Terra Economía, 14.03.2012

Rick Santorum, un ex senador católico cercano al Opus Dei, pretende arrebatarle al favorito Mitt Romney, un ex gobernador mormón, la candidatura republicana a la Casa Blanca, impulsado por la derecha identificada con los valores cristianos.

A tres meses de primarias republicanas, Santorum sigue siendo el factor sorpresa de la carrera por la Casa Blanca, con posiciones cada vez más ortodoxas sobre la sociedad, la religión y la economía que cautivan a un electorado que pasa incluso desapercibido por las firmas de encuestas, como sucedió con sus dos triunfos el martes en Alabama y Misisipi.

“Todos los miembros del aparato han apoyado a la otra parte. Nadie esperaba el triunfo del hijo de un minero de Pensilvania, excepto ustedes, que han trabajado muy duro por nosotros, porque creen en un país seguro y próspero, con ciudadanos libres y con un mercado libre, y en la solidez de la familia y la centralidad de la fe en la vida pública”, dijo Santorum a sus seguidores el martes.

La noche de su doble victoria en el corazón del sur estadounidense, en un hotel de Lafayette, Luisiana, donde se realizarán primarias el 24 de marzo, el candidato apareció rodeado por su esposa Karen Garver Santorum y algunos de sus siete hijos. La pareja concibió ocho hijos, pero uno de ellos murió.

Hasta ahora Santorum, que promete derogar la ley aprobada por Obama para dar seguro universal de salud a la población y anular las regulaciones medioambientales impuestas por “radicales ecologistas” del Gobierno demócrata, lleva nueve estados ganados de los 30 territorios en que se han celebrado elecciones primarias o caucus (asambleas de partido).

Santorum parece lejos de contar con los medios y la organización de los que dispone el multimillonario Mitt Romney, cuya condición de favorito no termina de consolidarse de cara a la convención del partido Republicano en agosto en Tampa, Florida (sur).

Pero ha logrado atraer a las facciones más radicales del Partido Republicano, entre ellos al movimiento ultraconservador Tea Party.

Reconocido por su intransigencia durante su pasaje por el Congreso como senador de Pensilvania, Santorum asegura ser una solución real de recambio conservador frente al moderado Romney. Se presenta a sí mismo como un bombardero político, listo para emplear la artillería pesada en caso de ser necesario.

A los 53 años, este hombre de cabellos y ojos marrones y aspecto deportivo aunque algo aburrido, tiene una posición ultraliberal en materia económica.

“Su visión de Estados Unidos es recuperar su grandeza a través de la promoción de la religión, la familia y la libertad”, resume el sitio web de su campaña.

En el último mes expresó su abierto desacuerdo con la cobertura de los anticonceptivos por parte de las aseguradoras de salud -como defiende Obama-, con el matrimonio homosexual y el aborto, incluso en casos de violación, porque “de toda mala experiencia hay que sacar algo bueno”.

Padre de siete hijos, este católico devoto casado desde hace 21 años y nacido el 10 de mayo de 1958 en Winchester (Virginia, este), Santorum es hijo de un inmigrante italiano y una madre de origen italo-irlandés.

Tras cursar estudios de derecho, ejerció la abogacía en Pittsburgh, la gran ciudad industrial de Pensilvania, antes de transformarse en asistente parlamentario en Washington.

Gran aficionado al tenis, Santorum fue elegido por primera vez en la Cámara de Representantes en 1990 con 32 años, un logro republicano en Pensilvania, un estado tradicionalmente demócrata.

Ingresó al Senado en 1995, antes de ser derrotado en 2006. En el Congreso se destacó por su lucha contra el derecho al aborto.

Sobre el tema Irán, Santorum estima que el presidente Barack Obama se muestra como un “ingenuo” ante las ambiciones nucleares de Teherán. Califica a ese país del Medio Oriente como “una teocracia radical que ha jurado destruir a Israel y a la civilización occidental”.

En una larga biografía suya publicada en 2005, la revista de The New York Times señaló que Santorum asistía todos los domingos a escuchar misa en latín en los suburbios de Washington.

Con lágrimas en los ojos, el propio Santorum contó como tuvo que resolver con su esposa en 1996 la inducción de un parto de un niño de 20 semanas que no era viable. Negándose a remitir el cadáver del feto a la morgue, la pareja pasó la noche en el hospital junto a su pequeño hijo muerto, el cual presentó luego al resto de sus hijos.