Diario de Córdoba (Argentina), 2.11.2001

Mario Rovetto ocupa una amplia casa en barrio Santa Catalina, al sur de la ciudad de Córdoba, donde convive con su mujer, sus tres hijos menores de edad y unos 15 chicos de entre 17 y 24 años.

A partir de la denuncia de varios padres, el fiscal Marcelo Sammartino le imputó lesiones leves y comenzó a investigarlo para determinar si como supuesto líder de una secta ejerce una manipulación psicológica nociva sobre estos jóvenes.

El niega liderar una secta, aunque reconoce que es el referente de una agrupación, llamada Nova, que impulsa “el rescate psicosocial” de quienes la integran.

Rovetto también niega ser un “lavador de cerebros”, pero admite que “si el cerebro tiene mugre está bueno lavarlo. Aunque yo creo que lo que en realidad manipula a los chicos es la publicidad, los medios de comunicación y una forma de vida gris, hipócrita, temerosa y aburrida”.

Entiende la angustia de los padres que lo denunciaron, pero asegura que él no tiene la culpa de que esos padres no escuchen lo que están diciendo sus hijos. “Yo hice una reunión con los padres de los chicos para explicar nuestra postura filosófica, pero no nos entendieron”, dice.

Los chicos que viven en la misma casa con Rovetto se ríen de las acusaciones. “Nadie nos obliga a estar acá. Si fuera cierto que tenemos que trabajar para ganar mil pesos no estaríamos acá. También es falso que tengamos determinados días para tener sexo. Con nuestras familias tenemos buena relación, el problema es que nuestros padres no nos escuchan cuando hablamos”, explica uno de los muchachos que vive en la casa.

Rovetto agrega que los supuestos “reglamentos” que se presentaron ante el fiscal Sammartino en realidad son “chistes” que se publicaron en un boletín de circulación interna.

Principios

Los principios fundamentales de la agrupación Nova son tolerancia en la diversidad, no violencia activa y la diferencia es riqueza. “Básicamente tomamos a Silo (nombre literario del pensador mendocino Mario Luis Rodríguez) como referencia, a partir de su obra publicada. También somos partidarios de Gandhi y Martin Luther King. Estamos en contra de los atentados y en contra de la respuesta de Bush. Nuestro objetivo es humanizar a la Tierra, que es el objetivo del nuevo humanismo”, explica Rovetto.

El cuenta que fue miembro activo del Partido Humanista hasta que se dio cuenta de la ineficacia de la acción política, razón por la cual, dice, se encaminó hacia un proyecto más “espiritual”. Pero insiste en que no son una secta religiosa.

“Nosotros nunca dijimos que se viene el fin de mundo. Lo que decimos es que va a empezar un nuevo mundo, luego de una gravísima crisis general derivada de la injusta distribución de la riqueza y del capital concentrado en pocas manos. Esto no es parte de ninguna revelación divina, sino en base a las actuales condiciones de existencia”, señala.

Finalmente, Rovetto rechaza las acusaciones de que induce a los chicos a dejar los estudios.

“A priori, no les sugiero que dejen de estudiar. Les digo que estudien en base a su vocación. Aquí hay una chica a la que nosotros ayudamos a terminar la carrera de Medicina”, concluyó Rovetto.

Este hombre tiene dos caras

Los padres que denunciaron ante la Justicia a Mario Rovetto sostienen que este hombre tiene “dos caras”.

“Para el resto de la gente él tiene un discurso que disimula lo que en realidad es”, señaló un padre cuya hija participó durante algún tiempo en el grupo.

Y a raíz de la denuncia de este padre, una jueza de Menores resolvió poner a la muchacha bajo la vigilancia de sus padres con la prohibición de acercarse al grupo Nova.

Estos padres viven con mucha angustia que sus hijos hayan abandonado su familia para vivir dentro de esa comunidad.

El fiscal Sammartino, con la participación de la División Protección de las Personas, deberá demostrar, como acusan los padres, si los chicos reciben una influencia nociva dentro del grupo.

El funcionario tiene en su poder copia de las supuestas reglas que deben cumplir los chicos. Otro denunciante relató que Rovetto habría inducido a su hijo a robarlo. En este punto, Rovetto reconoció que una vez a un chico le dijo que trajera “algunos mangos”. “Pero estaba hablando de 40 ó 50 pesos –explicó–, el dinero necesario para comprar la comida que el chico iba a consumir dentro de la casa”.