REUTERS – El País, Kanungu – 03/04/2000

Uganda solicitó ayer la colaboración internacional para detener a los líderes de la secta Restauración de los Diez Mandamientos de Dios, responsables de la muerte de al menos un millar de sus seguidores y a los que los investigadores consideran todavía vivos. “Creo que están todavía vivos, y el mundo entero debe ayudarnos a capturarlos”, señaló ayer la vicepresidenta ugandesa, Specioza Kazibue. Las autoridades de las vecinas Tanzania y Kenia ya han comenzado a investigar las actividades de la secta en su territorio y las posibles conexiones con Europa.

En un funeral celebrado en la localidad de Kanungu, el lugar donde el pasado 17 de marzo murieron más de 500 seguidores de la secta cuando el templo en el que se encontraban esperando el fin del mundo fue cerrado e incendiado, Kazibue reconoció que más de 1.000 personas, en su mayoría mujeres y niños, habían sido asesinadas y que se esperaba encontrar más cadáveres en próximas excavaciones que se realizarán en fincas pertenecientes a los líderes del grupo.La vicepresidenta ugandesa pidió perdón en nombre del Estado a los familiares de las víctimas, y anunció que el Gobierno investigará las actividades de otros grupos religiosos cuya finalidad es dudosa. “El Gobierno lamenta la pérdida de un número tan grande de personas debido a la seducción, la intriga y la manipulación de algunos criminales sin escrúpulos y los deseos de [el líder de la secta, Jospeh] Kuibetere y sus cómplices”.

Mientras, el marido de Gredonia Muerinda, una exprostituta que formaba parte de la dirección de la secta y aseguraba que se le aparecía la Virgen María, apuntó ayer a que su mujer podría haber planificado el asesinato masivo. Antiguos miembros de la Restauración de los Diez Mandamientos de Dios describen a Muerinda como una mujer autoritaria y a veces violenta, que participaba en el gobierno de la secta con puño de hierro y justificando sus puntos de vista en las frecuentes charlas que mantenía con la Virgen y el arcángel San Miguel. Sin embargo, su marido asegura que nunca había tenido gran interés por la religión hasta que aseguró haber tenido una visión en agosto de 1988. “En todo el tiempo que estuvimos juntos no fue a la iglesia ni una sola vez”, aseguró Eric Mazima, quien añadió que se separaron aquel mismo año porque él era incapaz de tener las visiones que ella experimentaba en una cueva cercana a su casa. “Es todo pura basura”, opinó el marido, que añadió que Gredonia Muerinda continuó ejerciendo la prostitución incluso después de casada.

Era cuestión de tiempo que se encontrase con el exsacerdote católico Joseph Kuibetere, quien en 1989 había fundado la Restauración de los Diez Mandamientos de Dios tras asegurar haber grabado en una cinta una conversación entre Jesucristo y María sobre lo pecaminoso que se había vuelto el mundo. Gredonia se unió a la secta poco después y, según asegura su marido, pasó a convertirse en amante del líder de la secta. En poco tiempo acumuló coches, casas y numerosas propiedades, y volaba por toda África en busca de nuevos adeptos.

El distrito de Kigezi, donde la secta tenía su cuartel general, es uno de los más pobres de Uganda, lo que, unido a la inestabilidad política procedente de la vecina Ruanda y a los estragos que el sida causa en un gran porcentaje de la población, ha creado un campo abonado para la proliferación de sectas que prometen la felicidad a cambio de dinero. Ayer, cientos de vecinos, muchos de los cuales eran parientes de las víctimas, así como representantes católicos, protestantes y musulmanes, asistieron a un funeral interconfesional por los fallecidos en la matanza.