Interviú (España), Víctor Lloret, Roger Pascual y Cristina Rubio, 8.07.2002

Según su carné de identidad, se llamaba José Riu, y sus amigos le llamaban Tito, pero, a la vuelta de un viaje por la India se convirtió en lama budista y se hizo llamar Jamyang Tashi Dorje. Ahora, ataviado como un monje tibetano, dirige un monasterio en Cataluña que cobra entrada, menú y cama a los turistas y litiga contra un restaurante que le hace la competencia.

En el municio de Olivella, en la comarca del Garraf (Barcelona), tras las puertas del Palau Novella se escuchan los ecos de una ceremonia religiosa. El Palau acoge un monasterio budista muy conocido en Cataluña, el Sakya Tashi Ling, atendido por monjes con el hábito amarillo y encarnado de los tibertanos que enseñan a unos 30.000 turistas al año un museo de arte budista. Insólito contraste: un edificio modernista del siglo XIX, redecorado con banderolas, campanillas y cúpulas doradas. Pero cuando se cruza el umbral del Palau, la magia desaparece: los cantos, lejos de ser una plegaria de los residentes, provienen de un viejo aparato de megafonía.

Hace diecisiete años, José Riu (Barcelona, 1951) tenía un pequeño negocio de imposición de manos en Sabadell. Los que creían en él acudían a su consulta para que les curara con sus manos. En un viaje a India, José -o Tito, como todos le llamaban por entonces-  descubrió el budismo. En 1993, Tito empezó a difundir entre un pequeño grupo de allegados que el Dalái-Lama le había encomendado la misión de crear un centro budista. Tito solía sustentar esta afirmación con una fotografía en la que aparecía el representante del gobierno tibetano en el exilio firmando en el Lam Rim, el libro sagrado del Budismo tibetano. El santón barcelonés aseguraba que recogía el instante en que Su Santidad autorizaba la creación del centro. El juego tuvo su efecto: acababa de nacer la comunidad Tashi Ling.

Reconocida como entidad religiosa el 24 de enero de 1994 bajo el número 344-SG en los archivos del Estado, esta comunidad llegó a acoger con el tiempo a 70 miembros. La dirección espiritual corría a cargo de un lama de Tolousse (Francia) que los visitaba dos veces al año, pero falleció. Tito se quedó solo en el liderazgo. Según relata una mujer catalana que vivió más de cerca los primeros pasos de aquella comunidad, ya existía en el grupo un alto grado de centralización informativa y un interés “descarado” del líder por conocer el estado de salud económica de sus acólitos.

Esta obsesión acabó de madurar cuando, en el año 96, Tito volvió de un nuevo viaje a la India haciéndose llamar Jamyang Tashi Dorje y vestido con el hábito de lama. El principal obstáculo para su proyecto de fundar un monasterio en Cataluña  la financiación, se superó rápidamente. Según relata una antigua seguidora, Tashi Dorje vendió su casa-consulta de Sabadell a uno de los miembros del grupo -tasándola él con independencia de los peritajes realizados- e invitó a dos de sus futuros residentes a vender también sus pertenencias. Bajo promesa de retornar el dinero en el plazo de un año, consiguió que de algunos empresarios sabadellenses surgiera prácticamente la mitad del capital necesario para la compra del Palau Novella. Con la ayuda de una hipoteca de la Caixa de Pensions de Castelldefels, compró el palacio a la sociedad de capital francés Valderreis, S.A., por  77 millones de pesetas en octubre de 1996. Tanto el monasterio como la comunidad estarían bajo el linaje Sakya, una de les cuatro escuelas del budismo tibetano, para lo cual disolvieron el grupo Tashi Ling, que, en teoría, seguía el linaje Gelupa, convenciendo a sus miembros de que se adaptaran a esta nueva corriente. La nueva comunidad se registró en los archivos del Ministerio de Justicia como Sakya Tashi Ling, con el número 273-SG. La compra del Palau sería una de las últimas acciones que se ejercieron baja el nombre de la extinta Tashi Ling.

Un paraíso muy terrenal

Desde el primer momento, la convivencia con los vecinos fue difícil. En pleno mes de junio (cuando ya estaban instalados en el monasterio pese a que, legalmente, no se firmaría el contrato de venta hasta tres meses más tarde), dejaron sin agua durante 15 días a toda una urbanización, la que circunda todo el Palau Novella, al negarse a permitir el uso vecinal del pozo situado en su propiedad, práctica que se había venido realizando desde la construcción del palacio. Con una actitud poco budista, intentaron forzar un acuerdo económico, exigiendo que se les comprara el pozo o se les ofreciera dinero para la compra de otra bomba de agua.

Desde entonces, la polémica no dejó de sobrevolar el Palau Novella. Tras mantener fuertes discrepancias con Valderreis S.A., que es propietaria de un restaurante colindante al monasterio, una oportuna denuncia al Departamento de Sanidad de la Generalitat de Cataluña forzó la clausura del local en marzo de 1998 por no cumplir los requisitos mínimos. El propio Tito, en conversación con Interviú, no niega que ha intentado comprar en varias ocasiones el local, pero, al adjudicar el Ayuntamiento una licencia de obras a la empresa francesa -hecho que presupone la consiguiente licencia de actividades-, el local sigue tasado a precio de restaurante, en 721.000 euros. A ese precio, a Riu no le interesa.

La comunidad Sakya Tashi Ling decidió presentar en septiembre de 2001 un recurso contencioso-administrativo contra el poder público de Olivella, sustentado en que si el local no reunía las condiciones mínimas para tener una licencia de actividades, no debería disponer de licencia de obras. Pese a sus quejas, el juzgado  decidió archivar la demanda a mediados de marzo. El mismo cauce siguió una denuncia que la comunidad Tashi Ling formuló contra Valderreis S.A., desestimada en abril el juzgado de primera instancia de Vilanova i la Geltrú (Barcelona), que recogió en su fallo que la comunidad se había “extralimitado en su actuación más allá de la presuposición de la buena fe” incurriendo en un “abuso de derecho”.

La polémica ha resurgido en las últimas semanas debido a la posible reapertura del restaurante. Y es que, más allá del estorbo que pudiera suponer para la tranquilidad y religiosa concentración de los monjes, este hecho obstaculizaría los planes de Tito, ya que la mayoría de los 30.000 visitantes que anualmente se acercan al Museo de Arte Tibetano de la Plana Novella, instalado en el Palau -y que pagan religiosamente cuatro euros por la entrada-, acostumbran a quedarse a comer en el monasterio -con un menú de 7 euros, tan malo como escaso- , igual que hacen los que se hospedan en el centro -bajo una módica pensión completa de 35 euros- durante los cursos de fin de semana que organiza la comunidad. Preguntado por Interviú, Tito afirma que había una cláusula en el contrato de compra-venta que suscribió con Valderreis, S.A. por la que la sociedad se comprometía a renunciar a las actividades del restaurante, pero ese compromiso no figura en el acuerdo plasmado ante notario el 27 de octubre de 1996 entre la comunidad budista y Valderreis.

Los turistas que acuden hasta Olivella van sobre todo por visitas el museo budista que Tito ha instalado en el Palau. La comunidad budista de Olivella no tiene inscrito el museo en el registro del Departament de Cultura de la Generalitat y de no dispone de licencia de actividades. Además, por todos los servicios y objetos a la venta dicen los monjes que cobran donativos voluntarios, pese a tener  un precio fijado, entre 10 y 150 euros -banderas de oración, estatuillas, postales, camisetas-  y, por tanto, deberían de estar sujetos al Impuesto de Actividades Económicas-. Lejos de derivar el porcentaje estipulado por ley al municipio de Olivella, estas ganancias, que ayudan a cubrir el peso de una hipoteca de 4.207 euros mensuales, pasan directamente al bolsillo del grupo y su líder.

Manipulación

Tashi, un joven tibetano recibió, a principios de año, una carta de invitación para abandonar India –donde estaba exiliado- e ir a trabajar a Palau Novella como traductor. Hoy cuenta que durante seis meses se sometió a una jornada laboral de nueve horas y seis días a la semana a cambio de 240 euros mensuales, sin contrato y sin más contrapartida que la promesa de encargarse de arreglar su visado, válido sólo por tres meses. A mediados de 2001 este joven decidió abandonar el centro, no tanto por la precariedad laboral sino por la moral: “Eso no era un verdadero monasterio ya que el clima que se respiraba no era de espiritualidad”. Tashi no vacila al asegurar que Tito “les lavaba el cerebro” y que utilizaba “la coacción para evitar que la gente se marchara”.

La visión descarnada de esta realidad ha hecho que muchas personas abandonaran todo vínculo con Sakya Tashi Ling por su componente persuasivo. El psicólogo especializado en sectas y grupos manipulativos, Miguel Perlado, miembro de una asociación catalana especializada, que ha estado en contacto con exadeptos y familiares de miembros del centro, afirma que en la comunidad del Garraf confluyen un serie de rasgos característicos de los grupos de manipulación: control de la información, pérdida de la capacidad crítica de sus seguidores, ruptura de los lazos afectivos previos y coerción psicológica.

“Los humanos somos sectarios por naturaleza y Tito se ha aprovechado de esto y de la buena voluntad de las personas que como yo sólo querían ayudar a los demás”, sentencia una antigua creyente en les capacidades mesiánicas de José Riu. Para ella Tito es “un gran estratega” que sólo utiliza el budismo “como tapadera”.

Pese a su liderazgo, tras unos primeros años con bastante éxito de convocatoria, el centro se ha ido vaciando. Hoy sólo tiene 19 miembros -nueve de ellos residentes-, pese a que Tashi Dorje afirma que el número total roza la treintena. Muchos han abandonado Sakya Tashi Ling porque no se sentían cómodos bajo la omnipresencia de Tito y su obsesión por evitar disensiones.

Desde su suntuosa estancia del Palau Novella, Tito niega a Interviú la mayor parte de estas imputaciones. “Nunca hemos tenido ningún tibetano trabajando para nosotros”, asegura imperturbable. También niega que hayan cambiado del linaje Gelupa al Sakya: según explica en su página web, el cambio de registro se debió a una “reacondicionamiento interno” de los archivos estatales.

Desde la fundación de Sakya Tashi Ling, Jamyang Tashi Dorje ha creado otros centros en Santa Coloma de Gramenet, Miami, Bolivia y Castellón. En todos ha conseguido inculcar a sus discípulos la idea de que su figura tiene que estar por encima de todo, algo que expresan de una forma peculiar en el argot interno los acólitos: como recoge el proyecto a corto plazo del centro castellonense, su objetivo es “la generación de las condiciones necesarias para que el lama pueda venir, puntualmente, a dar enseñanzas”.