El Mundo (España), José M. Vidal, 24.09.2016

Fue amigo de arzobispos, obispos, curas, frailes y monjas, que acudían a él en busca de todo tipo de ayuda. Pero, desde que Feliciano Miguel Rosendo, fundador de Orden y Mandato de San Miguel, entró en prisión preventiva-acusado de estafa y abusos sexuales-, muchos le dieron la espalda. No así tres curas madrileños, que arriesgan su estatus para defender a quienes ellos consideran “un inocente que lleva en presión preventiva 21 meses”, víctima de una “cadena de injusticias sobre las que se tramó el linchamiento eclesial, mediático y carcelario”.

En un largo informe, al que ha tenido acceso EL MUNDO, y en una carta abierta al presidente del Consejo General del Poder Judicial, al Fiscal General del Estado y al Defensor del Pueblo, los tres sacerdotes madrileños, Eduardo Lostao, Juan Luis Castón y José Ignacio Martín Sánchez (en proceso de incardinación en Getafe), niegan rotundamente que Miguel sea el líder de una “horripilante secta destructiva”. Se trata, para ellos, de un laico con carisma, que lo dejó todo para fundar una asociación pública de fieles, bendecida canónicamente por la diócesis de Tui-Vigo.

Los tres sacerdotes madrileños hace cuatro años que conocieron a Miguel y a sus consagrados y consagradas, que animaban las celebraciones no sólo en la diócesis de Tui-Vigo, sino también en la archidiócesis de Santiago, en Orense o en Madrid, donde cantaron para el Papa en la JMJ. Todo cambió, según los curas, por “un conflicto eclesial de índole interna, orquestado en la diócesis de Tui-Vigo”.

Los curas madrileños señalan directamente al que fuera capellán de Orden y mandato, el sacerdote vigués Isaac Vega, que “dio credibilidad a las acusaciones falsas” de que la asociación era una secta, donde se “organizaban orgías sacrílegas casi diarias”. Y, además, lanzó el caso a los medios.

Cuando estalla el escándalo mediático, el obispo de Tui-Vigo, Luis Quinteiro pone en marcha una supuesta “visita canónica” a la Asociación, encomendada a Manuel Salcidos, amigo de Isaac Vega. La investigación “nunca se realizó”, pero el visitador realizó “un informe-chapuza”, donde vertió “la ignominia y unas acusaciones falsas espantosas”.

Según la versión de estos tres sacerdotes, para dar mayor autoridad a las denuncias, algunos padres, alentados por el ex capellán, contrataron a un detective que, según los curas madrileños, “no investigó a nadie”, pero “su mentira reviste de cierta autoridad civil a la previa y también fraudulenta, investigación eclesial”.

“Un montaje y una detención irregular”

Los curas madrileños sostienen que, en base a este montaje, se detuvo a Miguel, en un procedimiento judicial salpicado de irregularidades. Entre otras cosas, porque el “secreto de sumario duró 15 meses”, “la instrucción y las testificales van camino de dos años”, y el fundador de la asociación católica “recibió y sigue recibiendo un trato propio de los más sanguinarios terroristas”.

Tras desgranar todo un cúmulo de irregularidades eclesiásticas, judiciales y mediáticas, los tres sacerdotes concluyen: “Miguel es un padre de familia inocente, víctima de un tratamiento carcelario propio de delitos de terrorismo, porque Isaac de Vega y otros eclesiásticos originaron y alimentaron una acusaciones que jamás habrían recibido atención policial y judicial, si no hubiesen sido soportadas por su sibilina aquiescencia, aún activa a través del reincidente falso testimonio que han aportado en sede judicial”.

Por eso, suplican a los obispos afectados por el caso que “ejerzan su autoridad, para desenmascarar este escandaloso linchamiento de un inocente”. También piden a las autoridades policiales y judiciales que “hagan lo posible por contribuir al fin de una prisión preventiva, cuya duración resulta muy difícil de entender”.

Como María y Juan, los únicos que se quedaron al pie de la cruz de Cristo, los tres sacerdotes madrileños, Eduardo Lostao, Juan Luis Castón y José Ignacio Martín Sánchez se juegan el tipo y su credibilidad por Feliciano Miguel Rosendo que, mientras tanto, sigue en la cárcel y ex adeptos de la Orden mantienen que cometió abusos sexuales, físicos y psicológicos.