El Mundo (España), Eduardo del Campo, 2.05.2016

Como papa del Palmar de Troya, Gregorio XVIII prohibía a sus fieles bucear en internet sin permiso, ver la tele, hablar con mujeres que vistan pantalones o relacionarse con los “apóstatas” que abandonen la secta, aunque sea su madre. Pero resulta que Su Santidad de la Iglesia Palmariana de la Orden de los Carmelitas de la Santa Faz es en la intimidad doméstica un hombre “súper normal y muy cariñoso, muy dulce, muy mimoso”. Lo confiesa a Crónica la mujer por la que Ginés Jesús Hernández y Martínez ha dimitido como Gregorio XVIII y se ha ido al volante de un BMW serie X de 70.000 euros para gozar con ella de una nueva vida de amor terrenal. Las antípodas del tenebroso integrismo cristiano que ha liderado los últimos cinco años y que ha partido a decenas de familias.

“Él ha perdido la fe”, dice Nieves Triviño sin pronunciar el nombre de su amado. Es su explicación de por qué el viernes 22 de abril el Pontífice Máximo entregó unacarta de renuncia y abandonó su basílica en El Palmar de Troya, la localidad en el municipio sevillano de Utrera donde los palmarianos tienen la Santa Sede de la Iglesia Católica verdadera. Porque la de Roma posterior al Concilio Vaticano II es una impostora, claro. “Ha dejado de creer en todo aquello”, insiste desde el pueblo granadino de Monachil, en Sierra Nevada, esta mujer que es técnico de animación sociocultural del Ayuntamiento. No revela su edad, aunque por sus fotos parece más joven que los 57 aún no cumplidos de él.

Enamorando al papa Gregorio XVIII, o sea Ginés, Nieves ha hecho de rebote un gran servicio a la salud mental de los palmarianos, al devolver al mundo normal y corriente a un hombre que durante 32 años ha contribuido a sostener una iglesia registrada legalmente pero que tiene rasgos criminales de secta por ordenar el aislamiento social de sus miembros. Nieves no quiere hablar de la comunidad pero asegura que su novio y, si todo va bien, próximo marido no es un fanático. Lo excusa:”Ha suavizado mucho” su rígida normativa.

Su amor no existiría sin la Virgen. La que se les apareció en el verano de 1968 a cuatro niñas del pueblo en la finca La Alcaparrosa, donde el pícaro videnteClemente Domínguez Gómez, con la asistencia de Manuel Alonso Corral, fundó su Vaticano palmariano. Los padres de Ginés, que nació el 1 de julio de 1959 en Mula (Murcia), y la madre de Nieves arrastraron en su fervor a sus hijos. Ginés, relata su novia, estudió hasta COU, hizo la mili de paracaidista y pasó un breve tiempo en el seminario. “Trabajó en un laboratorio de Valencia hasta llegar casi a encargado” y hace 32 años, cuando tenía 24, ingresó en El Palmar como padre Sergio María. Allí se conocieron.

Ella se alejó del culto “hace 22 años” y él ascendió en la Curia del Palmar. El papa Clemente, o Gregorio XVII, videnteciego desde que perdió los ojos en un accidente de coche y depredador sexual de monjas y curas, murió el Lunes Santo de 2005. Le sucedió su secretario de Estado Manuel, que pontificó como Pedro II hasta que a su muerte en noviembre de 2011 le sucedió Ginés como Gregorio XVIII. Y corroboró su fama de extremista, como cuando en sus sermones, publicados también en inglés para sus fieles extranjeros, despotricaba contra la ropa apretada, sobre todo los eróticos bañadores mojados. En 2014 coronó la fachada de su basílica con una estatua de “san Francisco Franco”.

El alcalde de El Palmar de Troya (2.700 habitantes), el socialista Juan Carlos González, de 36 años, dice que creció jugando “con toda normalidad” con los hijos de los devotos de Clemente, pero que el creciente fanatismo llegó al colmo en el papado de Ginés. Los profesores del colegio se quejaron de que en el recreo los niños de los palmarianos no se relacionaban con los demás. Hasta a los críos les tenía prohibido el papa jugar con niñas que llevasen pantalones.

Un día el papa fue a hacer una gestión a la oficina municipal -solía ir solo pero hace poco formó una guardia papal paramilitar de boinas rojas- y el alcalde le expuso el problema: “Es que es usted muy radical”, le dije, y me contestó: “Yo no soy radical. Yo no puse esas normas””. El regidor dice que no es un iluminado sino alguien “centrado” con quien se puede hablar.

Familias rotas

Durante su papado, la mayoría de las familias abandonaron la iglesia-secta hartas de la prohibición de relacionarse con sus vecinos infieles. Calcula el alcalde que seis o siete familias cortaron con Gregorio XVIII, de País Vasco, Cataluña o Andalucía, y que otras cuatro siguieron a su lado, de ellas una familia suiza con una docena de hijos, otra francesa y otra irlandesa.

El radicalismo ha roto hogares: los padres y un hijo se salieron y otro que permanece fiel no les habla por tener prohibido tratar con “apóstatas”. El alcalde matiza que no conoce denuncias ante la policía o los juzgados por lavado de cerebro o coacciones. Es una comunidad menguante. Estima que entre el medio centenar de monjas y sacerdotes de la basílica y los fieles asentados en el pueblo no suman más de 150. En el mundo pueden ser un millar. Los fieles tienen que vestir de marrón, ellas con falda larga. No pueden dejar piel al aire.

La separada Nieves contribuyó a amansar a Gregorio XVIII. Tras abandonar este credo hace 22 años y continuar su vida como azafata de congresos y animadora cultural, “hace año y medio” fue de viaje a Madrid. “Y él estaba en el mismo hotel. Fue una casualidad. Él había ido con sus sacerdotes o acólitos. Nos vimos, nos saludamos, intercambiamos los números de teléfono y empezamos a hablar”.

Mientras avanzaba la amistad entre el papa y la expalmariana, él iba madurando su idea de dejarlo todo e irse con ella. El pasado diciembre, la mujer cortaba con su novio de entonces. Y el 14 de febrero, San Valentín, Nieves publicaba en su Facebook que estrenaba relación. Sin revelar el nombre de su “lovito”, por love, enseñaba sus regalos: un reloj, un collar y una pulsera con aspecto de joyas caras. ¿Cómo las pagó? En diciembre la orden vendió su mansión de Dublín por 1,4 millones de euros, según reveló la prensa irlandesa.

El hipócrita y humano pontífice iba a verla sin sotana a Monachil con el papamóvil de la iglesia, una furgoneta Wolkswagen blanca, como adelantó la página críticaIglesia Palmariana. Ese amor clandestino discurría en paralelo con su relajaciónteológica: en su Octava Encíclica, el 14 de enero anunció que flexibilizaba las normas de vestimenta y comportamiento de los fieles, como permitir que las mujeres usen medias… Si no se ven. Pero mantenía la prohibición de internet, hablar con apóstatas o ver la tele.

“Yo he sido un aliciente”

Su teatro acabó el 22 de abril. “Yo he sido un aliciente” para fugarse, dice ella. Los críticos le acusan de irse con dinero de la comunidad. Ella lo defiende. “Lo ha dejado todo con superávit. Le aseguro por mis hijas, de 15 y 12 años, que yo he visto ese documento firmado ante notario. El coche [el BMW de lujo] es donado, está a su nombre y ha pagado impuestos. Entregó su carta de renuncia dirigida a las monjas y los fieles y firmaron el recibí el padre Eliseo y el padre Melquisedec”. Antes lo paseaban a hombros en un trono. Ahora “quiere pasar página, pasar desapercibido”. Como un ciudadano más.

El expapa declina hablar con Crónica, tras asegurar a Abc que no se ha llevado nada y ha dejado las cuentas en orden. Los traumatizados expalmarianos le acusan no de enamorarse e irse, sino del dolor de su papado. No ha pedido perdón. “Tirano, así ardas en el infierno”, escribe José Ignacio; “Decía que me iba a condenar con mi familia”, clama Guadalupe contra “Ginesín”; “Se ha dedicado a destrozar familias”, protesta Ester. En el pueblo esperan que el nuevo y cuarto papa del Palmar sea moderado, si eso es concebible. El padre Eliseo, el suizo Joseph Odermatt, se ha coronado como Pedro III.

La pareja aguanta el chaparrón y se declara feliz. Tras su espantá del viernes, Ginés se fue ese domingo con su novia a la romería de San José de Monachil. ¿Se casarán en verano? Ella no lo desmiente: “Vamos por muy buen camino”. La enamorada ha colgado en Facebook una foto haciendo el signo de la victoria, con minifalda y escotazo. Por ligar con una tentación así, su amante habría tenido que excomulgarse a sí mismo hace sólo unos días. Pero la hipocresía se acabó. La cordura del amor y de la carne se ha impuesto al loco fanatismo del infierno. Eros les ha perdonado.