El País, 01/07/1984

El Centro Esotérico de Investigaciones (Ceis) fue desarticulado el pasado 21 de junio en un operativo que planificó y dirigió la policía autonómica catalana y en el que participaron 12 inspectores de la Jefatura Superior de Policia de Barcelona. La redada se inició a las nueve de la noche y finalizó siete horas más tarde cuando la policía había logrado ya entrar en cada uno de los 12 pisos de la secta. Sin embargo, el operativo continuó en los días siguientes, mientras los responsables de la secta eran interrogados en la Dirección General de Seguridad de la Generalitat, con la localización de dos pisos más y con el hallazgo de un archivo en el que se reunía la mayor par te de los clientes del Ceis, con sus características psicológicas y sus apetencias sexuales.La denuncia contra el Centro Esotérico de Investigaciones y contra sus responsables quedó resumida en la escueta y aséptica nota de la Generalitat en la que se informaba de que las investigaciones se iniciaron ante la denuncia de un grupo de familiares de seguidores de la secta y prosiguieron con la infiltración dentro del grupo de un miembro de la policía autonómica, quien confirmó muchas de las acusaciones de los familiares presentadas ante la Generafltat. La nota aseguraba que los presuntos responsables del Ceis podrían haber incurrido en la comisión de nueve delitos.

Pero el testimonio más revelador es el de J. T., un joven periodista, vecino del Baix Llobregat, que voluntariamente se ofreció a explicar a un diario la experiencia de su paso por la secta de Vicente Lapiedra. “Entré en la secta a través de una chica que se llama Mercedes. Nos conocimos en una excursión y me dijo que David Gómez era un hombre muy majo que ayudaba a la gente. Después de un tiempo, me di cuenta de que pasaban cosas muy extrañas. Por ejemplo, la presión psicológica que sufrían los muchachos, lo que provocaba que algunos de ellos intentasen suicidarse. Incluso una chica tuvo que ingresar en un psiquiátrico”. J. T. afirmaba que los seguidores de Lapiedra eran personas con muchos problemas sociales o defectos físicos. “Los hundían para después levantarlos”. El objetivo era la perfección. El medio, unas reuniones periódicas, unas ,convivencias sexuales los fines de semana y, en algunos casos, el accesso a algunas de aquellas viviendas repartidas por el Ensanche de Barcelona. Aquella dependencia psicológica tenía un precio que debía pagarse con cualquier medio. Donde no llegaba el sueldo, alcanzaba la prostitución. “No sé de dónde podía salir el dinero. Me dijeron que algunas de las muchachas hacían de prostitutas”.

Los investigadores lograron la detención de una treintena de seguidores, que fueron entregados a sus familiares, después de que firmaran un curioso docuínento de tutela, sobre todo porque los detenidos eran mayores de edad. Esta irregularidad desató las criticas hacia la actuación de la policía autonómica y una polémica entre las fuerzas de la Generalitat y las del Estado. En el fondo, sin embargo, lo que se discutía y criticaba era el hecho de que la policía de la Generalitat, unilateralmente, hubiera decidido no conformarse con custodiar personalidades y edificios, y salir a la calle, rompiendo uno de los acuerdos de la Junta de Seguridad de Cataluña. Fue su primer servicio importante.