JULIO M. LÁZARO – El País, Madrid – 26/09/1991

Javier Marcos Martínez, uno de los dirigentes de la secta Edelweiss, admitió ayer ante el tribunal que el método de enseñanza de la secta incluía procurar que los niños se alejasen de sus padres y del entorno familiar, pero negó que la tercera fase de las enseñanzas fuese introducir a los niños en el tema del sexo, como declaró en el sumario.

En la jornada de ayer, la fiscal del caso puso en evidencia las graves contradicciones entre tres declaraciones del testigo Javier Marcos Martínez, -la primera realizada ante la policía y las otras dos ratificadas en presencia del juez y asistido de abogado-, y lo declarado ayer ante el tribunal.En los extractos de declaración leídas por la fiscal, Javier Marcos, a la sazón uno de los guardias de hierro, aseguraba tras su detención que había querido “abandonar los tocamientos y masturbaciones que practicaban en Edelweiss con los niños”, y las relaciones homosexuales que mantuvo con Eddie y la mayoría de los demás procesados. En las mismas afirmaba que él tuvo su primera experiencia homosexual con Carlos de los Ríos y que Eddie había mantenidos relaciones homosexuales “con casi la mayoría de los integrantes de Edelweiss”.

Según dichas declaraciones, Eddie controlaba el grupo y cuando él no estaba lo hacía Carlos de los Ríos, siendo Ignacio de Miguel “el tercero en la jerarquía”. En Edelweiss había distintos grupos, tales como jabatos, iniciados, fieles y senadores, además de los guardias de hierro. También declaró entonces que en la selección de los menores “se preocupaban de la belleza y del aspecto físico”.

Todas estas afirmaciones de entonces fueron rectificadas por Javier Marcos, quien sostuvo que nunca tuvo constancia de relaciones homosexuales dentro del grupo y que antes de declarar ante el juez de instrucción la policía le llamó para que declarara lo mismo “y así no tendría ningún problema”. Respecto a una declaración indagatoria ante el juez dijo que había tenido problemas con un abogado sinvergüenza que le recomendó que mantuviese lo que había dicho.

Grupo de adolescentes

El procesado Juan Iriarte declaró que en Edelweiss alguna vez se hablaba de sexo, “lo mismo que en cualquier grupo de adolescentes” y agregó que, respecto a él, alguien pudo interpretar como relación sexual “que le pusiera a algún compañero la mano sobre el hombro”. Iriarte y otro de los procesados, José Garrido Gil, reconocieron que en Edelweiss se practicaba el “juego de la verdad”, pero no recordaban que en el mismo saliese el tema de la sexualidad.

El viernes se reanudará el juicio con el comienzo de la prueba testifical. A ella han sido convocados 84 testigos entre los que se cuentan los entonces niños presuntamente corrompidos, que ascienden a 75 y algunos familiares de éstos que cursaron las denuncias.

Algunos miembros de la acusación han asegurado que varias de las antiguas víctimas de Edelweiss comparecerán a acusar a sus presuntos corruptores, aunque muchos otros no lo harán. Algunos de los entonces niños hoy están casados y en algunos casos sus cónyuges ignoran su vinculación al escándalo.