El Mercantil Valenciano, Alfons Padilla, 12.01.2011

Miguel Perlado conoce los entresijos de la Congregación del Olivo pues ha tratado a varias familias que pertenecieron a esta organización que él no duda en definir como secta. Subraya el trauma psicológico que sufrieron estas familias y que se manifestó en cuadros de ansiedad y hasta en brotes psicóticos. Este experto ha atendido más de 800 casos relacionados con sectas.

La Guardia Civil desarticuló en 2004 la secta conocida como la Congregación del Olivo, que estaba asentada en Ondara (la Marina Alta), Benimantell, Callosa d’En Sarrià y la Nucia (la Marina Baixa). Lo que en principio fue una organización religiosa orientada al judaísmo derivó, según los investigadores, en una secta destructora. Sus miembros estaban obligados a enajenar sus bienes y entregar el 10% de sus ingresos (el diezmo) al líder espiritual, quien impuso la vida en comunidad y el aislamiento del mundo exterior. El líder de la Congregación del Olivo y otros once destacados integrantes están procesados por asociación ilícita, estafa y por causar lesiones psicológicas a numerosos seguidores de un grupo que llegó a los 80 miembros. El fiscal pide 78 años de prisión para esos doce acusados. Sin embargo, desde esta organización, se insiste en que no son una secta y que siguen funcionando como entidad religiosa legalmente reconocida.

Como experto en sectas y presidente de la AIIAP (Asociación para la Investigación del Abuso Psicológico) conoce bien las actividades de la Congregación del Olivo. Además, como psicólogo, ha tratado a varias familias que rompieron con la férrea disciplina de esta secta.

Así es. Hemos atendido a cuatro o cinco familias que abandonaron esta secta cuando descubrieron el doble mensaje de su fundador, quien les imponía una obediencia estricta a las normas, pero también les exigía dinero.

El líder de la Congregación del Olivo asegura, sin embargo, que son una entidad religiosa legalmente reconocida.

El hecho de que estén inscritos en el Registro de Entidades Religiosas y que cumplan los requisitos formales y administrativos no significa nada. Una secta puede tener componentes religiosos o no. Se la identifica por su estructura piramidal, la exigencia de obediencia ciega, la anulación de la personalidad y el aislamiento del mundo exterior al que somete a sus miembros”.

En este caso se captaba a familias enteras.

Sí. Y los más arraigados a la secta eran los hijos, lo que llamamos segunda generación, ya que no habían conocido otra cosa distinta. Se habían criado en un ambiente sectario. Cuando los padres dan el paso de salir de la secta, les resulta muy difícil sacar a sus hijos.

¿Qué traumas dejó la pertenencia a esa estricta comunidad en las familias que han tratado?

Los padres decidían desvincularse cuando descubrían que, económicamente, los habían expoliado. Pero el hecho de vivir en comunidad había creado una fuerte dependencia. Además, teníamos que reestructurar a la familia entera. El trabajo de recuperación psicológica duraba como mínimo un año y en algunos casos continúa todavía hoy. Las familias han sufrido un terrible desgarro emocional. En los casos más leves, padecían crisis de ansiedad y, en los más graves, brotes psicóticos.

Pero simplemente dar el paso de querer salir de la secta ya es importante.

Sí, pero las personas han quedado psicológicamente muy tocadas. La mayoría quiere olvidar. Hay que entender que han vivido en comunidad y han sufrido una situación de abuso psicológico continuado. Tienen miedo a la violencia emocional porque desde la organización se les inculca el mensaje de que pueden abandonar la secta, pero fuera sólo encontrarán el mal y la enfermedad.