La Voz de Galicia (España), Alberto Mahía, 10.01.2015

Miguel Rosendo ingresó en la prisión de Teixeiro el pasado 14 diciembre porque el titular del Juzgado de Instrucción número 1 de Tui así lo decretó y porque en el centro penitenciario de A Lama, que es donde tenía que haber ido, tiene como capellán a uno de los sacerdotes que lo denunció. Cuando puso sus pies en el penal de Teixeiro, la dirección lo mantuvo en el módulo de ingresos con un recluso de confianza, que lo vigilaba para evitar que el líder de los miguelianos se suicidase. Allí estuvo hasta que la semana pasada se decidió que ya estaba en condiciones de ocupar una celda en un módulo de presos comunes. No fue a cualquiera. Fue a un módulo ocupado por reclusos condenados a penas mínimas, presos que jamás habían estado en prisión o que les queda muy poco para abandonarla. De gente nada peligrosa. Pues fue entrar en el módulo y recibir una paliza de uno de los internos. A los cinco minutos ya estaba de vuelta en ingresos porque pidió auxilio a los funcionarios y estos lo evacuaron del módulo.

El problema es que ahora no saben a dónde enviarlo y allí sigue, recibiendo a los que entran en prisión. Fuentes de la prisión recuerdan que Miguel Rosendo llegó al penal hundido. «Siempre con la cabeza baja y con mucha cara de miedo», cuentan. Tal es el miedo, que no quiso decir quién le había golpeado. Fue sanado en la enfermería y enviado de nuevo a ingresos, donde no se relaciona con absolutamente nadie.

Un ruso agredió a Basterra

No le va mejor a Alfonso Basterra. El padre de Asunta recibió otra paliza hace mes y medio. Y nadie saber por qué. Un recluso de nacionalidad rusa, sin mediar palabra, se cruzó con él en el módulo y comenzó a darle puñetazos. Rápidamente acudieron los funcionarios para auxiliarlo y, como Rosendo, Basterra tampoco quiso denunciar.

Tampoco el exmarido de Rosario Porto fue recluido en un módulo de los llamados peligrosos o conflictivos. Está rodeado, en su mayoría, de ladrones de poca monta, estafadores y maltratadores. Instituciones Penitenciarias evita que presos como Basterra o Rosendo, envueltos en ese tipo de delitos -la muerte de una niña o supuestos abusos sexuales- compartan módulo con internos peligrosos, de los que pasan media vida entre rejas y la única ley que respetan es la de la cárcel, esa que ordena castigar a presuntos violadores o asesinos de niños.

Esa paliza que recibió Basterra no fue el único encontronazo con reclusos que padeció desde su entrada en prisión. Ya en marzo del año pasado tuvo que ser cambiado de módulo por las constantes amenazas que recibía. Ahora está en un módulo convivencial de reinserción, donde residen unos 80 internos ya condenados y que están a punto de cumplir su pena. De vez en cuando algún recluso le dice algo feo, pero no pasan de ahí. Los funcionarios están muy atentos. Pero hace mes y medio no pudieron evitar la paliza del recluso ruso.