El País (Uruguay), Francisco Marques, 2.02.2013

El domingo de noche en una casa del Cordón, un grupo espera el inicio de una ceremonia del Instituto Espiritual Chamánico Sol Nueva Aurora. Antes de entrar, junto a una camioneta estacionada en la puerta, un par de personas hablan de ángeles.

Adentro, 20 personas esperan el inicio de la ceremonia, que empezará a las 10 de la noche y se extenderá hasta eso de las 3 de la mañana. La mayoría son jóvenes, y el blanco tiene un protagonismo casi exclusivo en el vestuario. Para participar, se pidió a los asistentes traer una alfombra, papel higiénico y una fruta para compartir al final del evento. Además, se pide una contribución de 600 pesos al instituto, pero parecería que nadie será rechazado por no cumplir con este mínimo aporte al chamanismo.

La ceremonia tiene además otro requisito, este sí indispensable. Para participar, hay que cumplir con el rito esencial: tomar ayahuasca. Santos Victorino, el líder chamánico que dirigirá el evento, me invita participar y luego conversar, pero amablemente nos explica que para ello, debo experimentar los efectos de la bebida, de lo contrario sería imposible comprender la ceremonia. Y recomienda que, en caso de duda, lo piense mejor y vuelve en febrero, cuando se realizará un nuevo encuentro. Preferí pensarlo.

Según la última Encuesta nacional de hogares sobre consumo de drogas, un 2.3% de los encuestados -unas 30.000 personas- consumió algún tipo de alucinógeno. La ayahuasca está incluido dentro de esta categoría, pero su proporción es mínima al lado del floripón o del LSD, los alucinógenos más populares. Esa minoría se debe, en parte, a la fuerte conexión que la bebida tiene con el espiritualismo.

Antonio Pasacale, toxicólogo, explica que el brebaje es una decocción de plantas enteógenas -el nombre refiere al contacto con lo divino- que puede provocar alteraciones de conciencia y alucinaciones. Su fórmula varía, y algunos de sus principio activos, si son utilizados en exceso, pueden provocar síntomas que van desde la taquicardia hasta ataques de pánico. Muchos culturas consideran este estado de trance como una forma de aproximarse a dios o a espíritus.

Según Julio Calzada, secretario de la Junta Nacional de Drogas, la ayahuasca en su forma pura no está incluida en ninguna lista internacional de sustancias prohibidas, y por ende, en Uruguay rige la tolerancia. Sí está prohibida la venta de uno de los principios activos de la ayahuasca: el BDT, cuando se produce en forma sintetizada.

Esta bebida amarga, de tradición milenaria entre indígenas, tiene una fuerte presencia en toda la zona amazónica, especialmente Brasil y Perú, pero se ha extendido a todo el mundo.

Victor S. Petrone, licenciado en Ciencias Antropólogicas, no posee una cifra exacta, pero estima que en Uruguay el número de ayahuasqueros ronda entre 1.000 y 1.500. Su crecimiento está muy limitado por la «dependencia ecológica y productiva» -la bebida debe importarse- pero pese a ello, considera que el número de consumidores irá en aumento, así como la oferta ritual asociada a la bebida.

Ismael Apud, antropólogo, identifica cuatro grandes centros que utilizan ayahuasca en el país, con distintos perfiles y orientaciones. Los ritos, el significado espiritual y hasta la composición de la ayahuasca varía en cada uno de ellos. El número de miembros de cada centro es difícil de identificar, ya que el vínculo no es exclusivo, y los adherentes tienden a rotar.

El Sol de la Nueva Aurora entra dentro de esta oferta ritual. Según su página web, la comunidad chamánica cuenta con personería jurídica desde 2008, y su propósito es «expandir la luz emanada desde Wakan Tanka (el Gran Espíritu) para todos los hermanos que sientan el llamado de cumplir su propósito sagrado en estos tiempo del `gran cambio`».

Para Álvaro Farías, psicólogo especialista en sectas, estos grupos ayahuasqueros son parte de un fenómeno socio-cultural mucho más amplio. «Lo tradicional tiene olor a rancio y se buscan nuevas alterativas espirituales, que lo único que hacen es presentar lo viejo como nuevo», dice Farías. Surgen así terapias alternativas y new age, dónde hay lugar para el indigenismo .

Por ejemplo, el centro de terapias holísticas Ayariri ofrece, según su sitio web, una serie de terapias alternativas, desde respiración holotrópica hasta Kundalini Yoga. Y entre estas opciones está el vegetalismo amazónico, ayahuasca incluida.

El Camino Rojo, un movimiento internacional de tradición chamánica, está hace 20 años en Uruguay. Allí la ayahuasca no es un elemento central, sino una de las plantas medicinales utilizadas, que van desde peyote hasta urú. Siempre precedidas de tabaco, la primer planta sagrada de América.

Alejandro Corchs, hombre medicina y miembro del consejo del Camino Rojo, define al movimiento como «una forma de vida». En ese camino, la ayahuasca es eficiente para sanar ciertos males físicos, como el cáncer, pero nunca es la primera opción, por sus efectos potentes. «Es como si tu conciencia fuera una bombita de luz de 40 watts», dice Corchs. «Al tomar la bebida, tu conciencia se transforma en una bombita de 120, y cuando se prende, muestra todas las sombras y las miserias».

Aclara que la ayahuasca no es una sustancia mala sino «dura», no apta para personas con patologías psiquiátricas, y tampoco recomienda consumirla en forma individual. «Es una bebida para los buscadores espirituales, no los turistas espirituales», dice Corchs. Y por ello cuando una persona se acerca a tomar ayahuasca sólo con la intención de «psicodelia», que los hay, es rechazada.

El centro más identificado con la bebida es la Iglesia del Santo Daime. Allí, beber el daime -el nombre que le dan a la ayahuasca- es tan importante como la doctrina misma. El culto, con elementos cristianos indígenas y africanos, fue fundado en Brasil en 1931 y contaría con 10.000 seguidores en todo el mundo. Su templo está ubicado en Camino de los Horneros, al este de Montevideo.

La Iglesia fue objeto de un informe de Qué Pasa en 2006 (ver recuadro) donde se describía una de sus ceremonias, a la que asistieron unas 40 personas. «El daime sirve para entender mejor la realidad, la mecánica oculta detrás de las cosas», declaraba entonces el comandante Alberto Singer, líder del culto. Y aclaraba que la bebida sagrada no es aconsejable para personas con antecedentes psiquiátricos, porque estos pueden vivir episodios fuertes e intolerables.

Qué Pasa intentó comunicarse con Singer pero se encontraba de viaje por el Amazonas. Sus miembros no están muy conformes con el trato recibido en los medios. En mayo del año pasado la iglesia fue centro de un informe en el programa Santo y Seña, y en junio de Subrayado, debido al suicido de Yamandú Alcalde, un psicólogo que formaba parte de la iglesia. Su padre Hugo Alcalde, budista, y un amigo de Yamandú que también formó parte del culto, vinculaban su suicidio con el uso de ayahuasca, responsabilizando directamente a la Iglesia del Santo Daime. La iglesia respondió. Y dijo que antes de la ceremonia, los fieles llenan un formulario por si tienen una enfermedad u otro impedimento. En ese caso no participan.

Alcalde llevó su reclamo a diversos organismos, desde el Ministerio de Salud Pública hasta el Instituto de Derechos Humanos, pidiendo que se ilegalizara el uso de la bebida y que se cerrara el culto. Pero sólo consiguió respuestas demasiado vagas.

Para Juan Scuro, también antropólogo, que ha estudiado el movimiento en Uruguay y su vínculo con los grupos brasileños, igual que cualquier droga farmacéutica, debe utilizarse en forma responsable.

Para evitar cualquier peligro, recomienda seguir el ejemplo de Brasil. Allí, también hubo propuestas por los efectos secundarios de la ayahuasca, por lo que se crearon comisiones interdisciplinarias, de funcionarios, profesionales y representantes de los propios grupos, con el objetivo de establecer cierta reglamentación en el consumo.

Para el antropólogo Víctor S. Petrone, el problema es que no hay ningún «título» de «mestre», «chamán» o «taita» , así como tampoco un manual que regule las prácticas. Y si bien la bebida en su forma estandarizada -sin otros agregados alucinógenos- es relativamente segura, también tiene riesgos.

Él mismo consumió la bebida como parte de su investigación y dice que experimentó efectos secundarios, «de esos que no debería tener», y nombra el caso de un psicólogo brasileño que atendió unos 20 casos -«de cientos»- de pacientes con trastornos psicóticos producto de la ayahuasca. Asimismo, destaca que su uso, en determinados contextos, ha tenido éxito en tratamientos de adiciones, depresiones y traumas psicológicos severos.