RAMÓN LOBO – El País, Kampala – 25/03/2000

La policía ugandesa ha descubierto la existencia de al menos otros 153 cadáveres de presuntos miembros de la secta milenarista de la Restauración de los Diez Mandamientos de Dios en la localidad de Buhunga, a unos 60 kilómetros de Kanungu, la aldea donde el 17 de marzo cerca de 500 personas perdieron la vida entre las llamas en un supuesto suicidio colectivo. Este segundo hallazgo, en otra de las instalaciones de la secta dirigida por Joseph Kibweetere, de 68 años, y Caledonia Mwerinde, de 45, refuerza la tesis de un asesinato en masa que, en las últimas horas, manejan con fuerza las autoridades judiciales en Kampala.Una fuente de la policía local, que cita la agencia Reuters, asegura que los cuerpos encontrados ahora presentan síntomas de haber sido estrangulados. Algunos conservan cuerdas o restos de sus túnicas verdes o negras -las mismas que se utilizaron en el rito de Kanungu- alrededor del cuello. Los 153 cuerpos hallados por el momento en Buhunga están repartidos en dos fosas comunes; una pequeña con 20 cadáveres y otra mayor con 133. La mayoría de los fallecidos son mujeres y niños. Las excavaciones proseguirán en la misma zona en los próximos días.

Las primeras investigaciones efectuadas por los médicos forenses no han podido determinar el tiempo aproximado que llevan muertos, pues su estado de descomposición es avanzado. En una evaluación de urgencia, estos expertos no descartan que puedan ser varios meses o incluso un año el tiempo que llevan enterrados.

Alerta policial

Este descubrimiento ha puesto en alerta a la policía que se dispone a registrar en las próximas horas otros centros de la secta esparcidos en varias aldeas del suroeste de Uganda, donde tenía su implantación.

Este hecho, unido a las últimas revelaciones del caso de Kanungu, donde la policía ha confirmado la utilización de 86 recipientes de gasolina mezclados con 40 litros de ácido sulfúrico en la quema de la iglesia, parecen descartar la hipótesis de un suicidio. Estos recipientes, colocados en el interior del templo provocaron el 17 de marzo una tremenda explosión, incendiándose el interior con gran celeridad, tanto que otros dos jefes de la secta, los exsacerdotes católicos excomulgados por la Iglesia, Dominic Kataribaabo y John Mary Kasapuarli, perecieron antes de poder escapar. El portavoz de la policía en Kampala, Assuman Mugenyi, confirmó ayer a EL PAÍS la identificación de los cuerpos.

Esta secta milenarista anunció el fin del mundo para el año 2000. Al no producirse la hecatombe prometida y la posterior entrada en el paraíso de los elegidos, muchos de su adeptos, que habían sido forzados a vender sus propiedades antes de unirse al movimiento Restauración de los Diez Mandamientos, reclamaron su devolución inmediata. La policía cree que esta ha podido ser una de las razones que indujeron a Kibweetere a liquidar a sus seguidores.

No se sabe aún la suerte que corrió Kibweetwere ni su compañera en revelaciones místicas (ambos sostenían tener visiones marianas), Caledonia. Aunque algunos testigos consultados en Kanungu dicen haberles visto huir del campamento antes del incendio, Mugenyi mantiene sus dudas: “También hay otros que afirman haber visto a la mujer dentro de la iglesia”. Para la policía ugandesa ambos están oficialmente vivos hasta que se encuentren sus cuerpos.

En Uganda, mientras, crecen las voces, entre ellas las del propio presidente Ioweri Musevini, que reclaman una revisión de las leyes sobre la libertad religiosa para evitar nuevos sucesos como éstos o la proliferación de sectas consideradas dañinas. Musevivi las llegó a calificar el miércoles en una conferencia de prensa de “peligrosas para la seguridad del Estado”.

Este país africano, muy bien relacionado con Estados Unidos y con sus grupos de presión, presume de tener una de las legislaciones más flexibles en este asunto. Uno de los canales por satélite que más se ven en Uganda emite ininterrumpidamente las grabaciones con lo más granado, variopinto y espectacular de los shows de los telepredicadores norteamericanos: gentes en éxtasis revolcándose por el suelo, minusválidos caminando sin silla, mudos parlanchines y demás fenómenos de la fe exagerada.