Público, Daniel Ayllón, 9.10.2007

Altair y Leila tienen 10 y 11 años y nunca han ido al colegio. Tampoco les ha visto jamás un médico y apenas comen carne. Viven en una comunidad llamada Amor y Vida con cuatro adultos y decenas de personas que llegan cada fin de semana en busca de la naturaleza. La responsable del grupo es su madre, Nuria, aunque su nombre místico es Sibila. Entre los visitantes se comenta que puede levitar.

Ella cuenta que ha pasado 21 días de ayuno de comida con sólo unos zumos diluidos en agua e invita a las visitas a hacerlo. También receta remedios a sus fieles sin titulación médica. Cobra tres horas de trabajo físico diario, 5 euros como mínimo y “la voluntad” a todos los visitantes que recibe su comunidad.

Viven en el valle Pino de los Condes, en Ávila, entre los pinares que rodean el río Cofio. Celebran fiestas con otras comunidades cercanas entre las que está la secta Hare Krishna. Varios ex miembros de la comunidad señalan que sobre Nuria pesan dos denuncias por explotación de inmigrantes y por emitir recibos falsos en nombre del grupo hindú Sant Mat, del que forman parte, pero la Guardia Civil sólo confirma una de ellas. Sant Mat tiene 3 millones de adeptos en la India y unos 1.000 en España.

Proclama la “meditación en luz y sonido” y según el psicólogo Miguel Perlado, de Atención e Investigación de Socioadicciones (AIS), “es una secta porque tiende a anular al individuo, con una fuerte dependencia existencial y liderazgo autoritario. Sus prácticas con críos son preocupantes”.

Estas comunidades “no molestan a nadie”, dice Pilar Ochando (PSOE), alcaldesa de Hoyo de Pinares, término municipal al que pertenece el valle. “Incluso Nuria ha cooperado en las fiestas del pueblo. No son problemáticos”, asegura. Pero la presencia de niños ya ha puesto en alerta a los servicios sociales de la zona, que han acudido escoltados por la Policía.

Segundas generaciones

“En los últimos años, hemos registrado un aumento de casos de segundas generaciones en las sectas”, cuenta el psicólogo de AIS. “Son menores que nacen o crecen dentro de las propias organizaciones” y a los que se adoctrina con sus dogmas y teorías. Perlado explica que la secta Sant Mat está extendida por toda Europa, pero el país donde tiene más influencia es Alemania: “Varios vídeos muestran a niños meditando con los ojos vendados y los oídos tapados durante tres o cuatro horas”.

Perlado aclara que en estas comunidades consideran a los niños más puros si han nacido en ellas. En su asociación de Barcelona han atendido casos de este mismo grupo en los que estaban involucrados menores: “Eran padres divorciados y uno de ellos se metía en la comunidad con los niños. El otro venía a pedirnos ayuda”.

Nuria anda descalza por la montaña orgullosa de haber aprobado las visitas de los inspectores de Asuntos Sociales de Castilla y León. Con unas decenas de libros, una pequeña pizarra y sin ninguna titulación. “Yo les puedo educar sola. Somos un equipo en unidad y los tres sabemos lo mismo”, explica Nuria en un e-mail enviado.

Un ex miembro de Amor y Vida, Antonio (nombre ficticio), se lamenta por los niños: “Es una pena que no tengan contacto con otros críos, salvo los fines de semana que tiene la custodia el padre. Están aprendiendo matemáticas con la lista de la compra y geografía con un pequeño atlas”.

Práctica ilegal

En el Ministerio de Educación explican que esta práctica es ilegal en España porque “los padres tienen la obligación de escolarizar a sus hijos hasta los 16 años”. No cumplirlo puede suponer la pérdida de custodia y penas de prisión, como pasó en Santander, donde dos padres fueron condenados a tres meses de cárcel por fomentar el absentismo de sus hijos. Nuria lo justificó ante Público por teléfono: “La Constitución obliga a educar y no a escolarizar. Mis hijos están bien educados”.

Loreto, la trabajadora social que visitó la finca hace tiempo, cree que “será difícil que le quiten la custodia de los niños. Es muy activa con ellos. Ya he informado a la Fiscalía del Menor”. La alcaldesa destaca que el informe es bueno y que incluso saben más que otros menores del pueblo.

El líder espiritual de Sant Mat es el indio Sant Baljit Singh. La imagen de este gurú hindú preside las casas de la comunidad, el centro de reunión, el de meditación y hasta los recibos que emiten para justificar algunos donativos, según comprobó Público.

Su doctrina exige que cumplan normas básicas como no matar animales, comer sólo vegetales crudos y meditar. Si se cumplen, en las ocho hectáreas de la finca pueden vivir adeptos de cualquier religión en una de sus seis infraviviendas sin aseos, o en tiendas de campaña entre pinos. “Nos hemos reunido hasta 100”, cuenta Andrés, que lleva allí dos años y a pesar de sus 40 parece un anciano. “Tuvo tifus, fue toxicómano y pasó por la cárcel”, explica Antonio.

En Amor y Vida, Nuria ofrece una convivencia “vegetariana, bioecológica y de armonía con la Naturaleza, la Luz y su interior”. Luego cercan a sus animales con vallas electrificadas o usan sierras con motor de gasolina para cortar la madera. “Es obligatorio trabajar para la comunidad construyendo casas y vallas, alimentando a las ovejas, las ocas o lo que haga falta”, advierte Nuria a un nuevo visitante. La misión encomendada para ese día: llevar hasta la finca a una yegua salvaje atrayéndola con zanahorias.

Por la mañana, practican la meditación “en luz y sonido”: concentran su atención en un objeto y repiten cinco frases mágicas secretas durante 3 ó 4 horas. Entre los miembros se rumorea que Sibila, el nombre místico de Nuria, es capaz de crear dinero de la nada, aunque esto último lo tiene prohibido por el maestro. También anima a la gente a ayunar “para enseñar a su cuerpo que no necesita cosas exteriores”, asegura Nuria.

Florencio dejó en su última visita “mucho más de los cinco euros que piden”, según dice. Es gallego y no era la primera vez que visitaba Amor y Vida. “Últimamente me han dado varios golpes en el ojo derecho y veo borroso”, le explica a Nuria. La mujer apunta en una servilleta de papel la receta sin mirarle a la cara: “Eso son hongos. Toma harina de arcilla diluida en agua cada dos horas”.

La líder también “acompaña” partos naturales. “Le dijo a una vecina que podía ayudarle a dar a luz”, asegura Antonio. Recuerda que fue peligroso: “Estuvo cinco días sin dilatar, se la tuvieron que llevar al hospital porque se le puso la cara marrón”.

Misticismo al atardecer

Al final de la tarde, llega la reunión. Después de la jornada de trabajo para levantar el nuevo vallado, 17 miembros se reunen en el centro de la finca para intercambiar contactos y hablar sobre la luz interior y la meditación.

Nuria reparte cuchillos, ralladores y hortalizas para la cena y explica: “Cantamos una canción de amor mientras preparamos la comida para que los alimentos se llenen del amor, que luego se trasmite al comerlos”. Según la Guardia Civil, no existe un registro oficial de sectas en España porque forman parte del listado de asociaciones ilícitas u organizaciones delictivas. Pero las fuentes no oficiales hablan de entre 1.000 y 10.000. Según AIS, afecta ya al 0,8% de los españoles (300.000 personas).

Pepe Rodríguez es escritor y lleva más de 30 años estudiando el fenómeno. Dice que es imposible calcular cuántas hay: “2.000, 3.000, 4.000 o hasta 10.000. No se puede saber porque han proliferado las pequeñas, de menos de 15 miembros”, las más difíciles de localizar. “Son las más peligrosas porque ejercen más presión sobre el individuo. El problema es que hoy en día se educa a individuos con carencias afectivas y de madurez y son presa fácil”, concluye.

Miedo a la Policía

Hace unas semanas, entre las 17 personas que se reunieron en Amor y Vida había dos alemanes. “Staff de la organización”, decían. El domingo partieron con Nuria hacia un pueblo de Alicante. En Levante la secta tiene su sede en España. En 2005, 21 de sus 28 coordinadores vivían en Alicante, Málaga, Valencia e Ibiza, según una lista facilitada por un ex adepto.

Antes de partir, dejaron a Andrés al frente de la finca: “Si viene la Policía muéstrate firme. Cuidado. Que no entren sin una orden judicial”, señalaba Wolf, uno de los alemanes. Tras su marcha, Andrés explica apenado: “Nuria ha tenido problemas legales con el anterior dueño de la finca y le conviene estar alejada un tiempo de aquí. Echaré de menos a los niños”.