Estrella Digital (España), Jesús Torrado, 16.12.2014

Abusos sexuales, físicos, psicológicos y enriquecimiento ilícito. Feliciano Miguel Rosendo da Silva, líder de la Orden y Mandato de San Miguel Arcángel fue detenido el pasado 12 de diciembre acusado de presuntamente realizar dichos delitos en la secta que erigía. La orden tenía varias casas, una en Madrid y otra en Galicia, donde los organizadores llevaban a cabo sus ritos y actividades. Su mano derecha, Marta Paz, una joven de 29 años, vestía como una monja pese a no pertenecer a ninguna orden. Los padres de la joven había pertenecido a los ‘miguelianos’ durante dos décadas, pero cuando abandonaron la secta no pudieron sacar a su hija.

Según Julia Clavero, socia de Aba Abogadas, es muy habitual que cuando uno de los miembros del matrimonio o la pareja, se desvincula del grupo, el líder, con pleno beneplácito del otro progenitor, comienzan a introducir en el menor ideas alienadoras contra el progenitor que abandona el grupo: “Nuestro Código Civil recoge instrumentos para proteger a los menores, pudiendo solicitar que se acuerde cautelarmente cualquier contacto del menor con el progenitor. El problema es que existen muchos grupos coercitivos, unos grandes y otros pequeños, y es realmente complicado que sean declarados como del tipo destructivo, lo que lleva a que los Juzgados no siempre tomen las medidas oportunas a tiempo, dando lugar a una total desprotección de los menores, quienes continúan inmersos en su culto”.

Pero, ¿cómo se puede luchar legalmente contra estas sectas? Clavero, especialista en Derecho Penal y de Familia, asegura que habría que diferenciar entre herramientas de índole penal y las herramientas de prevención. Según indica el Código Penal en su artículo 515.3 son punibles las asociaciones ilícitas, teniendo tal consideración, entre otras, las que, aun teniendo por objeto un fin lícito, empleen medios violentos o de alteración o control de la personalidad para su consecución. El principal problema reside en la demostración de que esa asociación o secta utiliza la presión y manipulación psicológica para conseguir que el líder del grupo se lucre ilegalmente.

En cuanto a las herramientas de previsión o control, Aba Abogadas aclara que existe una asociación, la Asociación Iberoamericana para la Investigación del Abuso Psicológico. Esta se encarga principalmente de dar consejos al ciudadano y lo orientan sobre cómo esquivar o no caer en este tipo de asociaciones.

Desde el punto de vista legal, una organización es considerada secta cuando el líder o líderes del grupo, son los encargados de tomar las decisiones en la vida de los miembros, aislándolos del resto del mundo, consiguiendo así la dependencia de cada uno de los miembros. Sólo son felices, sólo se sienten realizados si siguen el compás que su líder marca. El resto (familia, trabajo, dinero) no importa nada. De hecho la Asamblea Nacional Francesa estableció hace dos décadas una serie de criterios para localizar este tipo de organizaciones: Desestabilización mental; Carácter desorbitado de las exigencias financieras; Atentados contra la integridad física; Reclutamiento de niños; Discurso antisocial; Ruptura con el entorno.

La secta tenía al menos una treintena de fieles en la actualidad. Exmiembros y familiares de estos han denunciado que sufrían abusos sexuales y psicológicos, asegurando que el líder denominaba a algunas mujeres las “escogidas por Dios” y mantenía relaciones sexuales con ellas bajo la excusa de un rito de sanación.

Existe otro problema: La dificultad para localizar las sectas o grupos que son realmente peligrosos. Por eso la importancia de la prevención. En muchas ocasiones algunas sectas de este tipo, tal y como reconoce el sociólogo Richar Ofshe, realizan brutales extorsiones y humillaciones ante el grupo, si no se obedece al líder.