Pilar Espinosa Zarza. El País, Madrid. – 17/11/1992

Me refiero al artículo que dedicó su periódico a toda plana a la secta de Mazagón. Hice, hace unos siete años, el método Silva de control mental. Se trata de un sistema inofensivo para sacar dinero a gente débil. Conocí a Marta Lépore, que falleció de un tumor maligno, creo, y a Ana Camacho Carrasco. Esta última abrió un piso en Madrid, que puso a disposición de muchas personas que no tenían adónde ir. Es cierto que algunos entregaban su sueldo, pero de ahí también se pagó la carrera a un buen número de personas que no tenían dinero.Estudiaron arquitectura dos de los hoy procesados (porque sus padres no tenían dinero), precisamente Fernando A., que les dijo a ustedes que le retorcían el pene con un alicate, cosa imposible si uno no quiere. También parece difícil que a una chica de Toledo que vive su vida independiente le hiciera ir hasta Huelva para beber los orines del perro.

Hay otras cosas que ustedes deberían indagar y no condenar antes de oír al condenado. También deben saber que la señora fallecida, según ustedes a causa de malos tratos, estuvo siempre enferma, y Ana y su hermana María Luisa se ocuparon de cuidarla, porque su familia no quiso saber nada (pregunten en el hospital de la calle de O’Donnell de Madrid, que allí estuvo casi un año). Hay que ver con qué impunidad quitan la honra a la gente, escuchando la versión que de una persona ofrecen sus enemigos-