Álvaro Santaolalla. El País, Madrid. – 12/06/1994

Soy un estudiante de 22 años de la Universidad Complutense. Leo en su periódico que un 23% de la juventud cree en las sectas,un 31,1% en los espiritistas, un 46% en los curanderos, un 54% en los ovnis y un 73% cree en la astrología.En toda mi vida he conocido a nadie entre mis amigos y compañeros de colegio y universidad que afirmarse creer de verdad en todas estas cosas, al menos en las sectas, los espiritistas o los curanderos. Me parecen unas estadísticas exageradas, y me asusta que puedan ser verdad.

La única secta que conozco y conozco a gente integrada en ella es el Opus Dei. En el artículo se menciona la forma de captar adeptos de muchas de las sectas, y me sorprenden las semejanzas con los métodos organizados de captación de personas que utiliza este grupo. Luego se mencionan las diferencias entre unas sectas y otras, y se afirma, con buen criterio, que no se puede generalizar. Evidentemente, el Opus Dei no es una secta satánica o destructiva. En realidad no sé qué es y nadie de las personas integradas en la organización ha sabido explicarme nunca cuál es su función o cometido. Sólo sé lo que he visto.

He visto a personas de mi familia empezar a relacionarse con los que llaman numerarios del Opus Dei Les he visto asistir a charlas, reuniones y rezos. Hasta ahí todo bien. Cualquier persona es libre de asistir a lo que le dé la gana. El problema viene cuando estas personas empiezan a perder contacto con amigos y familiares, a distanciarse de todos ellos, a intentar convencer a otras personas (en muchísimos casos, a niños) de que les acompañen a sus instalaciones. Llevo anos sin ver a algunos de estos familiares y amigos, y me pregunto qué habrá cambiado en ellos para que renuncien de pronto a toda una vida anterior y se integren en algo que no entiendo cómo puede absorber a las personas de semejante manera sin estar, como ellos dicen, integrados en una secta