Un exmigueliano afirma que el líder le confesó que tuvo relaciones con consagradas para echar al demonio

By |2018-10-13T13:18:43+00:0013 octubre, 2018|Orden y Mandato de San Miguel Arcángel|

Faro de Vigo (España), 13.10.2018

“La magia de esto es que todo era como muy natural, (…) Miguel era nuestro padre y eso engloba mucho más de la palabra padre; no teníamos miedo a la enfermedad, ni a la muerte, porque te sientes protegido por él, porque él era una persona que hablaba con Dios”. Así describió ayer Esteban R.M., uno de los acusados por asociación ilícita como directivo de la Orden y Mandato San Miguel Arcángel y que también comparece como víctima, la atracción que sentían los llamados “miguelianos” por el líder de la congregación, Miguel Rosendo.

El relato de Esteban R.M., que fue padre general de la Orden y a quien otro acusado llegó a describir como la persona que iba a ser el “sucesor” de Miguel Rosendo, fue el de una persona que abandonó su vida y sus estudios para seguir de forma incondicional los mandatos del líder.

Su testimonio también se refirió a los supuestos casos de abusos sexuales. Esteban R. afirmó que Rosendo le llegó a confesar que mantuvo relaciones sexuales con tres de las consagradas de la Orden con el pretexto de “controlar a un demonio que él tenía dentro” con estas prácticas.

Esteban R.M. reconoció que nunca observó órdenes o coacciones directas, pero sí describió una situación en la que Rosendo parecía mover las voluntades de los demás simplemente a cambio de contar con el favor de su presencia o su deferencia. “Para nosotros era un privilegio estar con él” por eso hacían todo lo posible para no contrariarlo. El declarante dibujó a un líder inestable e irascible por cualquier razón, como hechos tan nimios como perder a las cartas, y quelos religiosos se desvelaban por hacer cualquier cosa por él. Desde colocarle un cenicero cuando quería fumar a consultarle cualquier decisión importante para “no enfadarle” si se adoptaba una postura contraria a su criterio.

Le compraron un coche

El acusado relató como “incluso llamé a mi familia para pedirles que se hipotecasen para comprarle un coche a Miguel, dado que el Citröen C-3 que tenía no nos parecía digno para él”. Esteban añadió que su familia no formalizó esta hipoteca, pero sí la de otro miembro de Orden y Mandato, de modo que se le acabó comprando un C-5. “Él siempre estaba muy agobiado” diciendo que tenía que completar la obra de Dios y que “rompía por lo que fuera”. Señaló que había “algún insulto” y broncas periódicas, pero que lo que más dolía a los “miguelianos” con los que se enfadaba el líder era el llamado “aislamiento”. Esto no significaba un “aislamiento físico, sino que te daba la espala, no te hablaba en días”, algo que para los miembros de la Orden, ante la devoción que tenían por él, era incluso peor que un castigo físico. “Me hubiera sido más fácil si el aislamiento hubiera supuesto que me encierra en una habitación”; puso como ejemplo Esteban. Asegura que, “lo peor para mí era que quien me hacía eso era el representante de Dios”.

Señaló que esta situación de agobio, de angustia por hacer todo lo posible para que Rosendo estuviera “liberado”, así como el “miedo” a que el líder se pudiera enfadar con él le llevó incluso a protagonizar varios intentos de suicidio. “Llegué a estar sentado en una barandilla a cinco metros de altura” para saltar, dijo este coacusado. “Y realmente no saltaba no por miedo al infierno, eso para mí no era nada”, continuó. “Al final no lo hacía por el marrón que le iba a suponer a Miguel y la situación en la que lo iba a dejar si me tiraba con todas las preguntas que le iba a hacer mi familia”, declaró ayer ante el tribunal.

Un diente como “reliquia”

Sobre los presuntos poderes sobrenaturales del líder, afirma como presenció en la consulta de Vigo una supuesta aparición del Árcangel San Miguel a través del cuerpo de Rosendo y que incluso los fieles se repartieron trozos de la camiseta ensangrentada de Miguel. O como las religiosas se querían apoderar de pelo o incluso un diente que le sacó el dentista al líder como “reliquia”.

Un ejemplo de cómo supuestamente Rosendo influyó en su voluntad fue su ingreso en el Seminario.Esteban R.M. aseguró que tomó voluntariamente la decisión de ser religioso en la Orden, pero insiste en que nunca quiso ser sacerdote. Aunque “no me lo pidió directamente”, señala que Rosendo le insistió en la conveniencia de que Orden y Mandato contase con un sacerdote, dado que “sino nunca nos aceptarían”. Esteban cree que lo eligió a él dado que era el único que tenía COU y que podía ingresar en el Seminario. Asegura que cuando él le contestó que no era su deseo ser cura, sino monje, Rosendo le respondió que “si me quieres como a un padre me tienes que obeceder como a un hijo” y que fue así como ingresó en el Seminario casi en contra de su voluntad.

La ruptura de Esteban R.M. con la Orden llegó en 2012 cuando dice que se enteró de las supuestas relaciones sexuales (no indicó si consentidas o no) que mantenía Rosendo con tres de las congregadas.Las sospechas de este acusado comenzaron a gestarse cuando encontró un preservativo en un objeto que le regaló Miguel. Se incrementaron una noche cuando escuchó gemidos de relaciones sexuales procedentes de cierta parte de la casa y tuvo todavía más dudas cuando observó que cada mañana salían distintas “hermanas” de las dependencias de Rosendo. Luego una de ellas, Sandra, que hoy es mujer de Esteban, le indicó que “mi cuerpo a mí no me pertenece” y aumentó su preocupación. Esta alusión le llevó a pedir explicaciones a Rosendo. Afirma que la reacción del líder fue de enfado y que una consagradas negó estos hechos, pero cuando le preguntaron a Sandra esta se limitó a responder que “ella no podía mentir”. “Yo no quería escuchar esto”, dijo Esteban, sino “cualquier explicación para creer que no pasaba nada”, pero afirma que en ese momento Rosendo le confirmó que “todo lo que piensas es verdad”. Le contó que ayudando a una chica a “quitarle un demonio” lo “cogió él” y que para poder “controlar a este demonio” tenía que hacer estos “trabajos” .

Esteban afirma que ahí se dio cuenta de que “aquello por lo que había entregado mi vida y mi juventud era todo mentira” y que “por primera vez pude hablar de igual a igual con Miguel”. Asegura que Sandra, con quien negó que en aquel entonces mantuviera una relación aunque hoy sea su esposa, le pidió que se la llevara con él y así hizo, escapando ambos aquella misma noche de la Casa Madre de Mougás. Las defensas reprocharon al acusado que no hubiera contado esta versión en los últimos cuatro años hasta ayer en el juicio a pesar de la gravedad de los hechos descritos.

La declaración de Esteban R. M. puso fin al turno de declaración de los seis acusados por el Ministerio Fiscal en el caso de los “miguelianos”. Antes que él, ayer prestaron declaración otros dos acusados por asociación ilícita, miembros de la directiva o cargos en Orden y Mandato San Miguel Arcángel. Sus declaraciones contrastaron con la de Esteban, sobre todo la de José Carlos A. M., quien realizó una encendida defensa de Miguel Rosendo y de la Orden.

Dijo no entender cual era “el motivo de esta persecución” hacia Miguel Rosendo y aseguró que el líder de la Orden nunca tuvo “que ir a buscar a nadie sino que fuimos nosotros y nuestros padres los que acudimos con nuestros problemas a él”.

Considera que el capellán de la prisión de A Lama, Isaac de Vega, fue el “instigador de todo esto” y que le “comió la oreja” a padres y otros familiares con las supuestas irregularidades en el seno de la orden, irregularidades que el declarante nunca observó. También afirmó que no le consta que Rosendo mantuviera relaciones sexuales con las consagradas, ni que tampoco escuchó que nadie se lo comentase. Tampoco que se refiriesen a supuestas “limpiezas espirtuales” o “trabajos”.

Reconoció que en algún momento se referían a él como “padre”, algo que no le gustaba por el cargo que desempeñaba en la Orden como “padre de la buena huella” e insistió en que todo el mundo podría entrar y salir libremente de la congregación. Insistió en que todo el mundo participaba en la Orden libremente y que no observó “a nadie con cara de sufrimiento o dolor”, ni tampoco observó que se manipulasen voluntades, ni vio violencia o coacción. “Aquello no era una dictadura”, aseguró.

También declaró Belén E.F. , una laica que formaba parte de la directiva de Orden y Mandato. Asegura que nunca observó insultos por parte de Feliciano Miguel Rosendo a nadie, ni tampoco que tuviesen al supuesto líder endiosado. Tampoco dijo tener constancia de ningún tipo de abuso. El juicio se retomará con la declaración de los testigos el día 15.