AFP, EL País, París – 06/10/1994

La muerte de los visionarios suizos tiene trágicos antecedentes en diversas partes del globo, aunque la mayor hecatombe se produjo hace 16 años en la Guyana, cuando más de 900 hombres, mujeres y niños perecieron siguiendo las órdenes de Jim Jones, el fundador de la secta Templo del Pueblo.

Las actividades de este grupo llevaron hasta Guyana al representante de California Leo Ryan, a instancias de padres cuyos hijos habían sido captados por Jones. Ryan y tres periodistas que le acompañaban fueron asesinados por miembros de la secta, y al día siguiente, 18 de noviembre de 1978, el reverendo Jim Jones reunió a su rebaño, le anunció que habían sido traicionados e instó a los presentes a cometer “no un suicidio, sino un acto revolucionario”. Murieron envenenadas, a tiros y a puñaladas 912 personas, entre ellas el propio Jones, que fue hallado con un tiro en la cabeza.

Más recientemente, otro visionario norteamericano, David Koresh, murió en Waco (Tejas) después de que la policía asaltara, tras 51 días de asedio, el rancho que ocupaba con su secta de los davidianos. Junto a Koresh quedaron calcinadas el 19 de abril de 1993 más de ochenta personas, niños incluidos.

Antes, en 1985, 60 miembros de la tribu ata de la isla filipina de Mindanao se envenenaron con una pócima que les indujo a tomar su líder “para poder ver la imagen de Dios”.

La pasada década fue especialmente siniestra en Asia. En agosto de 1987, 32 discípulos de una diosa coreana murieron degollados. En noviembre de 1986, siete mujeres de la Iglesia de los Amigos de la Verdad se inmolaron por el fuego en una playa de Wakayama (Japón) tras la muerte de su guía espiritual.