“Dejé mi moto, me corté el pelo, medité y fue la plenitud”

La Vanguardia (España), 2.10.2017

Dennis White, Satyananda, monje y maestro de meditación

Tengo 67 años. Nací y vivo en Malibú (California). Soy monje y maestro de meditación. Soy célibe. ¿ Política? Derechos humanos, libertad individual, democracia universal y políticos honrados. ¿ Dios? Gozo en la verdad. Meditar es sencillo y propicia serenidad interior y bienestar

Es alto y afable. Le llaman hermano Satyananda, que significa “gozo en la verdad”: “¡Eso intento!”, me sonríe. Pasa por Barcelona para impartir un taller sobre su técnica de meditación, por invitación de la Asociación de Amigos Paramahansa Yogananda de Catalunya (www.yogananda-srfbarcelona.com). Satyananda es miembro de la comunidad monástica de Self-Realization Fellowship (SRF) desde hace más de 40 años, y vive y sirve en el templo de Self-Realization Fellowship Lake Shrine (California). Sus charlas son apreciadas en medio mundo, así como su magisterio como experto meditador. Me sienta en una silla, me hacer respirar hondo y me deja a solas con mi interior.

¿Qué es meditar?

Aquietar la agitación mental para que tu paz interior aflore.

¿Cómo aquieta su mente?

Me siento en un silla con la espalda recta, cierro los párpados, respiro con calma, aspiro y espiro hondamente con gozo al hacerlo, me relajo…

¿Y qué sucede?

Me siento calmado y feliz, alejado de toda angustia, estrés y depresión.

¿Desde cuándo hace esto?

Empecé hace ya más de cuarenta años, a ­mediados de los años setenta, cuando aún era un veinteañero insatisfecho.

¿Qué tipo de veinteañero?

Fui ilustrador, me gustaba…, pero no me sentía feliz. Luego estudié en una escuela de negocios, por seguir los pasos de mi padre, que era consultor empresarial.

¿Y?

Tampoco me satisfacía, sólo experimentaba alegrías pasajeras, nada pleno y perdurable. Y yo buscaba una felicidad mayor.

¿Y qué hizo?

Dejarme crecer el pelo largo e irme por ahí en mi moto, algo que mi padre deploró mucho. Y también leía…

¿Qué leía?

Libros de filosofía oriental: circulaban entre los jóvenes en la California de los setenta. Y así topé con la Autobiografía de un yogui.

¿Qué yogui?

Paramahansa Yogananda, un sabio de India nacido en 1893 cerca del Himalaya y muerto en Los Ángeles en 1952. Gandhi había sido discípulo suyo. Y fue el principal propagador del yoga en Estados Unidos, desde los años veinte, con muchos discípulos.

¿Qué sintió al leerle?

En el capítulo 14 de su libro describe su experiencia personal en la supraconciencia o conciencia cósmica. Y aquello me cautivó.

¿Qué explica Yogananda?

Que la práctica del yoga y la meditación le conducen a tal conexión interior… que su conciencia se expande sin límites, es el cosmos. Necesité comprobar si eso era verdad.

¿Y qué hizo?

Al principio seguí con mi pelo y mi moto. ­Pero algo había empezado a cambiar en mi interior, mi conciencia se expandía… Y un día… ¡sucedió!

¿El qué?

Sentí lo mismo que Yogananda había descrito en su libro: una alegría ilimitada, todos los problemas esfumados, una profunda paz, satisfacción, ¡felicidad!

¿Espontáneamente?

Sí, y duró horas. Entendí que Yoganandano fabulaba. Cuando aquella experiencia se ­diluyó, yo ya había cambiado para siempre. Medité cómo enseñaba Yogananda, ¡y volví a sentir lo mismo! Y eso marcó el camino.

¿Hacia dónde?

Dejé la moto, me corté el pelo y decidí llevar vida monástica en el templo de la Hermandad de la Autorrealización, fundado por Yogananda. Meditar me dio plenitud. Mi padre me dijo: “Si alguien ha conseguido que te cortes el pelo, ¡tiene que ser bueno!”, ja, ja…

¿Puede alcanzarse con drogas ese estado de conciencia?

Las drogas extraen imágenes del inconsciente, pero de modo inestable e incontrolable. La meditación, en cambio, te entrena en el control de acceso a la supraconciencia.

¿Cómo es su vida hoy en día?

Gestiono el templo, por el que pasa mucha gente, llevo una dieta vegetariana, medito e imparto talleres de meditación.

¿Cuánta gente sigue esta técnica meditativa?

Se llama kriya yoga, y la siguen 1,5 millones de personas en el mundo. Aprendes fácilmente a retirar la energía del exterior para concentrarla en tu interior.

¿Qué beneficios me procuraría?

Adiós a la angustia, el estrés, la depresión y el miedo, incluido el miedo a morir. Verás serenamente pensamientos y sentimientos: así serás libre para elegir. Y serás feliz.

¿Cuál ha sido su mejor experiencia como meditador?

A veces veo un globo de luz en mi entrecejo, una luz dorada y azul, que irradia, que es dulcísima, y entonces todo es paz, relajación, confianza. Una gran plenitud.

¿Quién es el mejor meditador que haya conocido?

Mi maestra, Daya Mata, discípula de Yoga­nanda. Un día nos reunimos con abogados para una cuestión inmobiliaria importante, y estábamos encallados. Ella dijo: “Meditemos”. Los abogados se miraron, burlones…

¿Y ella qué hizo?

Meditó. Vi la felicidad en su rostro, serenísimo. Al poco, abrió los ojos, y con una sonrisa tomó todas las decisiones: ¡todas correctas!

Hábleme de alguno de los muchos discípulos meditadores que ha tenido.

Pienso en un padre que discutió con su hijo, y el hijo dio un portazo, subió al coche, tuvo un accidente y murió.

Buf.

El padre no podía perdonarse. Y meditar le ayudó. Meditando sintió la presencia de su hijo, que le dijo: “Padre, todo está bien”. Sintió que no hay barrera entre vida y muerte, que podemos seguir todos conectados. Y entonces una paz infinita le colmó.