Deia (España), Marta Hernández, 29.11.2015

El psiquiatra y psicoanalista Iñaki Viar trata, desde hace cuatro años, al joven que el pasado junio interpuso una querella criminal contra su profesor de Gaztelueta por presuntos abusos sexuales. Tal y como recoge su informe clínico, al que ha tenido acceso DEIA y que es una de las pruebas en el proceso judicial abierto, el joven padece “un síndrome postraumático”. El análisis del experto concluye, además, que “el repetido ataque a su integridad corporal y la humillación de su ser es lo que constituye el hecho traumático que ha generado su enfermedad”.

El estudio pericial del psiquiatra, datado en febrero de este año, resume las consecuencias de la dolencia diagnosticada al exalumno del colegio de Leioa, “unos episodios recurrentes de su enfermedad que le han supuesto un retraso escolar importante y la imposibilidad de llevar la vida normal de un joven (ahora tiene 19 años) por la tendencia al aislamiento que aún sufre”. El doctor desgrana, en las páginas de su informe, los motivos por los cuales la presunta víctima de pedofilia continúa con daños psíquicos hoy en día, pese a que los sucesos denunciados ocurrieron en el curso 2008-09: “En los episodios del síndrome postraumático se efectúa una actualización de los hechos que causaron el daño y que vuelven a reproducirlo, constituyendo una repetición, que es su característica principal. El traumatismo vivido ha producido una ruptura, una falla en el tejido del psiquismo -previamente normal-”. En este sentido, el chico -cuando padeció los presuntos abusos era menor de edad- ha pasado por pesadillas recurrentes con su profesor, que a su vez, era tutor y preceptor, según describe Viar. Durante sus sesiones de tratamiento, el estudiante trasladó al doctor su “dificultad para dormir y cree que se debe a las pesadillas que tiene. En ellas se repite un patrón basado en que su tutor va hacia él y siente que no puede hacer nada. La pasividad que siente ante el otro en el sueño es vivida con tal horror que despierta. También sueña que se encuentra ante gente que se burla de él y le acosa”, refleja el informe clínico.

Las secuelas de los presuntos abusos sexuales al niño llegaron a ser más graves, tal y como plasma el psiquiatra. “Todo lo relatado ocasionó hace trece meses el desencadenamiento de un síndrome caracterizado por un cuadro de ansiedad, inquietud psicomotriz con desplazamientos sin sentido, alucinaciones visuales, dolores corporales, movimientos de tipo convulsivo y alteraciones del sueño. Estos síntomas fueron remitiendo, pero “clínicamente persistía la tendencia al aislamiento causada por el temor insuperable a encontrarse con su tutor o compañeros”. Una situación que se prolonga en el tiempo: “En octubre de 2014, a raíz de escuchar algunos comentarios realizados de un profesor referidos a la cuestión de abusos a niños, el joven presentó un estado depresivo, con marcada inhibición para todo tipo de actividades, desde moverse hasta hablar”.

“Descartar fabulación”

El testigo y perito de la acusación en el procedimiento judicial sostiene que el joven dice la verdad sobre lo que le pasó. “Su relato, aunque con interrupciones por sus dificultades para narrar los hechos, ha sido siempre coherente y sin contradicciones, y he podido constatar la veracidad de su enumeración, siempre adecuada y conforme al afecto que le producía lo relatado, lo que me permite descartar cualquier fabulación”. Asimismo, Viar hace hincapié en que la supuesta víctima “ha ido relatando con gran esfuerzo y con mucho tiempo las situaciones profundamente traumáticas”. Por ejemplo, una de las confesiones del exalumno de Gaztelueta al psiquiatra es la del inicio de los presuntos actos delictivos: “En el curso 2008-09, su tutor comenzó a dirigirse a él con alusiones amenazadoras respecto a que se iba a enterar de cómo era él. Como relata el joven, a partir de ese momento todo se empezó a torcer. Su tutor manifestó una conducta inquisitiva hacia él, preguntándole sobre su familia y amigos con premiosidad y exigiendo más detalles de su vida. También le hacía comentarios de descrédito hacia sus padres. El tutor comenzó a llamarle a su despacho con frecuencia inusitada en relación a los demás compañeros. Asimismo, comenzó a tener gestos de carácter seductor como acariciarle la mano al darle alguna golosina. En sus visitas al despacho, que llegaron a ser de varias veces por semana, a menudo el tutor bajaba las persianas y cerraba con llave la puerta. Lo que al niño le inquietaba. El tutor comenzó a realizar una intromisión en su vida sexual”.

Por otro lado, en base a los testimonios del chaval, el doctor Viar opina que “el tutor inducía a los compañeros del alumno a burlarse de él” y enumera, en su análisis, acontecimientos como que el docente realizaba comentarios despectivos delante de la clase hacia él o que le imponía castigos humillantes.