Diario Sur (España), Oskar L. Belategui, 30.12.2012

La Fiscalía belga acaba de acusar a la Iglesia de la Cienciología de ser una organización criminal sospechosa de fraude, extorsión, práctica ilegal de la medicina y violación de la privacidad. La organización estadounidense, que tiene en Bruselas su sede europea, fue condenada en Francia por estafa. En España sufrió en 1988 el arresto de 71 de sus miembros por un delito de asociación ilícita y coacciones. Sin embargo, en 2007 la Audiencia Nacional reconoció su derecho a figurar en el registro de asociaciones religiosas del Ministerio de Justicia. El cienciólogo más famoso del mundo, Tom Cruise, inauguró hace ocho años la sede central en Madrid, un edificio a dos calles del Congreso de los Diputados cuya adquisición y rehabilitación costó 12 millones de euros.

Cruise es un buen amigo del director Paul Thomas Anderson, que en ‘Magnolia’ brindó al actor uno de los mejores papeles de su carrera, saldada con su última nominación al Oscar hasta la fecha. Anderson reconoce que Cruise ha visto ‘The Master’, pero no especifica qué le ha parecido. «Le pedí que la viera. Seguimos siendo amigos, el resto queda entre nosotros», zanjó en la rueda de prensa del Festival de Venecia. En la última obra maestra del autor de ‘Boogie Nights’ no se dice el término Cienciología en ningún momento: la secta del iluminado Lancaster Dodd encarnado por Philip Seymour Hoffman se llama La Causa. Claro que en ‘El padrino’ de Coppola tampoco se escucha la palabra ‘mafia’ en ningún momento.

‘The Master’, en los cines españoles desde el próximo viernes, ha roto el tabú por el que Hollywood no abordaba el funcionamiento de una organización trufada de celebridades que parece vivir malos tiempos. La pérdida drástica de fieles se atribuye a Internet, que ha desvelado muchos de sus misterios y revelado confesiones de seguidores que se salieron. El divorcio de Tom Cruise, con Katie Holmes huyendo del hogar como si fuera Mia Farrow en ‘La semilla del diablo’, ha sido la gota que ha colmado el vaso.

La primera vez que vemos a Lancaster Dodd en ‘The Master’ aparece como anfitrión de una fiesta en un barco que navega por la bahía de San Francisco. A mediados de los 60, el fundador de la Cienciología, L. Ron Hubbard, también impartía su labor espiritual en alta mar a bordo de yates como el ‘Freewinds’ y el ‘Apollo’, con una pulcra e inquietante tripulación formada por adolescentes que habían firmado un contrato por mil millones de años. Y es que el autor del best-seller ‘Dianética: la ciencia moderna de la salud mental’ no contemplaba la muerte en sentido físico. Las dolencias se sanan con técnicas de curación espiritual, el origen de nuestros males proviene de una civilización extraterrestre y la psiquiatría es el demonio.

‘The Master’ no es un filme de denuncia de la Cienciología ‘stricto sensu’, aunque revele los mecanismos que pueden llevar a alguien a ingresar en una secta. El personaje de Joaquin Phoenix ha quedado tan tocado tras servir en la Marina durante la II Guerra Mundial que su incorporación a la vida civil parece imposible. Se mueve por impulsos primitivos -beber, comer, fornicar- y alberga tanta violencia que explota a la menor ocasión. ¿Qué ve en este desecho humano el carismático líder de La Causa? ¿Por qué le acoge en una organización en plena expansión? Sus tácticas pasan por rodearse de gente rica y recurrir a la hipnosis y a supercherías psicológicas para ‘sanar’ a débiles de espíritu. Sin embargo, Lancaster Dodd también es un hombre con problemas. El mayor de todos, su mujer (Amy Adams), el personaje más escalofriante de la cinta, una Lady Macbeth capaz de masturbarle a modo de adoctrinamiento-alivio en una escena inolvidable.

Rodaje en 70 mm.

Pocas veces una película contiene un duelo actoral como el que mantienen Phoenix y Seymour Hoffman en ‘The Master’, León de Plata a la mejor dirección y premio de interpretación para ambos actores en la Mostra de Venecia. Duele contemplar a Phoenix -encorvado, doliente, siempre a punto de explotar como un animal encerrado-, quien en una secuencia electrizante destroza una celda a patadas con tal verismo que temes por la integridad física del actor. El siempre fascinante Seymour Hoffman, actor fetiche de Anderson, también tiene asegurada la candidatura al Oscar.

«Tras la II Guerra Mundial, surgió un nuevo tejido de familia en Estados Unidos: el de las facciones espirituales y las nuevas religiones establecidas, del ascetismo oriental a la Dianética», explica el director. «La gente miraba hacia el futuro con optimismo, pero al mismo tiempo tenía que lidiar con el dolor y la muerte, tan recientes. Mi padre se alistó en la Marina durante la guerra. Y estuvo inquieto toda su vida».

Paul Thomas Anderson mostró a Joaquin Phoenix un documental de John Huston rodado en 1946 con soldados afectados de estrés postraumático. A la hora de recrear la América de los años 50 optó por rodar en celuloide de 70 milímetros, un formato que obliga a usar enormes y ruidosas cámaras y que no se empleaba en una gran producción desde el ‘Hamlet’ de Kenneth Branagh en 1996. «Filmé en 70 mm. porque me pareció que se adecuaba muy bien al amplio perfil de la historia. Quería que la película tuviera un aspecto muy fiel a la época, con los tonos vibrantes y las texturas de los clásicos de los años 50 como ‘Vértigo’ y ‘Con la muerte en los talones’».

La película del año

El fundador de La Causa se define en el filme como «escritor, médico y físico nuclear». Lafayette Ronald Hubbard también escribió decenas de novelas pulp antes de establecer su base doctrinal en ‘Dianética’ (1950). «Hubbard era un hombre lleno de vida y de energía, que escribió un montón de libros y que evidentemente tenía muchísimas ideas y me atrevería a añadir que mucha compasión», reconoce Anderson. «Pero no puedo especular mucho respecto a él, en último término no es mas que un punto de partida».

Clásica y moderna, épica e intimista al mismo tiempo, ‘The Master’ ha puesto de acuerdo a algunos de los críticos más reputados de todo el mundo. El ‘Village Voice’, ‘Sight & Sound’ o el diario británico ‘The Guardian’ lo tienen claro: es la mejor película del año.