El País (Estados Unidos), Ricardo de Querol, 24.09.2020

De las muchas teorías de la conspiración que infestan las redes, ninguna más febril que QAnon. Sostiene que hay un complot de pedófilos, adoradores de Satán y caníbales de bebés para dominar el mundo, en el que participan líderes demócratas (los Clinton, Obama), religiosos (el papa Francisco, el Dalái Lama), estrellas del espectáculo (Oprah Winfrey, Tom Hanks, Ellen DeGeneres) y, cómo iba a faltar, George Soros. Frente a todos ellos, solo dos héroes: Donald Trump, que trata de desmontar la trama y encerrarlos a todos en Guantánamo, y Q, el misterioso líder del movimiento desde 2017.

El cómico Bill Maher, azote televisivo de Trump, apareció con capucha de hacker en su programa, Real Time (en Movistar +), para revelar que él es el verdadero Q. “Tiene todo el sentido que yo, libertino, ateo, porrero y enemigo de Trump, sea Q”, se burló, porque la verdad es lo contrario de lo que parece. Así que alentaba a los paranoicos a no creerse la fecha de las elecciones o, si acaso, ir a votar “al único que hará América grande de nuevo: Kanye West”.

Pero Maher puso el dedo en la llaga: QAnon se hace fuerte en el Partido Republicano. Hasta 71 aspirantes a candidatos son cercanos a la secta; se ven camisetas con la gran Q en los mítines de Trump, y el propio presidente dijo que no sabía mucho de QAnon, pero agradecía su apoyo. En la derecha, dice Maher, “el lunático de hoy es tu representante mañana”. Como Marjorie Taylor Green, que ganó las primarias en Georgia prometiendo plantar cara a los demócratas satanistas y pedófilos. No se rían, no sea que la veamos en cuatro años en los caucus de Iowa.

Twitter y Facebook cerraron, muy tarde como siempre, cuentas de QAnon. No sirvió de nada y la alucinógena teoría campa en Internet. Lo peor no es que haya quien delire, sino que el delirio sea bienvenido en la política convencional.