La joven también debía llevarle comida al cuarto en donde era violada para luego limpiarlo. En una ocasión, de acuerdo a su testimonio en el expediente, intentó forzarla a tener sexo con una joven que era miembro del culto. M. se negó y recibió una paliza.

El calvario no termina aquí: M. fue madre de una niña dentro del culto. Según ella misma, el padre no sería otro que Nicosia.

M. decidió entregar una muestra de su ADN para despejar sus dudas. Eduardo Nicosia entregó la suya, no hizo falta una extracción compulsiva.

A fines de la semana pasada, según aseguraron fuentes judiciales a Infobae, las sospechas de M. fueron confirmadas. Inchausti recibió los resultados de los estudios esta semana. Los análisis realizados por el Cuerpo Médico Forense en la ciudad de Buenos Aires confirmaron que M. es hija biológica del maestro y que la hija de M. es su nieta.

No fue la única en denunciar ser una hija con una identidad falsa, ni la única en denunciar golpizas, abusos denigrantes y tormentos en una situación de aislamiento total. Fuentes del caso confirmaron -un dato adelantado por el diario La Capital de Mar del Plata- otros doce resultados positivos, doce hijos e hijas más de Nicosia nacidos dentro de la secta original del yoga argentino.

Nicosia, por lo pronto, continuará preso. Un fallo de la Cámara marplatense le rechazó la prisión domiciliaria a pesar de que su defensa apuntó múltiples problemas de salud para el gurú que hoy tiene 72 años de edad. La ampliación del procesamiento incluyó un nuevo cómplice, un psicólogo que es un histórico seguidor de Vivekayuktananda desde los años 70, acusado de al menos un hecho de abuso y de seleccionar y condicionar a las presuntas víctimas.

Hoy, las víctimas se encuentran asistidas por el Ministerio Público Fiscal que las acompaña con psicólogos gratuitos en un proceso al menos difícil: salir de la secta, virtualmente el único lugar que conocieron durante todas sus vidas.