Página 12 (Argentina), Emilio Ruchansky, 12.05.2013

Con orgullo, Siria, una empleada de la Iglesia de Cienciología, confirma lo que dice un enorme cartel en la entrada de la sede local: “Sí, sí. Estamos dando cursos sobre drogas auspiciados por el gobierno porteño, por eso son gratuitos”. El seminario comenzó el 5 de abril pasado, tiene una visión muy particular y está a cargo de Gustavo Libardi, jefe de la Iglesia de Cienciología en Argentina. Este “especialista” asegura que todas las drogas quedan acumuladas en la grasa y si uno sale a correr, al quemar las grasas, ese resto químico le vuelve a hacer efecto. Este “viaje seco”, como lo llama Libardi, “es muy común entre los adictos”, afirma en un video que adelanta los cursos y circuló por Internet. La Cienciología, a través de una organización propia, Narconon, tiene una comunidad terapéutica con métodos considerados, en otros países, fraudulentos y sin base científica, y que violan la Ley de Salud Mental y las que norman el ejercicio de la medicina.

El seminario dura seis clases, de una hora y media cada una, y se titula “La verdad sobre las drogas”. Se da los viernes a las 18, en la sede central de esta iglesia, en el edificio de Ayacucho 1050, Barrio Norte. Sobre el hall se ofertan tests de estrés, de personalidad, de aptitud e invitaciones para una película sobre la “dianética”: “La ciencia moderna de la salud mental” o “La tecnología de la curación espiritual”, basado en un libro del fundador de la Cienciología, el polémico Ronald Hubbard (ver aparte).

La filosofía del profesor Libardi sobre el consumo de drogas ilegales deriva de los manuales de Narconon, uno de los tantos subsellos de esta iglesia. En los videos se dice que “nada se sabe respecto de este tema” ni hay “datos estables”, sólo impera la “confusión” debido a un grupo poderoso que dice “ojo que las drogas no son tan malas” y deja a la sociedad en un estado de “indefensión”. El modelo hegemónico al que adhiere Libardi es el prohibicionismo absoluto. Desde esa óptica, este conferencista critica la Ley de Salud Mental porque, dice, permite que el gobierno nacional, en vez de brindar un tratamiento “costosísimo”, solo dé “más droga”.

“Cuando uno tiene datos específicos, se sale de la confusión y se empieza a tener control. Cuando hay confusión, los que tienen control son algunos otros… Esto es lo que ocurre”, agrega el jefe de la Cienciología local. Entonces aparecen los “datos”, cinco o seis, porque no se necesitan muchos más para entender el tema, según Libardi. Para comenzar, este supuesto especialista consiente una estigmatización clásica, aunque intente matizarla: “Un adicto no es un criminal, en eso estamos totalmente de acuerdo, pero termina realizando acciones criminales”.

Entre otros datos “comprobados”, este supuesto especialista dice que “uno de cada siete o de cada diez, que están en adicciones, logra entrar en un instituto de rehabilitación; el otro tema es que solo uno o uno y medio de cada diez se rehabilita. En consecuencia, prácticamente, si hacemos la cuenta, sólo el 2 por ciento se rehabilita”. La solución efectiva está en los materiales que distribuye la Cienciología, cuyo particular enfoque lograría la recuperación de “6 u 8 de cada 10” pacientes. “¿Y cuál podría ser uno de esos datos?”, pregunta y luego habla del “viaje seco”.

“Es la situación en la cual una persona que hace tiempo dejó la droga, dos o tres meses o cuatro años, y un día tiene sobre sí los mismos efectos como si se hubiera drogado”, asegura. La explicación es supuestamente fisiológica: “Si yo le hago un dosaje de sangre a una persona que no se droga, no le encuentro nada. Está bien. Pero si le hago una biopsia en la grasa corporal, aparece, porque la droga se queda fijada en la grasa corporal. Posteriormente, si esa persona sale a trotar, quemó grasas (que) pasaron al torrente sanguíneo y vuelve a tener la experiencia de sentirse drogado”.

Consultado al respecto, el jefe del área de Toxicología del Hospital Fernández responde que esa teoría es “un disparate”. Y aclara que sólo la marihuana queda alojada un tiempo en la grasa corporal, mientras que la cocaína, el LSD y el éxtasis dejan restos en la sangre, que desaparecen luego si no se sigue consumiendo. “Bajo ningún concepto esos restos pueden producir efectos. Existe algo llamado flashback, parecido a ese viaje seco del que hablan, y se dieron en casos de uso del LSD, pero no está claro el origen aún, puede que lo provoque el uso de marihuana”, comenta Carlos Damín.

Los cursos que da Libardi están coorganizados por la ONG Honrando a la Vida, encabezada por Gloria Martínez, quien pertenece a una línea conservadora de las Madres contra el Paco. Fue la misma que planteó, en julio del año pasado durante los plenarios de Comisiones del Congreso, donde se analizó la despenalización de la tenencia de droga para uso personal: “Un adicto al paco no tiene libertad de elección, por eso no puede ser considerado un sujeto de derecho como la hace la Ley de Salud Mental”. En aquel entonces, Martínez asistió acompañada por el diputado del Peronismo Federal Eduardo Amadeo.

“Gloria es una persona de modos muy violentos. Siempre anda con Javier Rodríguez, un periodista que trabaja para la Cienciología y que también es agresivo con los que piensan distinto. Son parte del lobby en contra de la despenalización y de apoyo a las comunidades terapéuticas, que nosotras auditamos y denunciamos. En algún momento se le ofreció a ella y otras madres del paco que auditaran junto a la Sedronar (la Secretaría de drogas del Poder Ejecutivo) y se negaron”, comenta otra referente de Madres del Paco, quien pidió reserva de identidad para evitar “más peleas con Gloria”.

En el mismo video de adelanto del curso, Martínez agradece al gobierno porteño por haber “aceptado el proyecto” del seminario. Página/12 consultó a la Dirección de Fortalecimiento de la Sociedad Civil y a un área dedicada a las adicciones, donde no negaron ni confirmaron este auspicio. “No se brinda ese tipo de información por lo general”, contestaron en la segunda repartición. Ambas dependen del Ministerio de Desarrollo Social porteño, donde pidieron tiempo para averiguar y no volvieron a contestar.

La relación del macrismo con el new age religioso es conocida: ya auspiciaron a Luis Palau y a Sri Sri Ravi Shankar y, al parecer, sumaron a la Cienciología sin ruborizarse, luego de colgar banderas vaticanas desde el edificio del gobierno porteño y el Obelisco. Por cierto, Libardi y Martínez hacen gala de una foto con María Eugenia Vidal, vicejefa de Gobierno, durante los plenarios en el Congreso por la despenalización. Entonces, también se reunieron con la diputada evangelista Cynthia Hotton y su colega Elisa Carrió.

Además de los cursos, la Cienciología tiene una comunidad terapéutica, bajo el subsello de Narconon. Allí atiende el teléfono Angel Antúnez. Dice que tiene una sola paciente judicializada, que el tratamiento puede durar entre 4 y 6 meses, que es a puertas cerradas y las visitas se permiten los fines de semana, y por la noche se puede llamar a los pacientes. ¿Y si no se quiere internar el paciente? “Bueno, se lo puede traer a una consulta y queda acá. Después traés una muda de ropa. Tenemos personal para retenerlo, si se resiste”, afirma.

Una semana después, atiende alguien que dice llamarse Pablo y parece más informado: niega que alguien pueda ser internado contra su voluntad porque viola los principios de la Ley de Salud Mental. Sin embargo, confirma otros dichos de Antúnez: el tratamiento cuesta alrededor de 10 mil pesos mensuales, incluye alojamiento, comida y desintoxicación sin medicamentos: el período de abstinencia se trata con vitaminas. “Es un sistema educativo, no tenemos psicólogos. No suministramos drogas porque después se hacen adictos a esas drogas”, informa Pablo. No aceptan obras sociales ni prepagas.

El lugar queda en la localidad bonaerense de San Isidro, en Del Barco Centenera 984. En la página de Facebook se informa que el tratamiento se basa en “un acercamiento holístico-natural a este problema” y se promete “absoluta reserva”. En la web oficial, www.narconon.org, se afirma que la efectividad del programa es del 86,5 por ciento, lo que viola la ley de ejercicio de la medicina, que prohíbe “anunciar falsos éxitos terapéuticos”, según analiza el autor de la ley de salud mental, Leonardo Gorbacz, quien hace otras observaciones respecto de la “oferta” de la institución.

“Se menciona que se trata de un programa educativo, se habla de ‘estudiantes’ y no de pacientes, pero también en la página de presentación hablan de Programa de Tratamiento. La ley de salud mental en su artículo cuatro dice que las personas con uso problemático de drogas, legales e ilegales, tienen todos los derechos y garantías que se establecen en la presente ley en su relación con los servicios de salud. Esto significa que para la legislación argentina las adicciones son un tema centralmente de salud, y por lo tanto no puede haber una oferta de tratamiento ‘educativo’ de las adicciones, salvo que sea complementario. Sin embargo, ofrecen internación y desintoxicación”, dice Gorbacz.

El especialista afirma que es “grave” que Narconon afirme que no tiene un equipo interdisciplinario, más allá de los “educadores”, y advierte que prescindir de medicamentos como norma tampoco es correcto, como no sería correcto partir de la norma de que todos deben ser medicados. “Hay pacientes que pueden necesitarlos y otros no, y no se puede presumir de antemano que ninguno los necesita”, explica. Y agrega que los usuarios problemáticos tienen derecho a recibir una atención basada en fundamentos científicos ajustados a principios éticos.

“La única forma de establecer si eso se cumple es que el lugar tenga una habilitación sanitaria que evalúe su plan terapéutico”, afirma Gorbacz. La sola afirmación de que los “estudiantes” recibirán vitaminas porque tanto el alcohol como las drogas ilegales hacen que el usuario las pierda también fue considerada como un “disparate” por el toxicólogo Damín. “El organismo no pierde nunca vitaminas excepto en graves enfermedades del riñón no originadas en consumo de sustancias o porque están en exceso y el organismo las elimina”, asegura este médico.