Clarín (Argentina), Gustavo Laurnagaray, 31.05.2008

La Justicia pampeana investiga a un instituto católico de Santa Rosa por una denuncia de “reducción a la servidumbre” de chicas adolescentes y mujeres jóvenes. La acusación alcanza al vicario del Obispado de Santa Rosa, Antonio Martinez Racionero, y a otro sacerdote español, Ricardo Latorre Cañizares, a quienes se les impidió salir del país. Y lo mismo vale para las supuestas víctimas.

El instituto, llamado Servi Trinitatis, tiene sede central en Cuenca, España. La denuncia fue realizada ante el juez penal Carlos Flores. Hay 11 testigos que declararon en la causa, ex integrantes de la comunidad religiosa y padres. La sede del instituto -que funciona desde 1995 en La Pampa- es una casa donde las chicas llevan una vida en comunidad. Hay actualmente 8 jóvenes de entre 18 y 32 años. Algunos familiares denunciantes pidieron una medida cautelar para sacarlas de ese lugar. En Cuenca, donde vive el sacerdote español Gratiano Checa Colmena, creador del instituto, hay internadas cuatro chicas santarroseñas.

El abogado Omar Gebruers -que patrocina a las familias denunciantes- reveló que los padres Martínez Racionero y Latorre Cañizares “vinieron y empezaron a mandar en la Catedral, a través de la Acción Católica comenzaron a reclutar chicas y las fueron introduciendo en el instituto”. Y afirmó que “a los jóvenes les lavan el cerebro. Por ejemplo, les fijan una acción cada 15 minutos. Y cuando se salen de eso, deben confesarse”.

Una de las etapas incluía la vida en comunidad, en un lugar que se llama Cenáculo. A las chicas que trabajaban en empleos particulares les sacaban tarjetas de débito y claves, que debían ceder a los sacerdotes. “Las chicas se obligaban a hacer un voto de pobreza y cedían el manejo del dinero”, explicó Gebruers. También hacían votos de obediencia y fidelidad al Papa.

Según la denuncia se aplicaron técnicas que utilizan las sectas. Por ejemplo, les prohibieron comer cosas dulces (“desarrollaría la feromona de la voluntad”, dijeron), y café, té o mate por ser “estimulantes”. “Las chicas caían en trastornos de alimentación, fobias y problemas psíquicos. Era lo previo a quebrarles la voluntad”, acusó el abogado.

Las internas fueron enviadas a España en contingentes de 8 a 15. Al regreso, según la denuncia, trajeron 5.000 euros cada una, dinero que debía ser entregado a los jefes del instituto.