Anfibia (Argentina), Paula Bistagnino, 9.11.2020

Los miembros del Opus Dei son laicos que viven bajo compromisos de castidad, pobreza y obediencia dentro de una institución que no sólo no es pobre sino que acumula propiedades y fortuna. ¿Cómo lo hace si dice que no posee bienes por sí misma? En cada uno de los 68 países en los que funciona, tiene una red de asociaciones civiles que manejan instituciones educativas, clubes y residencias universitarias que se sostienen con cuotas, donaciones privadas, fondos públicos e internacionales. Y con las herencias de sus miembros célibes, que al ingresar tienen que firmar un testamento en favor de su “nueva familia”. Esta estructura es similar en muchas organizaciones religiosas pero hay dos denuncias judiciales en curso en Sudamérica, una en Argentina y otra en Uruguay, que cuestionan que personas que no fueron miembros de “la Obra” fundada por el español y santo de la Iglesia Católica Josémaría Escrivá de Balaguer, terminaron donando sus fortunas a esta organización de manera inexplicable.

Capítulo I: Un heredero en la sombra

El Opus Dei enfrenta actualmente dos causas judiciales, una en Uruguay y otra en Argentina: los demandantes acusan presiones indebidas y métodos abusivos de parte de miembros del Opus Dei para quedarse con la herencia de adultos mayores. En un caso un hombre traspasó sus bienes a una asociación del Opus en su mismo lecho de muerte. Familiares sostienen que el fallecido nunca perteneció a esa organización y que no es verosímil que haya podido firmar mientras agonizaba.

El 16 de octubre de 2008 sonó el teléfono en la casa de María Elena Abazo en la Ciudad de Buenos Aires: su tío Francisco Noreiko, de 81 años, había volcado su camioneta mientras conducía por la ruta 11 desde su casa en la ciudad de Salta a su finca en La Caldera. Cuando recibieron la noticia, ya habían pasado quince días desde el accidente, el hombre estaba parapléjico e inmovilizado por las fracturas en la columna y no podía hablar.

Ni María Elena ni su madre, Yanina Norekaite -hermana del accidentado-, conocían al hombre que les dio la noticia: se presentó como un amigo, dijo llamarse Alfredo Montanaro y contó que había sido testigo del accidente. Lo que no dijo fue que en esos días Noreiko había firmado un poder amplio para el manejo de todas sus cuentas y bienes a nombre de dos miembros del Opus Dei, Matías Amat Lacroix y Mariano Busaniche Iturraspe, ni que se habían donado sus seis inmuebles y tierras a la Asociación Cultural del Norte (ACN), una asociación civil ligada al Opus Dei. Montanaro tampoco les dijo que como Noreiko no podía mover la mano, había “firmado” los papeles con su huella dactilar. Y no hizo ninguna mención sobre la inscripción de las seis propiedades inmuebles en tiempo récord en el Registro de la Propiedad Inmueble a nombre de la ACN: en 48 horas el trámite estuvo finalizado.

Dos días después del llamado, la madre y la abuela -sobrina y hermana de Noreiko-, aterrizaron en Salta. De inmediato empezaron a sospechar: allá las recibió el numerario Amat Lacroix, que las acompañó a la clínica y después las visitó donde se alojaban con dos docenas de facturas y dos hojas que decían que Noreiko había firmado un poder amplio para el manejo de todo su dinero y bienes. Además les contó que antes del accidente estaban trabajando para formar una Asociación en una de las propiedades. Según denunciaron, les ofreció 20 mil pesos -entre 5 y 6 mil dólares-, dos pasajes para regresar a Buenos Aires y les prometió que él se ocuparía de todo. Todavía en shock después de ver a su tío Francisco en ese estado, María Elena le dijo que le dejara el papel para verlo al día siguiente. Algo desesperada por lo que podía interpretar del documento, la sobrina llamó a una conocida que trabajaba en la Inspección General de Justicia y se lo leyó por teléfono. La mujer le dijo: “Busquen un buen abogado ya porque les van a sacar todo”.

-Así empezó la pesadilla de nuestra familia contra el Opus Dei, que ya lleva más de once años-, dice Sebastián Rizzo, sobrino nieto de Noreiko, mientras enciende un cigarrillo en un parque porteño.

Ahora tiene 37 años y desde los 26 se ocupó junto a su mamá y su abuela de seguir la batalla judicial en Salta. Viajó varias veces al norte, porque su abuela pasó allá los últimos seis años de su vida, que fueron los primeros seis de la causa. Y murió sola, lejos de su familia, y con la pelea por la herencia de su hermano inconclusa.

Noreiko era un católico ferviente y formaba parte de la comunidad de la Iglesia del Pilar de la ciudad de Salta, jubilado como supervisor de escuelas, y era además muy conocido porque durante décadas había dirigido la peregrinación del Señor de Sumalao, una fiesta muy popular en esta provincia. Había estado exiliado durante la dictadura militar en Bolivia, era soltero y no tenía hijos. Era hijo de un inmigrante lituano que llegó al norte argentino a principios del siglo pasado, y allí creció con sus hermanas, que más tarde se mudaron a Buenos Aires.

-Eran muy cercanos y el tío venía siempre a pasar las fiestas con nosotros, nos traía regalos. Tenía un buen pasar económico, viajaba a Europa y había invertido en varias propiedades que siempre nos decía que podíamos disponer y nos invitaba-, lo recuerda el sobrino nieto.

Noreiko murió unos días después, tras una operación en la Clínica Santa Clara de Asís. Poco después, su hermana y su sobrina, católicas practicantes y muy creyentes en la Iglesia, escribieron una carta con el detalle de los hechos que entregaron en la sede principal del Opus Dei en la Argentina y que también le hicieron llegar al actual papa Jorge Mario Bergoglio cuando era cardenal de la Ciudad de Buenos Aires. En la carta denunciaban sus sospechas sobre el Opus Dei y anunciaban que irían a la Justicia: “(…) A fin de que en sus estrados se dilucide la verdad real de la voluntad de Francisco que consideramos viciada, máxime teniendo en cuenta que resulta sumamente extraño que no haya sido objeto de su postrera voluntad el beneficiar a su parroquia de toda la vida, a sus seres más queridos y cercanos y/o a cualquier entidad en la que haya participado activamente”.

El proceso judicial se inició en 2009 con una una causa civil y otra penal: los denunciantes piden la “Nulidad” de las actas de donación y piden que se investigue la posible “Administración Fraudulenta”, “Circunvención de incapaz”, “Simulación ilícita y/o fraude a la ley”. Además, piden que también se investigue si hubo “Homicidio Culposo”.

-A Noreiko no solo lo trasladaron de clínica cuando estaba con la columna destrozada, cosa que no se recomienda, sino que estaba privado de libertad, porque estaba inmovilizado con un chaleco y tracción cervical de varios kilos – dice al otro lado del teléfono José Fernando Chamorro, abogado de la familia de Noreiko, desde su estudio jurídico en Salta. Lleva 11 de sus 79 años con este expediente.

Además de las personas involucradas en la firma de los documentos, su querella es también contra la Prelatura de la Santa Cruz y el Opus Dei y el arzobispo salteño Monseñor Mario Cargnello, “que debe responder por el Opus Dei, una de sus organizaciones, lo mismo que por los actos de sus integrantes”.

-Esta causa tiene todas las pruebas que se necesitan y todas las trabas que te puedas imaginar: no se presentaron a declarar, después se negaron a declarar y tres veces que debían declarar se cortó la luz, se perdieron partes del expediente una y otra vez, la cambiaron de juzgado tres veces, resistieron medidas de prueba para no avanzar… Es una vergüenza – dice Chamorro.

Desde la Asociación Cultural del Norte no dan explicaciones. El numerario Matías Amat Lacroix contesta el teléfono en la organización pero dice que no quiere hablar de la causa, que todo pasó hace mucho tiempo y que es el abogado Carlos Cornejo el que sabe. El abogado Carlos Cornejo no atiende los llamados ni responde los mensajes. La oficina de comunicación del Opus Dei en la Argentina rechaza una entrevista para la investigación en varias ocasiones e incluso ante especificaciones sobre esta y otras denuncias del escribano Carlos A. Baldi, que confeccionó el poder y las actas de donación, no hay respuesta al pedido reiterado de entrevista, pero está su declaración judicial:

“Me llama para preparar unas escrituras y pedir todos los papeles previos el Sr. Matías, a comienzos del mes de Octubre de 2008” (…) “una vez que terminé de prepararlas me trasladé hasta el Hospital San Bernardo para que se lleven a cabo las mismas, con estampado del Sr. Noreiko de su dígito pulgar derecho y la firma de personas que estaban en el Hospital como testigos”.

Admite que antes del accidente Noreiko no le había manifestado su voluntad de esta donación. De lo que da fe es de papeles médicos que dicen que Noreiko estaba lúcido, aunque no se le hicieron pericias psicológicas. Y que hubo en ese acto de firma cuatro testigos, aunque en la causa no hay testimonios que avalen en ese acto. Sobre la estampa de la huella dactilar, dice que no sabe quién se lo pidió: “No sé si el firmante a ruego o uno de los testigos le levantó la mano y se puso en las hojas de la escritura, no recuerdo puntualmente pero uno de ellos fue”.

Desde la justicia salteña nadie quiere hablar del caso, pero confirman que “es una causa plagada de incidentes”. Los expedientes cuentan esta historia: la justicia en primera instancia procesó a los firmantes del poder y las escrituras, los testigos y el escribano por falsedad ideológica y circunvención de incapaz. La defensa apeló el procesamiento y la Cámara de Apelaciones falló a su favor. El abogado de la familia de Noreiko presentó un recurso de casación que terminó en la Corte Suprema de Salta, que revocó el fallo de la Cámara de Apelaciones, por lo que la causa volvió a primera instancia. Eso fue en mayo de 2019. Desde entonces no hubo novedades. Chamorro está esperando el fin de la pandemia para poder acceder al expediente. Pero, como ejemplo de lo que no se hizo, dice que ni siquiera se peritó que la huella digital estampada en los papeles fuera la de Noreiko.

-Hicimos de todo en este tiempo: llamarlos para que nos digan algo, les pusimos un pasacalle ahí en la sede central en Recoleta, les mandamos tres Carta Documento: al Arzobispo de Salta, Mario Cargnello, a la Asociación Cultural del Norte y al Opus Dei. Cargnello nos respondió que era un tema del Opus, ‘que no es lo mismo que la Iglesia Católica’ – dice, haciendo el gesto de entrecomillar lo que dice-. El Opus nos respondió que ellos no se responsabilizan por lo que hacen sus miembros.

Hoy, once años después de iniciada la causa, las seis propiedades de Noreiko -todas en la ciudad de Salta y alrededores- están inmovilizadas pero corren distinta suerte: la familia mantiene la posesión de un departamento en la capital; en la finca de La Caldera -a la que iba cuando se accidentó- están los caseros y la familia denuncia usurpación y que actúan a pedido del Opus Dei; la casa de la calle Alsina en la que vivía Francisco quedó abandonada después de la denunciada de la familia por violación de puerta mientras el hombre estaba internado, y los dos terrenos -uno es el predio Campo Quijano- también están abandonados.

-Hay miembros del Opus Dei dentro del Estado y eso es más evidente en Salta: están en la justicia, en la política, en el parlamento. Y si no son ellos, son otros que les tienen miedo a ellos o en los que influyen – dice Chamorro, que además de abogado fue diputado provincial por la Unión Cívica Radical.

Chamorro apunta a la esencia del Opus: la condición laica de sus miembros numerarios y agregados aun cuando tienen compromisos de vida equivalentes a los de los religiosos: castidad, pobreza y obediencia. Esa laicidad jurídica les permite ejercer todo tipo de cargos en la sociedad civil: son jueces, directores de empresa, periodistas, escribanos, políticos, médicos, psiquiatras y profesores en instituciones públicas.

Para el abogado, ese poder es la única razón de la demora: cuando la causa promediaba cinco años, y el expediente no avanzaba hizo un pedido formal al Poder Judicial salteño para que sus magistrados informaran si eran parte del Opus Dei.

-Me respondieron que no lo iban a informar, en nombre de la libertad religiosa. Y ahí sigue la causa – dice Chamorro.

La Asociación Cultural del Norte, a la que se transfirieron las seis propiedades de Francisco Noreiko, tiene su sede principal en la ciudad de San Miguel de Tucumán y varias propiedades distribuidas en esa provincia. Pero tiene también una sede en Salta: en la misma manzana que ocupa el Bachillerato Humanista Moderno, en pleno centro de la ciudad, propiedad del Arzobispado a cargo de Mario Cargnello. La entrada de la institución educativa es en el 680 de Mitre y la de la asociación civil es el 660.

Creada en 1981, la ACN fue parte de la segunda etapa de expansión de la Prelatura de la Santa Cruz y el Opus Dei en Sudamérica. “La Obra” creada en 1928 en España por el cura Josemaría Escrivá de Balaguer desembarcó en Chile y Argentina casi al mismo tiempo, a mediados del siglo pasado. De allí fue a Uruguay. Y en la década de 1960 fue cuando se crearon muchas de las asociaciones civiles que nuclean las iniciativas apostólicas: emprendimientos educativos, residencias universitarias, clubes y centros culturales.

Tan rápido creció en ese tiempo que el fundador visitó Santiago y Buenos Aires en 1974. Todavía no tenían la figura jurídica de Prelatura Personal, la única de la Iglesia Católica, que les otorgó el papa Juan Pablo II en 1982 y que les permitió manejarse con una autonomía excepcional, distinta de la que tiene una orden o una congregación, y bajo sus propios estatutos.

Hoy en la Argentina, son al menos 17 las asociaciones civiles ligadas al Opus Dei, y de ellas dependen unas cincuenta instituciones en todo el país. Pero en los registros declarados figuran como propietarias de más de cien inmuebles, entre ellos varios son predios y edificios enteros en los barrios más caros de Buenos Aires y cuestan varios millones de dólares. El Opus Dei insiste en que no tiene bienes propios y que todas estas son iniciativas apostólicas de sus miembros a los que ellos sólo prestan asistencia espiritual (ver Dónde está el Opus Dei).

El mismo esquema de funcionamiento se reproduce en Uruguay , en Chile y en los otros 65 países en los que funciona. Es difícil saber hoy cuántos miembros tienen. Aunque oficialmente ellos declaran que son unos 90 mil, de los cuales solo 2 mil son religiosos y el resto “cristianos corrientes en medio del mundo”.

Los laicos son los que mantienen el funcionamiento de la Obra: numerarios y agregados entregan su trabajo en el mantenimiento de los centros residenciales o el fruto de su trabajo -salario- si ejercen su profesión fuera. Pero además, unos y otros al ingresar deben despojarse de todas sus posesiones para cumplir con el compromiso de pobreza. No son obligados a entregarlos a la institución, pero sí son invitados a hacerlo bajo el argumento de que el Opus es su “nueva familia” (ver Mi único heredero).

La metodología de recibir donaciones es habitual en organizaciones religiosas, pero el Opus Dei tiene “esa especialidad”. Lo dice Gustavo, un exnumerario que hoy es un reconocido abogado en Buenos Aires. Como casi todos los que dejaron la Obra, usa un seudónimo para hablar y para las publicaciones que hace. Estuvo una década dentro y salió en 1998.

-Había un sacerdote que identificaba a personas mayores con plata y sin herederos entre los cooperadores y en especial cooperadoras. Y entonces nos mandaban a visitarlas y tomar el té. Las acompañábamos en su vejez y las convencíamos de que lo mejor era dejarle a la Iglesia sus propiedades.

Gustavo es uno de los autores de un documento -Aspectos Críticos de la praxis del Opus Dei- que firmó una decena de ex numerarios argentinos en 2014 y que entregaron a las más altas autoridades de la Iglesia en Buenos Aires y también al papa Francisco -lo tomó el asistente que estaba al lado- en una audiencia en Roma en 2015.

Hasta hoy no hubo respuesta.

Hay una historia que conocen todos los ex numerarios de Buenos Aires: la del edificio de la Avenida Santa Fe 825. Dentro lo llaman “Esmeralda” -nombre de la calle lateral-: son cinco pisos de lujo que pertenecían a dos mujeres, María Rosa de Massaro y su hija Diana, que vivieron allí hasta que se murieron. Empezaron donando uno de los pisos, luego el otro que estaba en alquiler, y el siguiente. Hoy funciona como centro residencial de miembros del Opus y es propiedad de la Asociación para el Fomento de la Cultura, una de las primeras que tuvieron en la Argentina, creada en 1961, y que tiene una veintena de edificios y departamentos en Buenos Aires.

En uno de esos edificios, en la calle Austria al 2300, vive Elina Gianoli Gainza. Tiene 80 años y es una de las numerarias de más alto rango del Opus Dei en Sudamérica, heredera de una de las familias más ricas de Chile y a la vez una de las familias más emblemáticas del Opus Dei en la región: los Gianoli Gainza no sólo fueron uno de los clanes que más ayudó a la entrada y expansión en Santiago de Chile y en Uruguay, sino una de las familias que más millones de dólares les dio en Santiago y Montevideo.

María Luisa Gianoli Gainza es hermana de Elina. Es viuda, tiene 85 años, ningún hijo y un patrimonio declarado en unos 20 millones de dólares, pero estimado por inventario judicial en cinco veces más: unos 100. Tuvo varias internaciones psiquiátricas y lleva al menos una década encerrada en una clínica especializada en Montevideo con deterioro cognitivo, según el diagnóstico. La terapia con electroshock y los antipsicóticos que recibió desde joven para tratar su esquizofrenia precoz hicieron estragos en ella.

Cuando muera, toda su fortuna irá a la Asociación Cultural y Técnica, una de las principales asociaciones civiles ligadas al Opus Dei en Uruguay y a la que en su testamento nombra su “universal heredera”. Además, el documento deja entre 10 y 50 mil dólares a varios familiares y 100 mil dólares más a una congregación de monjas. También cifras similares a algunos empleados y ex empleados: uno de los beneficiados es el psiquiatra uruguayo y numerario Alexander Lyford-Pike, director del Instituto de Psiquiatría y Psicología de Montevideo, clínica en la que recibió atención durante muchos años María Luisa. Ni en la residencia del Opus Dei en la que vive ni en la clínica ni en su Whatsapp, Pike responde los requerimientos de entrevista.

El testamento se firmó el 15 de noviembre de 2000 en Montevideo frente al escribano Alberto Vázquez Dendi -fallecido-. Siete años antes, en 1993, se había firmado el primero frente a la escribana Paulina del Castillo, que tenía otra “universal heredera”: la Fundación Chilena de Cultura, también ligada al Opus pero de Santiago de Chile. Los dos escribanos pertenecieron al estudio jurídico y notarial Pérez del Castillo y también a la Obra.

Veinte años después, en un día de casi 40 grados, en el living de un departamento de San Isidro, un barrio de clase alta en las afueras de la Ciudad de Buenos Aires, se reúnen cuatro de los once hermanos Gatica Gianoli. Son los hijos de Carmen Gianoli Gainza, la hermana mayor de María Luisa, declarada incapaz por la justicia uruguaya en 2010, y la numeraria Elina, quien fue su curadora desde esa declaración y hasta 2017. Tienen entre 48 y 70 años y son los que encabezan el reclamo contra su familia ante la justicia uruguaya.

Los sobrinos Gatica Gianoli denuncian “abuso patrimonial” de su tía Elina sobre su tía María Luisa. Y quieren cobrar su herencia: la parte que tendría que haber recibido su madre de la fortuna familiar que empezó a gestar el abuelo Cirilo Gianoli hace un siglo en Chile, cuando llegó como cónsul uruguayo y se sumó a la empresa de su hermano Antonio. Primero tuvieron una exportadora de ajos y frutas; luego ampliaron los negocios y se consolidaron en la industria minera y metalúrgica con la compañía Carbomet (Carburo Metalúrgica), que se convirtió en Molibdenos y Metales (Molymet), la principal procesadora de molibdeno del mundo hasta hoy. Lo hicieron en sociedad con otros dos grupos familiares poderosos de Chile: el de los Mustakis y el de los aún más poderosos Matte, que está entre los clanes conocidos como los “dueños de Chile” y también pertenece al Opus Dei.

Los cinco hijos del matrimonio entre Cirilo Gianoli y Elina Gainza nacieron y crecieron en Chile. Tras la muerte de Cirilo en 1946, la viuda y el único varón de los hijos, Sergio, manejaron las empresas y se vincularon con el Opus Dei, que recién había desembarcado en el país. Era 1950.

-El Opus Dei fue parte de nuestra vida desde que nacimos. Nuestra casa de Santiago, en la que crecimos, fue la primera casa de mujeres de la Obra en Chile, porque nuestra abuela inició la rama femenina del Opus ahí y también después en Montevideo – cuenta Felipe Gatica Gianoli, uno de los más jóvenes de los sobrinos que reclaman su herencia

Dicen que su madre, la mayor de los cinco herederos, fue marginada de la familia cuando se fue a Francia a parir a su primer hijo. Recién casada con el veterinario chileno Mauricio Gatica Becker, que trabajaba en centros de formación rural de la Obra en Chile, volvió un año después y tuvo once hijos más -uno murió-. Fue la única parte de la familia que quedó ahí mientras todo el resto se instaló en Montevideo. Nunca se recompuso el vínculo de Carmen con sus hermanos ni su madre y ya no participó de las empresas familiares. Los criaron en Chile hasta la llegada de Salvador Allende al gobierno, en 1970, cuando salieron del país y, tras un breve paso por Uruguay, se radicaron en Bella Vista, provincia de Buenos Aires.

-Mamá tenía también problemas psiquiátricos de los que nunca se trató. Por orgullo y enojo, nunca reclamó nada de lo que le correspondía de herencia. Y por eso, mientras nuestra familia en Uruguay vivía en la riqueza, nosotros crecimos sobreviviendo – agrega Felipe.

Cuando Felipe dice sobrevivir, entre todos cuentan las carencias: dormían de a dos en una cama, su casa estaba derruida, pasaban frío, la mayoría de las comidas las tenían en el club o algún centro del Opus Dei que los becaba. O en los veranos, porque la abuela los invitaba a pasar la temporada en su casa de Punta del Este, primero a los tres mayores y después a todos. Para ellos, era como ir a Disney, cuentan: el único momento del año en el que tenían las cuatro comidas y tomaban chocolatada todos los días.

A pesar de la pelea familiar, su madre fue supernumeraria hasta la muerte. De hecho, murió en 1985 en La Chacra, una de las “iniciativas apostólicas” históricas de la Obra en Bella Vista, y donde se alojó Josemaría Escrivá en su visita a Buenos Aires, en 1974. Todos los Gatica Gianoli estuvieron allí escuchando las palabras del hoy santo de la Iglesia Católica.

Después de la muerte de la abuela, en 1989 -cuatro años después que su hija Carmen-, creyeron que iban a heredar lo que les correspondía: pero entonces solo recibieron 35 mil dólares cada uno a modo de “regalo de la abuela”. Quisieron iniciar la sucesión pero muy pronto se dieron cuenta de que los hermanos de su madre no estaban dispuestos a hacerlo. Empezaron las tensiones familiares con sus tíos y primos a cargo de las empresas, que les dieron 3.5 millones de dólares para los once a cambio de la firma de un contrato.

-La tía María Luisa siempre estuvo enferma. Y cuando murió nuestra abuela, que era la que la cuidaba, la tía Elina fue la que se hizo cargo de todo y manejó su patrimonio. Todos sabíamos de su incapacidad, así consta en la historia clínica de ella, de los certificados de los médicos psiquiatras que la trataron y aún la tratan – dice Tomás.

Recién en 2009 Elina y sus otro hermanos solicitaron la incapacidad de María Luisa Gianoli, con diagnóstico de psicosis de tipo esquizofrénica desde su juventud, y su hermana Elina fue nombrada curadora en 2010.

Antes de ir a los tribunales, intentaron por varias vías acordar con su tía Elina y pidieron al Opus Dei que intercediera. En 2016, tras la publicación de la segunda edición del libro El imperio del Opus Dei en Chile, de la periodista chilena María Olivia Monckëberg, supieron que el dinero de la familia no sólo era mucho más, sino que el rompecabezas de empresas y movimientos estaba atravesado por miembros del Opus Dei en Chile y Uruguay y que buena parte del dinero ya había ido a parar a la Obra en distintos actos de beneficencia. Los sobrinos entonces buscaron abogados en Uruguay y decidieron ir a la justicia: la sucesión tenía que iniciarse allí.

Los procesos judiciales iniciados por los sobrinos en Montevideo acumulan decenas de páginas de diagnósticos así como las reiteradas internaciones en clínicas psiquiátricas especializadas, el tratamiento con electroshock, y las cartas de su abuela de puño y letra -la madre de María Luisa- en la que cuenta avances y retrocesos de su hija y la atención que recibió de psiquiatras del Opus Dei. Además, la demanda penal señala que se realizaron “donaciones prohibidas de los bienes de la incapaz”, que Elina como curadora no realizó un inventario completo y estimativo de los bienes de su hermana en forma fidedigna y legal y, entre otros hechos, que jamás realizó rendición de cuentas en debida forma.

A raíz de las irregularidades detectadas, en diciembre de 2017 la justicia uruguaya la removió del cargo y nombró un curador interino que está revisando todas las cuentas de María Luisa para reconstituir su patrimonio real.

-El Opus Dei sabe. Claro que sabe, desde el comienzo – dice Tomás, uno de los menores. Es el que más rápido se decepcionó del Opus Dei y no tiene ninguna esperanza de que la institución haga algo si no es obligada por la vía judicial.

Además de revisar el testamento de su tía, los sobrinos de María Luisa Gianoli quieren que la justicia uruguaya revise 14 donaciones hechas en los últimos años por varios millones de dólares: presentaron pruebas de que, además de su incapacidad manifiesta, al menos ocho actos de donación se hicieron mientras estaba en internaciones psiquiátricas: algunas fueron para personas particulares y varias para instituciones del Opus Dei, como dos de 200 y 500 mil dólares a la Universidad Della Santa Croce en Roma, donde Elina Gianoli Gainza presentó su cátedra en la Facultad de Comunicación en 2018. Entre los objetivos, señaló que era darle apoyo al Proyecto Familia & Media, el think tank internacional del Opus Dei que analiza la relación entre familia, medios y sociedad

Hace unos años Elina era la segunda mayor benefactora en la historia de la Universidad de Los Andes, en Chile. Según una investigación publicada el año pasado por Pauta, su lugar actual es el décimo y su aporte suma más de 9 millones de dólares. En agradecimiento, el Aula Magna de esa universidad, que a la vez es una de las más caras de Chile, lleva el nombre de su madre, la abuela Elina Gainza de Gianoli. Ella, junto al numerario español José Enrique Diez, fueron impulsores de la fundación. A él, la Universidad le agradece con su nombre en la Biblioteca Central. Para los sobrinos, Diez fue el primer “agente” del Opus Dei adentro de las empresas familiares y el socio de su tía Elina y su tío Sergio en el manejo de las sociedades offshore -ambos aparecen en los Panamá Papers – y hasta una ONG en Suiza. También señalan a los numerarios José Domingo Arnaiz y Gonzalo Ibáñez Langlois y piden explicaciones a la institución.

-Uno de los hallazgos es que María Luisa le dio un préstamo a una asociación del Opus de 1,8 millones dólares que Elina le iba a devolver como renta en cuotas. Pero nunca pagó esa renta – dice Felipe.

En mayo de 2018 el Juzgado Letrado de Familia N°23 de Montevideo removió a la numeraria Elina Gianoli como curadora y argumentó: “Existe peligro de lesión de los intereses de la incapaz, que prima facie se encuentran en contraposición con los de su curadora Sra. Elina Gianoli”. Entre los argumentos de la querella, nunca debió ser curadora de su hermana incapaz porque era su deudora; tampoco ser su socia en sociedades -entre otras irregularidades para ese rol-: de la documentación analizada surge que se llegaron a dividir sociedades comerciales con María Luisa sin designar curador y que se habrían distribuido millones de dólares sin control judicial.

En 2019, los hermanos Gatica Gianoli consiguieron una audiencia con el Opus Dei. Los recibió el sacerdote Fabricio Melchiori, vicario delegado para Buenos Aires. Fueron con los abogados. Le contaron todas las carencias por las que habían pasado, que nunca se hizo una sucesión y que su madre nunca recibió su parte de la herencia, así como también el abuso que se estaba cometiendo con la tía María Luisa.

“Este es un tema familiar. El Opus Dei no se hace responsable de lo que hacen sus miembros”, les respondió Melchiori. Lo mismo que le dijeron a la familia de Francisco Noreiko.

-Yo quiero a la Obra y valoro la formación que nos dio. Mi fortaleza espiritual y lo que soy es gracias a esa educación. Por eso me duele que el Opus no pueda ver que está amparando a quienes desde adentro hacen daño – dice una de las dos únicas mujeres de los once hermanos, y la que mantuvo su pertenencia como supernumeraria. Otros dos hermanos fueron miembros numerarios pero se fueron.

Todavía queda un largo proceso y poco tiempo. Por un lado, el Opus Dei deberá enfrentar una batalla judicial para recibir la herencia de María Luisa, y por otro los Gatica Gianoli deberán enfrentar otra para obtener la parte de la herencia que dicen que les corresponde de su madre. Para eso, están analizando la historia de las empresas familiares, que tienen sede no sólo en Chile -hay al menos una decena de sociedades en Panamá- y que multiplicarían la fortuna Gianoli en cientos de millones de dólares: según el inventario en proceso, los 20 millones que Elina declaró ante la justicia como patrimonio de su hermana María Luisa serían en realidad al menos 100.

Según consta en la denuncia judicial, Elina tiene domicilio formal en Aceña, uno de los centros del Opus Dei en San Isidro, provincia de Buenos Aires, pero vive en la residencia de la calle Austria, en el barrio porteño de la Recoleta, desde hace un tiempo. Antes, pasó muchos años a cargo del Centro Cultural Nabla en Rosario, entre otros. Pero no fue posible hablar con ella por teléfono.

-Nuestra madre por lo menos debería tener lo mismo. Pero además estamos viendo que hay varias sociedades en Panamá y hasta una ONG en Ginebra a nombre de la tía Elina y un numerario del Opus Dei – dice Felipe.

El objetivo es llevar el reclamo hasta Roma, donde el Opus tiene a sus representantes máximos y a donde reportan los 68 países en los que tiene sedes: allí está ahora como primero en el orden de sucesión de la Prelatura el argentino Mariano Fazio, a quien nombró el papa Francisco y al que algunos de los hermanos Gatica Gianoli conocen. La fe en él está dividida: algunos de los hermanos creen que desde la cúpula podrían hacerle cambiar la actitud a la tía Elina; otros creen que si hasta hoy no hicieron nada, no lo van a hacer sino es porque la justicia llega hasta ellos.

Para esta investigación se pidió entrevista al Opus Dei en varias ocasiones para su testimonio sobre estas causas judiciales, pero no aceptó.

Capítulo II: ¿Dónde está el Opus Dei?

Aunque el Opus no tiene propiedades directamente, a través de sus asociaciones acumula un verdadero imperio inmobiliario. En Argentina tiene 17 asociaciones civiles manejadas por miembros, de las cuales dependen sus iniciativas educativas, culturales y sociales. Desde una mansión en la playa a varios edificios en el barrio más caro de Buenos Aires, son más de un centenar de propiedades millonarias.

En el 1950 de la calle Vicente López, en el barrio de la Recoleta, una de las zonas más ricas de la Ciudad de Buenos Aires, hay una casa de dos plantas de ladrillos y tejas grisáceas de estilo europeo que ocupa un frente de 25 metros. En la puerta de entrada, sólo hay un timbre y una placa de bronce que dice “Centro de Estudios Universitarios (CUDES)”.

Allí funciona, además de un centro educativo con cursos y actividades de extensión destinadas a estudiantes universitarios, la sede de la Vicaría Regional, que es la autoridad máxima del Opus Dei en Argentina, Bolivia y Paraguay y reporta directamente a la Prelatura, en Roma. Pero nadie que pase por la puerta lo sabrá: no hay ningún cartel que diga Opus Dei, ni Prelatura de la Santa Cruz y el Opus Dei.

Como no la hay en ninguna de las más de cien iniciativas apostólicas en todo el país ni menos aún en las propiedades en las que funcionan las al menos 17 asociaciones civiles, de las que dependen estas iniciativas.

En lo formal, el Opus Dei dice que esos emprendimientos no le pertenecen y que solo les presta asistencia y guía espiritual: “Las obras de apostolado corporativo son promovidas por fieles del Opus Dei y cooperadores, junto con otras personas, y tienen la garantía moral de la Prelatura, que se encarga de su orientación cristiana. Son iniciativas de carácter civil, sin ánimo de lucro y con una finalidad apostólica y de servicio”, informa en la página web, que es además lo que dio como respuesta ante el pedido de una entrevista.

Hacia adentro, quienes son y fueron miembros aseguran que “esas asociaciones son el Opus Dei”. Lo explica el exnumerario Esteban López del Pino, que además fue vocero de la Obra entre 1996 y 2005:

-Cada institución educativa ligada al Opus está ligada a una asociación civil o fundación, que son aquellas a las que se realizan las donaciones. En esto el Opus sigue la línea impuesta por la Iglesia, porque si no está todo en regla, puede perderse.

Cada asociación civil tiene su propia administración, pero todo se centraliza. López del Pino dice que es el departamento legal del Opus Dei el que lleva el control de los papeles.

La información, la documentación, las finanzas están en Vicente López 1950. Y las decisiones también. Desde allí se informa directamente a Roma. Todo el país se administra a través de dos consejos: uno de varones, llamado la Comisión Regional —que también funciona en ese edificio—, y otro de mujeres, la Asesoría Regional, que desde 2001 está a la vuelta, sobre la calle Ayacucho al 1600.

En esa misma dirección tiene su domicilio legal la Asociación para el Fomento de la Cultura (AFC), la primera que el Opus estableció en la Argentina -en 1961- y la que más iniciativas apostólicas tiene en el país: en siete provincias, una docena de residencias universitarias, centros de formación y casas de retiros. Según declara ante la Administración Federal de Ingresos Públicos, tiene una facturación anual estimada de entre 70 y 350 millones de pesos, que a la fecha de su último balance equivalía a entre 2 y 10 millones de dólares.

Esa cifra es superior a la que declara la mayoría, un promedio menor al millón de dólares. Pero es menor que la que declara, por ejemplo, otra de las 17 asociaciones civiles ligadas: la Asociación Civil de Estudios Superiores (ACES), que está detrás de la Universidad Austral, la más conocida de las instituciones educativas del Opus en Argentina, de prestigio académico y la única a la que en los medios se asocia a la Prelatura. Declara una facturación de entre 350 y 1700 millones de pesos (entre 7 y 40 millones de dólares en 2019).

La Austral es una de las más de diez universidades asociadas que tiene el Opus Dei en distintos países, desde la pionera universidad de Navarra, en España, a la de los Andes en Chile y la de Montevideo en Uruguay. También hay una red de escuelas de negocios o también llamadas “de gobierno”: la de Argentina es la IAE.

“El Opus Dei tiene una estructura análoga a la de los jesuitas: tienen colegios, universidades y acá también hospitales, y están vinculados con el mundo profesional: tienen gente y una red de vínculos en el poder judicial, en el poder financiero, en los gobiernos provinciales. ¿Y qué hacen? Influir en el mundo”, dice un ex numerario y actual juez que estuvo cinco años dentro de la Obra, mientras era estudiante de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.

Estas dos son las más importantes de las 17 asociaciones civiles ligadas a la Prelatura de la Santa Cruz y el Opus Dei en la Argentina que esta investigación pudo rastrear: el Opus Dei no las informa, y solo de algunas aparecen sus nombres publicados en la web oficial. Menos aún están listadas sus más de 100 iniciativas apostólicas y al menos 140 propiedades.

El Opus Dei afirma que, como no tienen ánimo de lucro, estas asociaciones civiles con frecuencia son deficitarias: “suelen recibir —además de los ya mencionados donativos de fieles del Opus Dei, de cooperadores y de otras muchas personas— subvenciones oficiales que las autoridades públicas prevén para las actividades de interés social, así como ayudas de fundaciones privadas y empresas”.

¿Por qué asociaciones civiles? En la Argentina, la Iglesia Católica es considerada -por una ley del gobierno dictatorial de Juan Carlos Onganía- una institución pública. Esta figura jurídica, que no se modificó con la reforma del Código Civil en 2015, le da una categoría diferencial respecto del resto de las religiones, que deben inscribirse primero en el Ministerio de Culto de la Nación. Pero todas pueden formar asociaciones civiles, que son figuras jurídicas privadas para desarrollar tareas que “contribuyen a la comunidad en general o a las mejores condiciones de la vida social”.

-Grupos de fieles de cualquier religión pueden organizarse y formar una asociación civil con fines educativos, culturales, etc. No hay restricción en el vínculo con la Iglesia, e incluso la asociación puede estar integrada por religiosos – explica la contadora Estefanía Di Bella, jefa del Departamento Control Contable de Entidades Civiles de la Inspección General de Justicia (IGJ).

El principal beneficio, agrega la funcionaria, son las exenciones impositivas: no pagan impuestos, pueden tener patrimonio sin límites y solo tienen que explicar el origen y licitud de las donaciones o aportes a través de una declaración jurada si reciben más de 400 mil pesos mensuales por donante -según la última resolución de la IGJ-. Todas deben presentar balances anuales y el control pertenece a cada jurisdicción, ya que el organismo de inscripción y registro está federalizado: en la Ciudad de Buenos Aires es la IGJ y en el resto de las provincias el organismo equivalente.

-Pueden hacer las actividades que estén previstas en el objeto social declarado en su estatuto. Lo que no pueden hacer, entre otras cosas y obviamente por su propia naturaleza, es distribución de dividendos. Y tienen restricciones para adquirir acciones de sociedades comerciales.

La Prelatura de la Santa Cruz y el Opus Dei es también una asociación civil y es la única de todas que sí está inscripta en servicios religiosos. La dirección es Vicente López 1950 y a su nombre está registrada la marca Opus Dei desde 1997. Según el Instituto Nacional de la Propiedad Intelectual (INPI), el registro es en los rubros de papelería e imprenta; en publicidad, gestión de negocios comerciales, administración comercial, trabajos de oficina; educación, formación, esparcimiento, actividades deportivas y culturales. Y uno más: seguros, negocios financieros, negocios monetarios y negocios inmobiliarios.

Una de las iniciativas apostólicas emblema de la Obra es la Casa de Retiros La Chacra, un predio verde de más de una manzana ubicado en Bella Vista, provincia de Buenos Aires. Allí además funcionó la sede histórica del Instituto de Capacitación en Estudios Domésticos (ICIED), luego rebautizado como ICES, conocida entre las personas de la Obra como “la escuela de mucamas”: por ahí pasaron casi todas las “numerarias auxiliares”, las que se ocupan de las tareas domésticas en los centros residenciales y que tienen iguales compromisos de castidad, pobreza y obediencia que el resto de los numerarios y numerarias. Ninguna recibe un salario.

–El Opus Dei se piensa a sí mismo como una ‘gran familia’, sin fronteras, de alcance internacional.Por lo tanto ningún Estado tendría competencia para inmiscuirse en el circuito económico interno de la prelatura – dice E.B.E., exnumerario durante tres décadas en la ciudad de La Plata y autor de El Opus Dei como revelación divina, un libro de 600 páginas en el que indaga no solo en los fundamentos teóricos y religiosos, sino que revela la estructura de funcionamiento, algo que también puede leerse en sus escritos públicos de la web OpusLibros.

Como la mayoría de los exnumerarios, E.B.E. no da su verdadero nombre y lo explica con paciencia en un encuentro en persona una mañana de verano en la ciudad de La Plata. Habla pausado y su formación filosófica se entrelaza con los cientos de datos e información que acumula sobre el Opus Dei. Aún así, como a la mayoría, le cuesta definirlo. Por eso, para la tapa de su libro eligió la pintura La torre de Babel, de Pieter Brueghel El Viejo.

-El sistema de asociaciones civiles es fundamental, entre otras cosas, para que los bienes que tiene le pertenezcan sin pertenecerle. Y que no sean bienes de la Iglesia. Frente al Estado, el Opus Dei no posee nada, pero frente a sí mismo, el Opus Dei recibe donaciones y dineros que son otorgados en razón de los aparentes fines para los cuales esas asociaciones se han establecido. Así, ellos se pueden decir solo espirituales, mientras trabajan para expandir su patrimonio.

Capítulo III: Mi único heredero es Dios

Los numerarios y agregados, miembros célibes del Opus Dei, mantienen una vida de obediencia hacia la orden a cambio de asistencia y desarrollo espiritual. También tienen compromiso de pobreza, que implica deshacerse de sus posesiones presentes y futuras cuando ingresan: deben hacer un testamento y la recomendación es que sea en favor de la institución, entregar su salario si trabajan fuera de la Obra y no reciben nada si trabajan dentro. Además, siguen un plan de vida que los ex miembros denuncian como alienante y sectario.

María Cecilia recuerda muy bien el día en el que la sentaron en la oficina del centro residencial al que acudía habitualmente y le dieron una hoja de papel romaní, un bolígrafo y un texto que debía copiar. Tenía 21 años recién cumplidos:

“Profiero ante todo creer y confesar cuanto cree y confiesa mi Santa Madre la Iglesia Católica Apostólica y Romana, a cuya suprema autoridad someto las obras y actos todos de mi vida (…) Dispongo que a mi muerte se me amortaje en una sencilla sábana blanca (…). Instituyo heredero universal sin limitación de ningún género a la Asociación para el Fomento de la Cultura”.

Le llevó un largo rato redactar las dos páginas del testamento ológrafo -de puño y letra- en el que dejaba todo cuando fuera a heredar a la asociación civil pionera del Opus Dei en la Argentina, dueña de varios colegios y residencias. El momento de la firma no era un paso más en el camino a la santidad en la vida ordinaria, la promesa que el Opus Dei les hace a quienes deciden ingresar, sino uno de los tres principales compromisos que “la Obra” fundada por el cura y santo de la Iglesia Católica Josemaría Escrivá de Balaguer en 1928 les pide a cambio: la pobreza. Los otros dos son castidad y obediencia.

Hacer el testamento y ponerse el anillo de oro -que deben comprar por su cuenta, que casi siempre es la de sus padres porque al ingresar son muy jóvenes- son los dos últimos pasos técnicos antes del trámite que los incorpora de manera oficial a la institución y que también requiere –apenas se ingresa- de una carta de admisión dirigida al Prelado -máxima autoridad con sede en Roma- y una serie de informes que los superiores ponen en manos del prelado llamados “informes de conciencia”: se hacen con base en conversaciones íntimas que han tenido con el candidato o aspirante y al seguimiento de su trayectoria.

El documento de incorporación se llama “Fidelidad” y es un contrato de vinculación de por vida con el Opus Dei que firman todos los miembros numerarios y agregados varones y mujeres -entre las mujeres hay dos categorías: las numerarias a secas, que tienen tareas de administración o son profesionales, y las auxiliares, que cumplen tareas de servicio doméstico y cocina-. Se hace siempre cuando la persona es mayor de edad, pero no recién llegada: el grueso de los miembros “entra” (“pita”) en la adolescencia -a los 14 o 15 años- pero solo con la mayoría de edad pueden legalizar su pertenencia (“la vocación”). Ahí es cuando los numerarios se mudan a un centro residencial de la Obra.

Lucrecia fue numeraria auxiliar del Opus Dei durante casi dos décadas. A principios de los 80, cuando la Obra estaba en pleno apogeo, se acercaron a sus padres en un pueblo del interior de Paraguay y les dijeron que le iban a dar educación y trabajo. Desde Asunción la trajeron a Buenos Aires y fue directamente a trabajar a un centro residencial de hombres.

A las numerarias auxiliares, que trabajan por techo y comida, también les hacen firmar el testamento. Cuando se lo pidieron, Lucrecia se negó a ponerlo a nombre de la AFC.

Todo lo que tenía su familia era un terreno para compartir con varios hermanos y prefirió hacerlo a nombre de uno de ellos.

-Me enloquecieron. Me decían: “Si vos te casás, ¿no le dejarías tu herencia a tu marido y a tus hijos? Ahora tu familia es la Obra. ¿Quién te va a cuidar? ¿Dónde vas a vivir?”.

No para todos los numerarios la firma del testamento tiene esa carga. Algunos lo recuerdan como algo más de lo que había que hacer. E incluso lo aprueban como parte de la decisión que tomaron al momento de ingresar en la Obra:

-Si vos hacés un compromiso de pobreza, es coherente que tengas que desprenderte de todo. Es lo mismo que entregar el salario. Si algún día me doliera dar parte de mi sueldo a la obra, lo dejaría de hacer y me iría – explica Juan, numerario español que lleva cuatro décadas en la Obra.

Los supernumerarios son la tercera categoría de miembros en cuanto a los compromisos, pero son los más importantes y la mayoría: representan un 70 por ciento de toda la estructura y cada vez tienen más protagonismo, porque cada vez ingresan menos numerarios.

Estos “colaboradores” suelen tener alto poder adquisitivo y buenos vínculos en la política, la justicia y el mundo empresarial. Aportan dinero, proporcional a sus ingresos, consiguen más cooperadores y aportantes y sostienen la red de contactos. De sus familias muchas veces llegan vocaciones de numerarios o agregados.

-Los numerarios son los obreros y los supernumerarios son parte de la elite dirigente de esto, que es una mezcla de secta con multinacional y partido político – define la exnumeraria María Cecilia.

A todos les cabe la “vocación laica”: el llamado de Dios no es a ser religiosos y el Opus Dei no se reconoce una orden religiosa. A tal punto construye toda su estructura sobre esa base en que hasta los sacerdotes son considerados laicos que reciben ordenación sacerdotal y se consideran iguales al resto.

-Es uno de los temas teológicos muy mal resuelto en el Opus Dei y lo que más me confundió cuando entré. Se quieren diferenciar de los religiosos y dicen que son laicos, pero yo ahí adentro pensaba: vivo la castidad, vivo la obediencia, que era terrible, y vivo la pobreza. Y renuevo todos los años estos compromisos. ¿Qué laico hace esto? – dice Rodolfo, un exnumerario que hoy es juez y que estuvo cinco años en la Obra.

Flavia Dezzutto fue agregada en Rosario entre 1982 y 1987 (desde los 14 hasta los 19 años). Aún siendo hija de una supernumeraria, le aconsejaban no comentarle a la familia que había ingresado.

-El argumento que daban era que las familias podían estar en desacuerdo con algunas de las exigencias dentro del Opus y, bajo la idea de que no perturbe la “vocación”, lo mejor era no comentar.

Cuando finalmente se animó a contar lo que había vivido dentro, la madre -que era cooperadora – lo dejó.

Salió mucho más rápido que el promedio de los numerarios y numerarias, que pasan entre 20 y 30 años dentro, y a veces hasta 40 o 50. Pasado ese tiempo, es muy difícil salir, porque si la tarea fue dentro de la Obra no tienen nada: quienes ejercieron su profesión fuera pueden seguir ejerciéndola y tener un salario -el que antes entregaban-, pero quienes trabajaron dentro no sólo no cobraron un peso por su tarea sino que jamás tuvieron aportes como para poder aspirar a una jubilación. Si fueron obedientes, todos entregaron sus posesiones.

-El Opus Dei no tiene nada a su nombre, no existe. No hay ningún papel de que pasé por la institución, nunca me dieron copia de la admisión, por ejemplo. Con esto se relaciona la creación de asociaciones civiles que administran los colegios y otras iniciativas – dice Dezutto.

Hoy tiene 52 años e hizo una vida fuera y lejos de la Obra. Es decana de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Córdoba. Por eso, dice, se anima a revelar su identidad. Y entiende que su historia es excepcional: a la mayoría de los exmiembros, además del proceso personal de salida que suele ser con depresión y una crisis existencial, no les resulta fácil de explicar la vida adentro y muchos tienen temor.

-Hay una persecución que se inicia cuando entrás en crisis: uno entró ahí porque sintió un llamado de Dios. No es que te vas como si renunciaras a un trabajo. Salís destruido: no sólo porque te das cuenta de que pasaste la mitad de tu vida o más, porque eso es después. Te destruyen antes de salir: la medicación psiquiátrica y la presión de los directores espirituales pueden ser terribles – dice María Cecilia.

Otros arguyen otras razones: forman parte de familias que siguen creyendo en la Obra, tienen amigos dentro, no quieren dar explicaciones. Y hasta sostienen que si cuando fueron parte no lo dijeron, para qué hacerlo cuando ya no están. El desarrollo profesional posterior es también una razón: hasta el exvocero del Opus Dei, López del Pino, admite que tuvo problemas en su trabajo por su paso público por la institución.

En 2002, tras la canonización de Escrivá de Balaguer, se creó la página web Opus Libros. Bajo el lema “Gracias a Dios ¡nos fuimos!”, con cientos de miembros y miles de testimonios, reúne detalles y anécdotas más íntimos de la vida de la institución más secreta de la Iglesia, con reglas de vigilancia y mandato de callar, como lo dice en Discreción, uno de los capítulos centrales de Camino, el libro fundacional del Opus Dei en el que Escrivá condensó en 999 “consejos” la misión de la obra y el “plan de vida”: las reglas que cada miembro debe seguir: “De callar no te arrepentirás nunca: de hablar, muchas veces”.

Contra la publicación de los testimonios, el Opus Dei no pudo hacer nada. Pero sí logró vía demanda judicial que la directora y la creadora de la web Opus Libros, Agustina López de los Mozos tuviera que bajar los documentos internos y secretos que había publicado. La estrategia legal fue reclamar derechos de propiedad intelectual y, apenas presentada la demanda, consiguieron la medida cautelar de una jueza de Madrid que ordenó bajar la información: hoy se pueden ver en la web todos los archivos que hicieron eliminar.

-No querían que se conocieran los documentos internos, que no son más que las reglas por las que se rige y funciona y que, a quienes padecimos años estando dentro, nos dan la pauta de que no es que tuvimos mala suerte, sino que es así como funciona – explica López de los Mozos.

Lo que no pudieron bajar es la prueba de que Escrivá de Balaguer no hizo ningún testamento en favor de ninguna asociación civil, sino que le dio sus derechos de propiedad intelectual a su hermano Santiago.

-¿O qué te habías creído? – dice López de los Mozos.

Las historias alrededor de los testamentos y la matriz económica se llevan buena parte de las páginas virtuales. María Asunción, colaboradora de López de los Mozos en Opus Libros, explica que la práctica de firmar testamento al ingresar como numerario o agregado sigue en pie, Y que ellos aconsejan que al salir se firme uno nuevo:

-Nunca se ha devuelto ningún testamento a nadie que se haya marchado. Asimismo, jamás se ha dado ni un céntimo a quienes se marchan en concepto de nada.

El cotidiano de los numerarios se rige por un “plan de vida” que deben cumplir a rajatabla: el “minuto heroico” al despertar implica levantarse sin dudarlo y al primer sonido del despertador, de inmediato empieza un extenso cronograma de meditación y oración que acompaña el día; la “charla fraterna” con el director espiritual, el equivalente de la confesión, es una vez a la semana; también una vez a la semana sólo las mujeres deben dormir sobre una tabla en el suelo; el resto del día es el trabajo que les toque, afuera del centro para muchos de los varones y adentro del centro para la mayoría de las mujeres; las numerarias auxiliares en las tareas domésticas siempre dentro.

La flagelación es para todos. Dos horas al día deben usar el cilicio, una especie de liga metálica con puntas que hay que ajustarse a discreción a alguna parte del cuerpo -lo habitual es la pierna, porque nadie lo ve y cuánto se aprieta es decisión de cada uno; muchos exnumerarios y exnumerarias todavía tienen las marcas en la piel. Además, una vez a la semana tienen que usar la disciplina, una soga con tres puntas anudadas que se latiga en la espalda o la cola mientras se reza.

El proselitismo es constante: en los centros hay actividades todo el tiempo, desde charlas hasta retiros y convivencias, a las que hay que llevar invitados e invitadas que puedan “pitar” como numerarios o numerarias. Todo, siempre, es para mujeres y varones por separado. Las campañas económicas para atraer nuevos cooperadores tienen épocas y en general algún fin específico: juntar plata para construir un piso en un centro, comprar un terreno, arreglar un espacio.

El control de las normas en países como la Argentina, donde las residencias tienen cada vez menos numerarios, es a veces menos exigente que hace dos décadas. Pero en países de Asia y de África, donde hoy el Opus Dei crece, la vida de los miembros es la de hace medio siglo acá. López de los Mozos lo confirma por los testimonios que sigue recibiendo. El Opus Dei cambió algo, pero no tanto. Lo que no cambió para nada, dice, es la estructura económica.

-Para que cambie el Opus Dei primero tiene que cambiar la Iglesia y su forma de hacer las cosas- dice el exnumerario y exvocero de la institución durante casi una década, Esteban López del Pino.