La Razón, María Serrano, 5.04.2012

Hace  30 años, la Virgen Dolorosa se apareció a la vidente Amparo Cuevas en una finca de El Escorial. Ahora, el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, ha dado permiso para que se construya una capilla en su honor, cumpliendo el sueño de sus seguidores y de su mayor defensora: Esperanza Ridruejo, Pitita para todos menos para su marido y su padre, entró en contacto con el mundo de las apariciones marianas en este pueblo de Madrid, y, desde entonces, se ha convertido en una experta. «He dado en España más de 500 conferencias sobre el tema. Yo sólo conocía Lourdes y Fátima, pero fue en El Escorial donde dije con una convicción completa: “Esto es verdad”».

«La danza del sol»
Pitita, una de las figuras clave de la alta sociedad española, afirma que no sólo quedó impresionada por lo que vio, sino por el ambiente, las personas y la devoción que apreciaba en ellos. «En un primer momento, clamó a mi inteligencia, y pensé que merecía ser investigado. Una amiga mía me había llevado a Prado Nuevo para presenciarlo diciéndome que la vidente había dicho que ese día –el 2 de junio de 1985– iba a ocurrir algo extraordinario, algo prodigioso en el firmamento». Pitita relata que, tras reunirse miles de personas cerca del fresno donde Nuestra Señora se había aparecido por primera vez, comenzaron a rezar el rosario. «En el cuarto misterio, a la vidente le cambió la voz, cayó de rodillas, y exclamó: “¡Mirad al cielo, no tengáis miedo!”. Cuando elevé la vista lo vi encapotado, pero de repente se abrieron las nubes y apareció el sol. Comenzó a moverse y a girar, en un principio despacio, pero cada vez más deprisa. De repente, vino hacia nosotros, y muchos gritaron de miedo». Hay voces en contra de la veracidad de estos hechos, pero Pitita no vacila: «¡Es verdad! ¡No es algo que pueda hacer el hombre! Es muy difícil que me crean porque va contra natura: el sol no puede moverse del lugar en el que el Creador lo ha puesto. Y, sin embargo, ya había sucedido en Fátima».

La decisión de Rouco Varela de permitir la construcción de la capilla ha llenado de alegría y gratitud a la mujer del embajador José Manuel Stilianopoulus, que  confiesa que fue en Prado Nuevo donde comenzó su camino con la Virgen, por lo que se ha construido una casa allí a la que piensa trasladar su residencia. «Tras vivir aquello, quería seguir indagando, así que fui a Fátima y leí todo lo que uno puede leer sobre apariciones marianas. He visitado todos los lugares en los que se la ha visto, porque he ido buscándola: persigo a la Virgen», afirma exultante. «Yo creo al cien por cien en las apariciones, soy una defensora a ultranza». ¿Ha sido  testigo Pitita de otros hechos sobrenaturales? «De más de los que puedo recordar. He visto el cielo teñirse de sangre, he visto el rostro de la Virgen reflejarse en el cielo, he visto globos de luz… Cuando entras en este mundo, todo es posible».

Fiel a sus creencias
Cuenta la aristócrata que, en una ocasión, vio un aro de luz acercarse a los presentes, y la figura de la Virgen apareció debajo. Se acercó a ellos, y todos prorrumpieron en rezos y alabanzas. Sin embargo, la fe de Pitita viene de lejos. «Siempre he sido católica, por mi educación y por mi familia. Pero sí es verdad que desde que estuve en El Escorial comencé a creer en la fuerza de la Virgen y en su poder para actuar en el mundo, y según la iba siguiendo, me reafirmé en ello. ¡Para mí fue algo fortísimo!». Pero Ridruejo se ha codeado con lo más granado de la sociedad y cosecha amistades en los círculos más selectos, por lo que su testimonio incomoda a algunos. «Me increpan y me dicen: “Pitita, ¿cómo puedes creer en esas tonterías?”. Pero no me importa. Tengo fe, y creo en la importancia de defenderla a toda costa». Nadie va a disuadir a esta católica convencida de dejar de contar lo que ha visto y oído: «La Virgen nos pide que nos convirtamos y que demos testimonio. La vida se vuelve emocionante cuando sabes esto».