Proceso (México), Juan P. Proal, 4.05.2012

La peligrosísima Cienciología, secta especializada en manipulación psicológica, infiltró al exclusivo Club de Golf Chapultepec. La organización se incrustó hasta la más profunda de las entrañas de la empresa, sin que sus socios lo olfateen.

Vicente Villa San Martín. Este es el nombre clave del cerebro que orquestó el secuestro del Club de Golf Chapultepec a manos de la Dianética. Este miembro activo de la secta es el actual gerente general de la asociación privada y quien lleva las riendas administrativas del centro de esparcimiento social.

Antes de seguir, es imprescindible dimensionar el peligro que advierto en este artículo. La Cienciología es una secta fundada en 1952 por el escritor de ciencia ficción estadunidense Ronald Hubbard. Es un rito que utiliza las peores estrategias de manipulación social para acrecentar su poder. En Francia fue multada con 600 mil euros por estafa; en Rusia el Consejo Religioso del Distrito Autónomo de Janti-Mansi prohibió los materiales del grupo por ser extremistas. El gobierno alemán la calificó de “muy peligrosa y con tendencia autoritaria”. Abundan libros, documentales e investigaciones periodísticas en todo el mundo sobre las violaciones a la ley cometidas por este grupo radical.

En México hay casos documentados de violación a menores de edad, trata de personas, explotación laboral, separación de familias y persecución de disidencia (Proceso 1846). Lo más alarmante es que, aun con estas referencias, la secta tramitó por segunda ocasión su registro como religión ante la Secretaría de Gobernación.

En el otro ángulo, el Club de Golf Chapultepec es el más poderoso y antiguo de México. Se trata de una sociedad anónima controlada por 650 miembros. Tiene 70 hectáreas, 18 hoyos para jugar golf, instalaciones de tenis, squash, gimnasia y natación. Tan sólo el precio de un juego entre semana para los invitados de los socios es de mil 650 pesos (revista Explorando México). Y, lo más importante, los accionistas del club son los empresarios más poderosos del país; ahí conviven, hablan de negocios y toman decisiones que inciden en el resto de la sociedad.

Los socios permanecen tan ocupados en sus grandes inversiones que rara vez ponen atención al manejo administrativo del club. Sólo que los trabajadores sí resienten que su lugar de trabajo se haya transformado en un recinto para emular la ideología de Ronald Hubbard (basada, entre otras muchas supersticiones, en una teoría de conspiración extraterrestre).

Rosa Laura Espinoza Velázquez, exrecepcionista del club despedida por oponerse a la infiltración de la secta, me llamó para denunciar la cárcel en que se convirtió su antiguo lugar de trabajo. A su voz se sumó Sigifredo García Durán, actual jefe de seguridad, así como un grupo de empleados que, por temor a perder su trabajo, ofrecieron su testimonio bajo la condición del anonimato.

De acuerdo con el testimonio de los trabajadores, Vicente Villa San Martín logró que toda la estructura administrativa (bajo sus órdenes) se convirtiera al culto. Y no sólo eso, obliga al resto de los empleados a asistir a los cursos de la secta, una vía para adoctrinar a los laicos en su religión.

Los costosísimos cursos (exmiembros de la secta denunciaron que gastaron más de medio millón de pesos en los talleres) son desviados por Villa San Martín del dinero de los socios a las arcas de la Cienciología. Es decir, los empleados no pagan un centavo, sino los accionistas. Además, Gerardo Villa, hermano del gerente, es el proveedor del material didáctico y quien contacta a los conferencistas.

Los empleados son obligados a dejar sus labores rutinarias para asistir a la casa número once del club, donde los miembros del culto imparten doctrina. Además, Vicente Villa contrató a miembros de la secta para auditar (una confesión con detector de mentiras) a los empleados; con esta medida, el gerente se anticipa a posibles traiciones y mantiene un control absoluto sobre los trabajadores. Además, mandó comprar cámaras de video para grabar todo lo que ocurre en el club. El jefe de seguridad sabe de casos de socios extorsionados a partir de imágenes obtenidas con dicho material electrónico.

Lo que ocurre en el Club de Golf Chapultepec no es un caso aislado dentro de una empresa privada. Por el contrario, la Cienciología ha logrado infiltrarse en el sistema de educación pública mediante la repartición de supuestos libros de texto en el estado de Puebla (Proceso 1822). También logró colar su ideología en cursos impartidos a personal de la Lotería Nacional y la Administración Federal de Servicios Educativos (Proceso 1822).

La Cienciología utiliza organismos fachada para allegarse de más simpatizantes. Son los casos de las asociaciones: Entiende Más Logra Más, WISE, Narconon, Fundación Latinoamericana El Camino a la Felicidad y Soluciones Efectivas Empresariales.

La secta utiliza a sus líderes para controlar empresas, asociaciones y estructuras gubernamentales. Es por eso que la denuncia de los empleados del Club de Golf Chapultepec cobra una relevancia de primer orden; este caso también ilustra cómo los grupos radicales y fanáticos de distintos credos religiosos ejercen sus técnicas de control en centros públicos, escuelas y todo tipo de compañías.

Actualmente la Secretaría de Gobernación analiza si aprueba la inscripción de la Cienciología como religión. Por el bien del país, el gobierno está obligado no sólo a rechazar la solicitud, sino a investigar todas las denuncias y quejas que han hecho públicas sus exmiembros, así como castigar a los responsables. De lo contrario, la administración federal mandaría un mensaje desolador: aprobamos y promovemos que cualquier culto esclavice a un ciudadano mexicano.

P.D. Invitación: este sábado a las 19:30 horas se celebrará una protesta en el Ángel de la Independencia por los periodistas asesinados durante el sexenio de Felipe Calderón.

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