Excelsior (México), Magnolia Jocelyn Pacheco, 4.06.2019

Seguramente en alguna ocasión has escuchado hablar de la Cienciología, religión que profesan artistas como Tom Cruise y John Travolta, pero ¿sabes de exactamente de qué trata?

La cienciología es un conjunto de creencias y enseñanzas implementadas por la filosofía de L. Ron Hubbard, un escritor estadunidense de ficción.

Aunque estudió ingeniería en la Universidad de George Washington nunca terminó y decidió dedicarse a crear cuentos fantásticos, novelas de terror y comics.

Tras recorrer varias partes del mundo estudiando diversas religiones comenzó a creer que las enfermedades se podían curar con la mente, ideas que plasmó a principios de 1949 en ‘Dianética’, un libro en el asegura se puede vencer un mal físico ‘reactivando la mente’.

Su teoría era tan inusual que después de presentarla a distintas editoriales ninguna se animó a publicarla, así que se tuvo que conformar con publicarla en la revista Astounding Science Fiction.

Para 1950 se habían vendido más de 50 mil copias con traducciones al francés, alemán  y japonés.

En 1952 tomó valor y decidió fundar la Cienciología.

En la actualidad los involucrados deben firmar contratos de mil millones de años como símbolo de su ‘compromiso eterno con la religión’, comprometerse a rechazar —si fuera necesario— la psiquiatría y medicamentos porque ‘intervienen con el funcionamiento de la mente racional’ y someterse constantemente a ‘auditorías’, un proceso donde les realizan preguntas personales para ‘encontrar la raíz de sus traumas’.  Estas charlas son grabadas y en caso de que algún miembro quiera abandonar la Iglesia utilizan los audios para hacerlo cambiar de opinión.

Cienciología en México

Al intentar encontrar respuestas me dirigí al Macrotemplo que se ubica en la esquina de Balderas y Juárez,  un enorme edificio de paredes color arena situado entre el Palacio de Bellas y el Caballito de Reforma.

En las aceras cercanas es común ver a mujeres y hombres enfundados en trajes sastres —impecables— repartiendo a los transeúntes folletos sobre cursos de personalidad, pero ¿esto que tiene que ver con L. Ron Hubbard? Aunque no lo creas, mucho.

Al querer entrar al lugar un hombre de estatura baja me prohibió el acceso —muy amablemente— y me explicó que sólo hay dos maneras de ingresar: Ser miembro o resolver un test de personalidad gratuito —y puso énfasis en esa palabra—. Al no encontrar más opción acepté realizar el cuestionario.

El templo es una extraña mezcla entre un lujoso hotel, librería y centro de convenciones.  Al poner un pie dentro el caos del exterior desaparece. El ambiente pacífico se agradece.

Sin perder la enorme sonrisa el hombre me guió hasta un cuarto con espacios semiprivados y me dio un lápiz, goma y por supuesto, el test.

Según él, el ‘Análisis de Capacidad Oxford’ tiene un costo real de 500 dólares pero yo tenía ‘la fortuna de estar ahí en ese preciso momento’ y realizarlo gratis.

El examen consta de 200 preguntas que se responden con ‘Sí’, ‘Quizá’ y ‘No’.

Las preguntas varian, desde ¿Sonríes mucho? y ¿Es tu vida una lucha por la supervivencia? hasta ¿Aceptarías someterte a un trato estricto por parte de un líder?.

Cuando terminé y entregué el cuestionario me pidieron esperar en lo que calificaban mis resultados.

Para hacer la espera amena una señorita —con impecable sonrisa— me sentó frente a una televisión y me dijo que me pondría un video sobre ‘Dianética’ que ‘cambiaría mi manera de ver la vida’.

El video, entre otras cosas, intentaba dejar en claro que las enfermedades (incluyendo el cáncer) se pueden erradicar del cuerpo al ‘reprogramar la mente’.

Media hora después escuché que me llamaban por mi nombre.

Tus resultados son interesantes, eres una persona muy abierta, con mucho qué decir pero sin el tacto para hacerlo, eso puede traerte un sinfín de problemas en tu día a día”.

Hasta ahí todo bien. Quizá en parte los resultados no están tan alejados de la realidad. Sin embargo, la seriedad —que hasta ese momento le había dado al asunto— se vino abajo cuando me dijo:

Tienes el potencial para cambiar al mundo pero no podrás hacerlo si no cambias tu manera de pensar, por suerte para ti tenemos el curso perfecto. Se llama ‘Valores e Integridad Personal’, se realiza en sábado y tiene una duración de 15 horas. Por tan sólo 700 pesos obtendrás conocimientos con los que mejorarás tu vida. Tu tiempo compartido es la felicidad eterna”, aseguró.

En ese momento recordé el contrato de mil millones de años y lo cuestioné al respecto. Su sonrisa perfecta cambió y su expresión amable se volvió seria.

Esos son temas que se tocan al pasar varios niveles de curso, si estás interesada puedes tomar los 18 cursos respectivos para adquirir esa información”.

Se me quedó viendo esperando que sacara mi cartera y pagara el primer curso. Le dije que lo pensaría.

Comenzó a cuestionarme: ¿Qué te detiene para hacer el cambio en tu vida?”. Contesté que el dinero, que no lo traía e hizo una mueca de desagrado.

Rápidamente se levantó, me guió hacia un estante de libros, tomó uno —pesado— llamado ‘El Manual Sagrado de Scientology’ —escrito, obviamente, por L. Ron Hubbard— y me prometió que si lo leía podría evitarme varios niveles de cursos. Claro, también tenía un precio. 500 pesos.

Al enseñarle mi bolsa vacía —sin cartera— continuó explicándome los beneficios de la dianética, la felicidad y el bien de la sociedad.

Tras el recorrido, que no pasó del primer piso, las respuestas a mis dudas fueron vagas.  ¿En verdad ayudan a la gente o sólo es un negocio? Sinceramente no sé si salí con más preguntas que respuestas a como entré 2 horas antes. Lo que está claro es que día a día miles de mexicanos —para ser exactos 5 mil 500, según datos de Scientology México Centro Histórico—  viven su vida inmersos en las reglas de la organización, entre ellas la llamada ‘desconexión’, que obliga a sus fieles a separarse de sus familiares que no practican la fe.

Esto es muy parecido a intentar tratar con un criminal. Si él no está dispuesto a manejar la situación, la sociedad recurre a la única solución que queda: ‘desconecta’ al criminal de la sociedad. En otras palabras, retira al individuo de la sociedad y lo mete en la cárcel porque él no está dispuesto a manejar su problema o, de otra forma, a dejar de cometer actos criminales contra otros” – Definición de  L. Ron Hubbard

A diferencia de esta reportera, muchísimos interesados que acuden a realizar los test de personalidad terminan inscribiéndose a cursos y comprando libros para ‘ser mejores personas’.

Los libros de  L. Ron Hubbard  —como cualquier otro bestseller— crean fascinación en las personas y en poco tiempo sus preceptos se vuelven el eje de sus vidas.

Hubbard era un hombre que creía que la manera más sencilla de hacer dinero era creando una religión y… lo logró.

Te piden hasta lo que no tienes: exmiembro de la cienciología

Ayer te contamos en Excélsior Digital sobre la Cienciología y el misterio que encierra dicha religión.

Contratos de mil millones de años, auditorías mensuales y ‘desconexiones’ son cosas que en ocasiones deben realizar los miembros como símbolo de su compromiso.

Cienciología en México; contrato de mil millones de años

Querer saber más es un tanto complicado si no eres miembro, por eso decidimos hablar con un excienciólogo.

David Robledo, quien estuvo inmerso en el mundo de la cienciología entre los años 2008 y 2011, nos explicó en entrevista que el culto está dividido en 2 partes: La Dianética y religión.

No me adentré demasiado pero si los conocí lo suficiente. En mi caso, la dianética me ayudó mucho a superar problemas personales que traía en aquellos momentos, pero me alejé al darme cuenta del interés económico”, señaló.

Según su relato, los miembros de la iglesia deben ofrecer todo el tiempo cursos y venta de libros y cds para mantenerse.

Por esa razón ya no continué ahí, porque sí, al principio sí te ayudan y te regalan libros, cursos y hasta te invitan a eventos importantes, sin embargo, con el paso del tiempo todo se convierte en signo de pesos. Esa situación es por lo que generalmente la gente se retira de la cienciología. Uno acude por problemas, en ocasiones económicos y estando ahí te piden el dinero que no tienes”.

Por fortuna, David no vivió una amarga experiencia –como muchos exmiembros-  porque no se inmiscuyó tanto,  él tomó lo positivo y agradeció lo aprendido.

Sí, tienen cosas muy buenas y muy interesantes, lo malo es que a fin de cuentas es un negocio, su negocio es venderte todo lo que te puedan vender.  Aquí en México su punto fuerte son los cursos y amarrarte con test de personalidad”.

Al cuestionarlo sobre la veracidad del contrato de los mil millones de años, David dijo lo siguiente:

Para acceder a los niveles más altos de la cienciología hay que pasar por muchos niveles de cursos y como pasa en todas las religiones, una vez que entras no te quieren dejar salir ¿por qué? porque ya conoces los pros y los contras y obviamente no quieren que la gente -que no es miembro- lo sepa. El contrato de los mil millones de años es algo que la gente firma como símbolo de su compromiso eterno con la religión y por su parte, las auditorías, que no son obligatorias, es algo así, por darte una idea, como elpolígrafo, ellos saben leer tan bien a las personas que se dan cuenta si estás mintiendo o no, pero se terminan hasta donde tu quieras responder”, afirmó.

A últimos años la cienciología -que cuenta con más de 50 mil miembros alrededor del mundo- se ha puesto en el ojo del huracán por exponer cientos de casos de abusos por parte de los líderes, desde trabajo forzado hasta mantener en cautividad a los ‘rebeldes’, como lo expone el documental ‘Going Clear’.

Al preguntarle a David directamente si los miembros de la cienciología son maltratados, respondió lo siguiente:

Sí, he sabido de dichos casos de abuso pero no en México, sólo en Estados Unidos”.

Aunque miles de personas involucradas les cuesta muchísimo salir del culto, para David fue sencillo, él tomó la decisión y no tuvo problemas.

Un día tomé decisión de retirarme y ya. Sí, obviamente me insistieron y me trataron de enganchar regalándome más cursos y ofreciéndome apoyo para tratar de envolverme, ahí reafirmé que es completamente un negocio”.

De acuerdo con su testimonio, la cienciología no recibe donativos, ellos se financian con la venta.

Conforme más cursos acreditas más te involucras en la religión y por situaciones económicas yo no pude asistir a todos a los que me invitaban. Los cursos son de precio variable, comienzan en 700 pesos y van subiendo”.

A pesar de las fuertes inversiones económicas que se necesitan para ‘subir de nivel’, día a día miles de mexicanos —para ser exactos 5 mil 500, según datos de Scientology México —  viven su vida inmersos en las reglas de la organización.

Tantas personas no pueden estar equivocadas… o quizá sí.