JESÚS DE LAS HERAS El País, Madrid – 09/12/1984

Cuando Eduardo José González Arenas empezó a prometer a los adolescentes que los trasladaría al planeta Nazar, dado que el fin de la Tierra estaba cercano, tenía 24 años y una gran capacidad para convencer a los chicos de que si seguían sus directrices alcanzarían la superioridad intelectual. No dijo a los elegidos que para ello tendrían que pasar por las redes de la prostitución infantil, pero les recomendó que mantuvieran relaciones homosexuales. Llamó al grupo Edelweis. La flor de alta montaña y el pasaje para el planeta Nazar los perdió hace unos días en Lisboa, al ser detenido por la policía.

El embrión del grupo Edelweis (flor que crece en la alta montaña) nació en 1971, cuando González Arenas ya se había separado de su esposa y vivía en una pensión en la calle de Berruguete, de Madrid, y se desarrolló dentro de la organización Boinas Verdes, formada por aquél al año siguiente, aunque no fue legalizada hasta la primavera de 1976. En esta fecha, su inspirador fue procesado por corrupción de menores, por primera vez, a la edad de 29 años, según consta en el sumario 122 del Juzgado número 12 de Madrid, instruido en julio de 1976. El propio Eduardo José, varios muchachos de su organización y algunos de los padres de éstos prestaron declaración ante las autoridades.Por su edad -24 años-, muy superior a la de los niños con los que trataba, y por su extraño carácter, González Arenas se impuso a los menores y se erigió en su jefe. No en vano les hablaba de su procedencia de un planeta llamado Nazar y de otras ideas extraterrestres, así como de conceptos nazis. Ellos podrían llegar a Nazar, siempre que cumplieran sus reglas.

Captó a sus discípulos en billares o cafeterías. La regla de oro era el secreto de cuanto hicieran en la organización. Iniciaron las reuniones en bares de la zona de la prolongación de General Mola y, principalmente, en uno situado en la calle de Colombia. A veces, Eduardo ordenaba al grupo que echase a los clientes del bar, “porque eran comunistas”. Fomentó la amistad “exclusiva” entre los chicos del mismo sexo. Junto a la idea de la camaradería, les aconsejaba la práctica de actos homosexuales -él ya los había realizado incluso cuando vivía en el domicilio conyugal-, porque les prepararían para la entrada en Nazar. Aconsejaba también que no se tuvieran relaciones sexuales con chicas antes de los 25 años y que formaran parejas entre ellos, pero no fuera del grupo.

Eduardo relató a las autoridades que el origen de Edelweis se remonta al momento en que descubrió su tendencia bisexual, en 1963, a los 16 años: “En el colegio un compañero me llevó al retrete después de una conversación sobre sexualidad y me hizo una masturbación, lo que me provocó gran vergüenza y me hizo pensar en ello repetidas veces, sin que consiguiera olvidarlo”. Luego ‘tuve tres novias, pero me di cuenta de que también me gustaban los chicos Mi padre no toleraba que jugase más con chicos menores que con chicas, por lo que confesé a mi madre mi tendencia bisexual. Al enterarse mi padre, me echó una gran regañina y me llevó a un psiquiatra, con quien franqueé mi ambivalencia. El médico me mandó unas pastillas y tuvo la indelicadeza de contarle todo a mi padre, por lo que no volví a su consulta. Me automarginé y me refugié en la lectura de libros. Uno de ellos, sobre extraterrestres, me impresionó, y forjé una vida interior en la que yo era el príncipe del planeta Nazar, que me sirvió para llenar mi soledad y para tener una personalidad exótica ante los chicos”.

Una vez iniciados los muchachos en la ideología de Edelweis, según los declarantes de 1976, González Arenas amenazaba de muerte a quienes rompieran el secreto. Él no pensaba mancharse las manos: los delatores serían ejecutados por seres extraterrestres o por medios cósmicos.

Para que los padres de los niños no sospecharan, Eduardo creó la asociación juvenil deportivo-cultural Boinas Verdes y, dentro de ésta, el grupo Edelweis para los elegidos. Instaló la sede en la parroquia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, en la avenida de Pío XII, número 31. Solicitó la inscripción de la asociación en la Delegación de la Juventud, pero aquella no se produjo hasta 1976, unos días antes de que Eduardo fuese detenido.

El religioso José Luis Valle, que entonces estaba en dicha parroquia, ha manifestado ahora a este diario algunos de los pormenores de aquel grupo. Según José Luis Valle, “fue nefasto no sólo por el daño que hizo, sino porque creo que dejó huella en algunos chicos”. La parroquia intentaba formar, precisamente, un grupo de montañismo “cuando apareció Eduardo González”, indica el religioso. “Estuvo unos dos o tres años aquí. Nos engañó bien, pese a que lo cogí en alguna mentira. Pero fueron sus propios padres quienes, un día, nos explicaron que no era la persona adecuada para dirigir un grupo de niños”. José Luis Valle recuerda que durante otro tiempo se arropó en una parroquia próxima, la de San Jorge.

Por Boinas Verdes pasaron, hasta 1976, más de 400 adolescentes, la mayoría de los cuales no conoció las actividades homosexuales. En Edelweis participaron unos 50 niños, que vivían en las calles de Costa Rica, Nicaragua, República Dominicana, paseo de La Habana, Trueba y Fernández, General Mola (hoy Príncipe de Vergara), avenida del Generalísimo, Comendadores y Fray Bernardino de Sahagún, entre otras. Las chicas que, pertenecieron a Boinas Verdes fueron unas 50, pero sólo unas siete u ocho entraron en Edelweis. La actividad de las muchachas no estuvo orientada a las relaciones sexuales, aunque se les aconsejaba la libertad en este terreno, sino a la creencia en los planteamientos extraterrestes y en las ideas nazis.

Visita a Franco

 

 

Posteriormente, !a organización tuvo otros de sus domicilios sociales en la calle del General Mola. En junio de 1975, Eduardo González encontró empleo en una empresa de electrónica de la calle de Alcalá, por mediación del padre de uno de sus discípulos. A este adolescente lo captó en 1973, cuando el niño tenía 13 años. El padre de este muchacho vio en Eduardo una persona amable y educada, que se preocupaba por los chicos, y le ayudó a buscar trabajo. González abandonó el empleo al mes siguiente.

En aquella etapa y unos meses más tarde (octubre-noviembre de 1975), grupos de boinas verdes visitaron. al anterior jefe del Estado, Francisco Franco, cuando se hallaba hospitalizado en la ciudad sanitaria La Paz según han informado en la actualidad familiares de algunos de los niños víctimas de Edelweis. Fue entonces cuando algunos de los jóvenes miembros de Edelweis advirtieron que González Arenas “les estafaba dinero, se quedaba con el dinero de la organización”, lo cual llevó a algunos muchachos a denunciarlo por presunta estafa en la comisaria de Chamartín, de Madrid, y terminaron por expulsarlo de Boinas Verdes. La expulsión de Eduardo se acordó en un piso de la calle de Potosí, donde asimismo se fraguaban los cursos de oficiales y suboficiales de Boinas Verdes.

Eduardo formó otro grupo similar, denominado Rangers. Dentro del mismo fundó un nuevo Edelweis y otro subgrupo con clara identificación nazi, llamado Camisas Pardas.

Pocos meses más tarde se produjo la primera denuncia. En diciembre de 1975, una chica de 16 años, que antes era una muchacha “estudiosa y sensata”, empezó a mostrarse “desordenada, distraída, poco estudiosa y cambiante en su conducta”. Su nueva actitud preocupó a sus padres. La hija acabó por “franquearse con su padre”. Narró los pormenores del grupo, en el que la muchacha había ingresado dos años antes, en 1974, pues no encontró plaza en los boy scouts y unas amigas le hablaron de Boinas Verdes.

La primera pista fue el religioso José Luis Valle, quien incluso aportó al denunciante una carta de los padres de González Arenas en la que éstos le calificaban de “persona de poca moralidad”. Algunas de las primeras víctimas se decidieron a declarar ante las autoridades.

Eduardo, nacido en Madrid el 25 de abril de 1947, fue detenido el 27 de mayo de 1976. Tenía antecedentes policiales. Estaba reclamado por los juzgados de instrucción números 8, 10 y 27 de Madrid, en 1973 y 1974, por presunta estafa (librar talones bancarios sin fondos). Eduardo reconoció haber sido detenido en tres ocasiones tres años antes: por la policía de Las Palmas, por la Guardia Civil de Barcelona -por riña en ambos casos- y por la policía de la comisaría de Chamartín, de Madrid, acusado de hurto, sin que cumpliera condena. Admitió su homosexualidad, pero negó la acusación de presunta estafa. Fue puesto en libertad bajo fianza de 25.000 pesetas.