Fundación Bip Bip, Lydia Escribano, 10.10.2004

La labor que realiza la ONG Humana, conocida principalmente por los convenios que mantiene con ayuntamientos para la recogida de ropa usada, viene estando en entredicho desde hace tiempo. Al principio, muchas de las protestas procedían del modo en que esta organización gestiona la ropa que recogía en los contenedores distribuidos por los municipios de toda España y que luego venden en tiendas propias o destinan directamente a países pobres.

Ahora, el problema va más allá de su propia actividad, hasta el punto de que ya existe una Red de Ciudadanos Preocupados por Humana que ha denunciado que detrás de esta ONG se encuentra el grupo Tvind, calificado por algunas instituciones públicas –entre ellas, la Asamblea Nacional Francesa o el Parlamento Belga- y expertos en el tema como secta destructiva.

Humana People to People, la federación internacional de la que forma parte Humana España, nació a finales de los años setenta en el norte de Europa como una organización de solidaridad y apoyo a las víctimas del apartheid en el África Austral. Todos aquellos recursos que en Europa se encontraban en grandes cantidades eran enviados a estos países para paliar en la medida de lo posible la situación de necesidad en la que estaba inmersa la población (semillas, ropa, maquinaria…).

Finalizado el apartheid, los gobiernos de estos países sugirieron a Humana continuar la labor que venía desempeñando utilizando a partir de entonces la ropa y el calzado usado como fuente de financiación de los diferentes proyectos. El objetivo de los mismos es mejorar las condiciones de vida de la población de las áreas rurales.

Hoy en día Humana España lleva a cabo proyectos de cooperación en países africanos, principalmente en Mozambique, Angola, Zambia y Zimbabwe. Gracias a los convenios de colaboración firmados con distintos ayuntamientos, Humana obtiene la cesión de suelo público para la ubicación de contenedores de ropa usada donada altruistamente por miles de ciudadanos españoles con la creencia de que los beneficios que origina la recogida tienen un supuesto fin «humanitario». También obtiene fondos de huchas repartidas por comercios y de la labor de voluntariado.

Relación con grupo sectario

Sin embargo, las informaciones aportadas por diversas instituciones y asociaciones relacionan a Humana con una secta de alcance internacional llamada Tvind, fundada en 1969 como movimiento de reforma escolar con la idea de dar a los jóvenes una visión auténtica de los problemas del Tercer Mundo llevándolos a verlos. En 1995 fue calificada como grupo sectario por el Informe de la Comisión de Investigación sobre las Sectas de la Asamblea Nacional Francesa (Informe nº2468, 22/5/95). En este informe, se señalaron los criterios siguientes, utilizados por los Servicios de Investigación de la Policía, para llegar a tal calificación: desestabilización mental, carácter exorbitante de las exigencias financieras, ruptura inducida con el entorno de origen, atentados a la integridad física, captación de menores, discurso más o menos antisocial, disturbios del orden público, eventual desviación fraudulenta de los circuitos económicos tradicionales y tentativas de infiltración en los poderes públicos.

Actualmente Humana está siendo investigada en más de siete países y existen dos procesos judiciales abiertos contra sus líderes en Dinamarca y Bélgica. Su fundador y líder, Amdi Petersen está considerado como una de las personas más ricas del mundo y ha de responder a las acusaciones de «evasión de impuestos» y «enriquecimiento ilícito». Entre sus posesiones cuenta con barcos, hoteles y lujosas mansiones. También es objeto de investigación el funcionamiento de las «Escuelas» donde imparten “formación” a sus voluntarios, ya que diferentes testimonios e informes de afectados y especialistas médicos denuncian que «sus métodos de captación, sistemas de funcionamiento y nivel de implicación apreciados en sus miembros coinciden con los propios de los denominados grupos de manipulación psicológica o sectas coercitivas».

Diversos ex miembros de Tvind y periodistas extranjeros mantienen en una página ‘web’ llamada Tvindalert que parte de los beneficios obtenidos por la venta de ropa usada se destinan a mantener y enriquecer a esta «organización sectaria» y no a realizar proyectos para los más desfavorecidos.

En España, la organización leonesa Oficina de Socorro Internacional (OSI) solicitó la intervención del Defensor del Pueblo para frenar la actividad de Humana. A raíz de la campaña de denuncia social sobre esta supuesta ONG que OSI emprendió por diversos medios en todo el territorio nacional, algunas Instituciones Públicas han empezado a reaccionar. Ahora, la Fiscalía del Estado tiene abierta una investigación y la Red de Ciudadanos Preocupados por Humana está llevando a cabo una campaña en contra de esta ONG que ya ha tenido sus primeros efectos, como la retirada de contenedores de recogida de ropa en los ayuntamientos de León, San Andrés del Rabanedo y Alcalá de Henares, y la supresión de algunos convenios de colaboración.

Las cuentas de Humana en España

Humana España se defiende asegurando que ellos «nada tienen que ver con Tvind y Petersen y que realizan dos auditorías al año para demostrar que el dinero recaudado va a parar a proyectos benéficos en países subdesarrollados», principalmente a África, según Rafael Más, director de Comunicación de dicha organización.

Así lo recoge José A. Navas en su artículo «Humana, los jirones de una ONG», publicado en El Mundo Dinero el 24 de septiembre de 2004. De acuerdo con la información contenida en el mismo, la actividad económica de Humana España es significativa y tiene una estructura prácticamente empresarial con unos 200 empleados –no trabaja con voluntarios- y unos sustanciosos beneficios. Humana obtiene al año unas ganancias de entre 800.000 y 900.000 euros, «que se dedican íntegramente a fines sociales» en palabras de Rafael Más, y tiene convenios de colaboración con cerca de 700 ayuntamientos en nuestro país, según datos ofrecidos en el citado artículo.

Se menciona asimismo que la organización factura alrededor de cinco millones de euros al año y posee unos 4.000 contenedores esparcidos por todo el territorio nacional en los que recogen 15.000 toneladas de ropa. Contrariamente a lo que se podría pensar, esa ropa no se dona. Un 60% se vende directamente a empresas (traperías), mientras que el 40% restante se clasifica en tres centrales que posee la organización. Tras la clasificación, de esas 6.000 toneladas, el 12% se vende en las 19 tiendas que Humana tiene en España (11 en Cataluña, siete en Madrid y una en Granada), mientras que entre el 10% y el 15% se desecha y el 30% se vende como material de reciclaje. Entre el 35% y el 45% -unas 2.400 toneladas- se envía a países africanos, donde la ropa acabará también en tiendas para ser vendida a clientes o pequeños empresarios por muy bajos precios. Humana España afirma tajantemente que todo el beneficio generado por estas actividades se dedica a realizar proyectos de ayuda en países pobres, como Angola y Mozambique, donde desde 1993 se crean escuelas para formar profesores que fomenten la educación en zonas rurales. Otros programas estarían dedicados a la sanidad, la agricultura o la prevención del SIDA.

Rafael Más asegura que todos en Humana son «personas normales» y achaca estas denuncias a que «existe un mercado importante de ropa de segunda mano» -él cifra en un 3% el porcentaje que la ropa usada representa en el total de residuos- y estas acusaciones son una buena manera de atacarles para desplazarles de este ‘negocio’.