El País, 22.11.1978, Juan G. Yuste

Las autoridades de Guyana informaron ayer que el número total de cadáveres encontrados en la comuna de la secta religiosa El Templo del Pueblo asciende a 409, entre hombres, mujeres y niños. Unos cuarenta supervivientes han sido hasta ahora hallados en la selva por el Ejército, pero el número de desaparecidos, por cuya suerte se teme, oscila entre seiscientas y ochocientas personas.

En un espectáculo dantesco, los cadáveres de los seguidores del reverendo Jim Jones sembraban todo el poblado de Jonestown y muchos de ellos aparecieron abrazados entre sí, o con las manos unidas. Salvo en tres casos, las muertes se produjeron por envenenamiento. Los miembros de la secta bebieron uno a uno de un gran barreño, en el que se había mezclado un refresco con cianuro potásico. Un médico y varias enfermeras dirigieron el suicidio masivo, mientras el líder religioso predicaba la belleza de la muerte y aseguraba a sus seguidores que «nos encontraremos en otro lugar».El llamado reverendo Jones, un paranoico que en ocasiones creía ser la reencarnación de Jesucristo y en otras la de Lenin, apareció muerto de un tiro en la sien junto al altar de la iglesia del poblado. No existe certeza de que se trate de un suicidio y, según declaraciones de algún testigo que logró escapar a la masacre, muchos de los envenenados lo fueron a la fuerza, bajo la amenaza de guardianes armados que impidieron la fuga. Otros en cambio aceptaron dócilmente el veneno.

El hijo del reverendo Jones, Steven, de diecinueve años, declaró ayer en la capital de Guyana que odiaba a su padre, que éste se había convertido en un fascista y que había desacreditado el socialismo con su comportamiento. Para el hijo del fanático religioso su padre engañó a sus seguidores diciéndoles que se trataba de un nuevo «entrenamiento» para el suicidio, si milar a otros practicados regular mente por la secta, pero en esta ocasión con veneno de verdad.

Ante el horror creado en el mundo por la masacre y las preguntas sobre por qué las autoridades de Guyana permitieron el establecimiento de la comuna de El Templo del Pueblo, el Gobierno de Georgetown se ha apresurado a hacer públicas las cartas de recomendación que recibió de importantes políticos norteamericanos en favor de Jim Jones. Entre otras, destacan las misivas enviadas por Rosalynn Carter, esposa del presidente; por el vicepresidente, Walter Mondale; el ministro de Sanidad, Joseph Califano, y una docena de congresistas, entre ellos el fallecido senador Hubert Humphrey.

Patrullas militares de Guyana realizan batidas por la jungla, en busca de los restantes habitantes del poblado. Se cree que la comuna de Jonestown, llamada La Tierra Prometida por el líder religioso, llegó a tener 1.200 personas, a las que se les confiscaba el dinero y el pasaporte nada más llegar. Corren rumores sobre la posibilidad de que centenares de fieles de la secta hayan sido asesinados en la selva, pero hasta el momento no hay constancia de ello.