AGENCIAS – Rushojwa – El País, 31/03/2000

Una nueva fosa común encontrada en la aldea de Rushojwa, la cuarta hallada por la policía ugandesa desde el incendio de un templo con más de 500 seguidores del Movimiento por la Restauración de los Diez Mandamientos de Dios dentro, sumó ayer otros 81 cadáveres a la larga lista de víctimas de la secta, que supera ya las 900. El presidente de Uganda, Yoweri Museveni, ha admitido que los servicios de espionaje advirtieron del peligro que suponía el grupo, aunque sus informes no trascendieron más allá de algunas autoridades locales.

“Algunos funcionarios de los servicios de espionaje elaboraron informes diciendo que éste era un grupo peligroso, pero al llegar a un determinado nivel no trascendieron, fueron sencillamente ignorados”, afirmó el presidente en declaraciones a la cadena británica BBC el miércoles por la noche. Museveni aseguró que ni él ni ninguno de sus altos responsables de seguridad habían recibido la información que, afirmó, habría sido retenida por responsables de los gobiernos locales.Estas declaraciones precedieron al anuncio ayer del arresto de un funcionario de una Administración regional del suroeste de Uganda por sus presuntas conexiones con el Movimiento por la Restauración de los Diez Mandamientos de Dios. Amooti Mutazindwa es acusado de haber hecho desaparecer un informe que sugería que la secta suponía una amenaza para la seguridad. Mutazindwa es la primera persona en ser arrestada en relación a estas muertes aunque no es uno de los principales sospechosos. La policía ugandesa busca a dos de los líderes de la secta a los que testigos vieron escapar del templo de Kanungu antes de que ardiera y para lo que ha solicitado la colaboración de Interpol.

Mientras, las autoridades se encuentran desbordadas por la continua aparición de nuevas víctimas, las últimas 81 encontradas en el jardín de la casa de uno de los seguidores, Joseph Nyamurinda. La mayoría de los cadáveres son de mujeres y niños y, como en el resto de las fosas comunes, han aparecido desnudos. Aunque los vecinos de la zona aseguraron ayer no haber visto ni oído nada sospechoso, admitieron que los 30 habitantes de la casa, que también era utilizada como albergue para fieles de paso por la localidad, se comportaban con gran secretismo y no dejaban que nadie se acercara.

Los responsables de la parroquia católica habían advertido a la policía sobre el lugar, pero los responsables de la secta se defendieron invocando su condición de organización legalmente reconocida (la secta fue registrada como ONG en 1997). La policía cree que el propietario y los 18 miembros de su familia perecieron en el incendio de Kanungu.

Éste es el cuarto lugar en el que las autoridades han encontrado víctimas de la secta. En las letrinas del templo de Kanungu fueron descubiertos seis cuerpos y la semana pasada la policía encontró 153 cadáveres enterrados bajo una casa usada por los restauradores en la aldea de Buhunga. En los últimos días desenterraron otros 155 hallados en el jardín y bajo la vivienda de uno de los líderes, el padre Dominic Kataribaabo, en Rugazi.

Los miembros de la secta tenían prohibido hablar, utilizar jabón para lavarse (por lo que lo hacían con detergente) y mantener relaciones sexuales. Los fieles, que debían entregar sus bienes terrenales a los líderes al entrar en el grupo, pasaban la mayor parte del día trabajando o rezando y se comunicaban por gestos. La policía cree que su eliminación masiva comenzó cuando empezaron a cuestionar a los líderes tras fallar el vaticinio de que el mundo se acabaría el pasado 31 de diciembre.