EL PAÍS – Madrid – 15/10/1999

El Centro Esotérico de Investigaciones (Ceis), surgido en Cataluña en los años 80, concilió el carácter oscurantista de su denominación con la actuación delictiva de sus dirigentes, condenados en 1990 a 10 años de cárcel por inducción a la prostitución e intrusismo, fallo que el Supremo confirmó tres años después.La secta Ceis, de estructura piramidal, tenía en su vértice a Vicente Lapiedra, quien para sus adeptos era un “ser perfecto”. Por debajo de Lapiedra, existían 16 guías, cuya misión consistía en la captación de adeptos -desde la presentación publicitaria de Ceis como un gabinete psicológico- y en su adiestramiento, mediante técnicas de persuasión para lograr “la ciega sumisión (…) a los dictados de sus dirigentes”, según la sentencia.

Entre los pilares del adiestramiento figuraba “la más absoluta trivialización de cuanto hiciera referencia al sexo, presentándolo como una fórmula como cualquier otra para obtener dinero”.

Ante el tribunal que le juzgó, Lapiedra aseguró que Ceis no tenía ninguna filosofía y que no era una secta, sino un grupo de amigos dedicado a la parapsicología.