Clarín (Argentina), Guillermo Villareal, 1.12.1999

La Policía allanó ayer un galpón en el que funciona un centro de rehabilitación y encontró a 35 personas, entre ellas dos menores de edad y unos 20 ancianos, que vivían en pésimas condiciones. Según la denuncia que originó la investigación y varios testimonios recogidos luego por la Justicia, las personas allí internadas eran explotadas, recibían castigos y a la noche eran encerrados bajo candado.

Once hombres, entre ellos tres que serían responsables del centro de rehabilitación, fueron detenidos acusados de privación ilegítima de la libertad, asociación ilícita y coacción. Ahora, los investigadores intentan determinar en qué condiciones se encuentran los internos de otras sedes que la organización posee en el país.

La única sede en esta ciudad del Centro Cristiano de Rehabilitación y Reinserción de Marginales (Remar) es un galpón de chapa que no cumple con las mínimas condiciones de habitabilidad, dijeron a Clarín fuentes policiales. La fuente contó además que los hombres internados allí estaban sucios, mal alimentados y, en algunos casos, enfermos. En Remar no había un sólo médico que los atendiese.Por su parte, el fiscal que interviene el caso, Sergio Sosa Ortega fue terminante: Vivían en condiciones infrahumanas, sostuvo.Remar funciona al sur de la ciudad, sobre un camino que lo comunica con la vieja ruta a Miramar.

Detrás de un alambrado olímpico y una espesa línea de arbustos, aparece un cartel con inscripciones religiosas que invitan a la salvación. No es lo que la Policía descubrió ayer: en los pisos del galpón, de paredes de material y techo de chapa, había desperdicios y la higiene era pésima, contó la fuente.La cocina está inundada de moscas y al baño es imposible entrar: el olor es nauseabundo, dijo un policía que participó del operativo que fue encabezado por el comisario inspector Miguel Presa, poco después de las 6 de ayer. Los hombres alojados en Remar dormían en cuchetas y se cubrían con viejas mantas, ya que el lugar no cuenta con calefacción.

Por eso, el fiscal Sosa Ortega dispuso el traslado de muchos de los internos a distintos centros de salud de la ciudad, de acuerdo a la edad de cada uno y el diagnóstico médico que recibieron en el Hospital Interzonal Oscar Allende.Los investigadores, en base a los primeros testimonios recogidos, sospechan que a los internos se los obligaba a mendigar. Además, vendían libros y calcomanías con la inscripción de Remar. Lo que ya tiene probado la policía es que varios de los internos tenían pedido de captura.La asociación tenía un local en la avenida Jacinto Peralta Ramos al 900, en el que recibían donaciones y utilizaban a modo de oficina. También fue allanado por la Policía, que secuestró algunos elementos para la investigación, pero en ese sentido no se brindó mayores detalles.

Para determinar si las condiciones que se registraron en la sede marplatense no se repite en los predios que Remar tiene en el país, el fiscal pidió informes a la Justicia de distintas provincias. Otra de las medidas que se tomarían en las próximas horas sería la de librar varios pedidos captura.El régimen que cumplían los hombres alojados en el galpón de la organización era muy estricto. Según lo que pudieron recoger los investigadores, en el caso de que alguno de los internados cometiese faltas o intentase escapar, recibirían distintos tipos de castigos: desde la prohibición de fumar o mirar televisión, hasta privarlos de la correspondencia y los llamados telefónicos o hacerlos cavar pozos y zanjas en el predio de dos héctareas -donde además funcionaba una pequeña granja- para luego volver a taparlos.Era un verdadero crimen. Acá había hombres de entre 70 y 80 años, dijo uno de los internos más jóvenes, que no quiso dar a conocer su nombre.