El País (Uruguay), 30.03.2013

“Con una túnica blanca, jeans y medias, Cassella acerca sus manos a un paciente con cáncer mientras en el fondo se escucha una música New Age. Con movimiento suaves, en reiki, quita toda la enegía negativa del cuerpo del hombre que está acostado en la camilla”. Así comienza el artículo del New York Times publicado en la edición de hoy , que relata la vida de Cassella en Santiago de Chile.

El reportaje fue realizado por la periodista chilena Pascale Bonnefoy Miralles para la publicación norteamericana.

“Tomás me ayudó mucho, fue incondicional y nunca me cobró”, dice Gabriel, el paciente de 63 años. “Así que cuando supe de su pasado, decidí no preguntar ni saber nada. No tiene sentido”, asegura.

En el mismo reportaje, el paciente cuenta que se enteró que Casella estaba detenido y acusado de secuestro cuando googleó su nombre para buscar el teléfono del consultorio. Y lo que encontró no fue un pasado complejo del hombre cálido que lo sana y alivia.

Casella, consigna el New York Times, tiene 66 años y fue coronel de la Armada uruguaya. Fue extraditado en 2006 junto a otros dos oficiales por el secuestro del químico chileno Eugenio Berríos bajo la dictadura de Pinochet. Berríos fue encontrado muerto en una playa del Pinar en 1995. En 1992, el químico había ingresado en una comisaría de Parque del Plata asegurando ser víctima de un secuestro de militares uruguayos.

En el 2010, Casella fue condenado a 8 años de prisión en Santiago por secuestro y asociación ilícita. Actualmente está apelando el fallo.

Durante su reclusión en Chile, Cassella siguió trabajando en sus terapias alternativas, especializándose en pacientes ciegos, con tumores y niños discapacitados. Asegura que ha sanado tumores inoperables sin quimioterapia o radiación. “Lo hice”, declaró al diario norteamericano.

El excoronel uruguayo asegura que comenzó a interesarse por el reiki cuando su cuñado tuvo cáncer. En ese entonces, se embarcó en una búsqueda desesperada de tratamientos alterativos y escuchó sobre un maestro de reiki que iría a un congreso en Argentina. Se anotó y fue. ” Era muy escéptico pero me abrí a la experiencia. Una mujer con esclerosis múltiple me ofreció su testimonio. Y ahí estaba yo, llorando frente a ella”, cuenta.

En 1993, con el caso Berríos en plena investigación, Casella comenzó sus primeras clases de reiki. Sus compañeros se burlaban y le decían que se había vuelto una “niña”. “Estaba buscando el sentido de la vida, los orígenes, por qué estamos acá y qué debemos hacer”, señala.

El caso Berríos le impidió llegar a general en el 2000 y se retiró para abrir una joyería con su esposa. Luego vino el proceso judicial en Chile y en 2006 fueron extraditados. “No creo en las coincidencias pero si en la casualidad. Hay una razón por la cual estoy en Chile ahora, y debe ser muy importante para mantenerme tanto tiempo acá”, dice convencido.

Desde entonces adquirió tres niveles de reiki y aprendió otro número de terapias alternativas. Cuando salió de la cárcel militar, la Armada uruguaya lo ayudó a alquilar un apartamento. En el edificio de al lado había un centro de yoga y se anotó para dar clasese de reiki. El mismo insituto lo puso en contacto con otros terapeutas y se anotó como voluntario en un hospital público para niños enfermos de Santiago.

Por seis años, Cassella se entregó en cuerpo y alma al reiki. Incluso trata amigos y militares uruguayos desde su consultorio en la capital chilena. Hoy está a cargo de el grupo de voluntarios en terapias alternativas del hospital y brinda terapia gratuita a pacientes con cáncer los lunes, jueves y viernes. Los otros días se dedica a consultas particulares en su propia clínica o a dar clases de reiki.

Casella coordina “marchas curativas” con terapeutas que vienen desde distintos puntos y ciudades. Todos saben quién es y qué está haciendo en Chile, pero “ninguno dijo una palabra, nunca” cuenta. “No me interesa más el caso Berríos”, asegura. ” No leo qué dicen los periódicos sobre nosotros y no participo en las instancias judiciales si no tengo que ir. No me voy a envenenar con esto”, asegura y concluye algo que puede producir asombro: “El caso Berríos fue un punto de quiebre en mi carrera militar y en mi vida, pero para mejor”.