La Vanguardia (España), J.J. Gálvez, 22.10.2020

En 2005, cuando Kansas abrió las puertas de los colegios a la enseñanza del creacionismo (rebautizado con el nombre de “diseño inteligente”) como una explicación científica al origen de la vida, nació en EE UU un movimiento de protesta social dirigido a criticar las bases de la religión a través de la parodia: el pastafarismo, que plantea “la existencia de una entidad superior, de naturaleza divina, conocida como el Monstruo del Espagueti Volador (abreviado como MEV o Mon-es-vol, Monesvol), creador de todo el universo y director de todo lo que en él habita”. Tras aglutinar seguidores por todo el mundo, el colectivo ha tratado de explotar los resquicios legales para poner contra las cuerdas las contradicciones del sistema. Y, en España, también. Aunque, sin éxito: la Audiencia Nacional acaba de negarles su inscripción en el registro de entidades religiosas.

Después de que el Ministerio de Justicia descartara en 2016 su entrada en dicho listado, varios pastafaris decidieron recurrir a la Sala de lo Contencioso-administrativo de la Audiencia Nacional. Su planteamiento era sencillo: al igual que otras religiones, ellos forman parte de “un colectivo de personas de diversa procedencia y naturaleza, unidas por la creencia” en una entidad superior, “así como por el seguimiento de dogmas vitales transmitidos por esta”. Además, cuentan con un Evangelio del Monstruo del Espagueti Volador, con un profeta (Bobby Henderson, el físico estadounidense que inició el movimiento); una “oración principal” —que reza: “¡Oh, tallarines que están en los cielos gourmets. Santificada sea tu harina. Vengan a nosotros tus nutrientes…”— e, incluso, un hábito: “Los devotos deben vestir completamente con atuendo pirata y gritar “¡Arrrgh!”.

Mantenía el recurso que al negar su inscripción se infringía la doctrina del Tribunal Constitucional y del Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre la libertad religiosa. “No se pueden poner restricciones a la misma”, alegaban los pastafaris, que consideraban que su exclusión se basa en un “examen de la fe o creencia” incompatible con ese derecho. “Realiza un juicio de valor respecto a los principios o dogmas de la Iglesia Pastafari”, reprochaba el escrito, que buscaba lograr un éxito que ya ha conseguido en otros países. En Nueva Zelanda se permiten bodas, según publicó The Guardian. Y en los Países Bajos el debate llegó hasta el Consejo de Estado.

Pero la Audiencia Nacional rechaza las tesis que se le plantean. La Sala de lo Contencioso-administrativo descarta que la Iglesia Pastafari “tenga una finalidad religiosa”. “Sus fines son ajenos a los de una religión, entendida como un conjunto de dogmas sobre la divinidad, de sentimientos de veneración y normas morales y prácticas rituales basadas en creencias profundas, serias y trascendentes”, recalca el tribunal, que recuerda los orígenes del movimiento en EE UU. “Fue creado con una finalidad distinta a la religiosa. Respetable, pero distinta: la de hacer una parodia crítica a unas decisiones en el sistema educativo del Estado de Kansas”.

“No puede pretenderse que se trata de una religión, porque visto su credo, estatus y mandamientos, no se aprecia en absoluto finalidad religiosa”, apostilla la Sala antes de detallar que sí pueden inscribirse como simple asociación en su registro correspondiente. “Nada les impide asociarse, reunirse, expresarse y realizar todo tipo de actividades privadas en forma de asociación”, remacha en su fallo, del 19 de octubre.