El País, Juan Girón Roger, 22.8.1978

Los fines de la orden han sido muy tergiversados en el transcurso de los tiempos -señala el maestre español-. Los objetivos reales, en la Edad Media y ahora, son: primero, restablecer la noción de la autoridad espiritual y del poder temporal en el mundo; segundo, afirmar la primacía de lo espiritual sobre lo temporal; tercero, devolver al hombre la conciencia de su dignidad; cuarto, ayudar a la Humanidad en su pasaje (pasión, sufrimientos para la purificación); quinto, participar en la asunción de la tierra en sus tres planos: cuerpo, alma y espíritu; sexto, coadyuvar para la unión de las iglesias (especialmente, la unión de la cristiandad con el Islam). El séptimo fin, y más importante, es el de -a imagen de Juan, el Bautista- preparar el retomo de Cristo en su Gloria, tal y como está profetizado en elEvangelio, en el Apocalipsis, etcétera.Lleva colgada al cuello una cruz roja. Es el símbolo del Temple: la cruz de las ocho beatitudes. Explica que «es una demostración de la cuadratura del círculo, entre otras cosas».

-Clemente V, en el Concilio de Viena, les condenó. ¿Por qué?

-Clemente V no condenó nada. En infame contubernio con Felipe IV de Francia el Hermoso, intentó condenarnos. Pero las acusaciones eran tan difíciles de mantener que el Concilio no pudo condenar al Temple. Lo único que Clemente V pudo hacer fue suspender provisionalmente a la orden, mientras se adjuntaban nuevas pruebas para la reapertura del proceso. La orden no ha sido ni condenada ni excomulgada, sino suspendida provisionalmente. Con una provisionalidad que dura 666 años. Lo cual nos parece injusto, indigno y que habla muy poco bien de la justicia que debe asistir a Roma.

Monseñor Armando señala: «La orden puede existir, como soberana que es, sin necesidad del reconocimiento pontificio, tal y como existió desde 1118 hasta 1128, proclamación del Concilio de Troyes, en que Roma reconoció al Temple. Este seguirá existiendo independientemente del reconocimiento pontificio; ahora bien, deseamos, filial y fraternalmente, el reconocimiento del vicario de Cristo en la Tierra, el Papa.»

-La orden llegó a poseer muchas riquezas. ¿Cuánto tiempo conservaron sus posesiones y privilegios?

-Privilegios serían, en todo caso, el de no pagar impuestos y no estar sometidos a ninguna jerarquía eclesiástica, salvo a la de Su Santidad, el Papa. Las riquezas eran empleadas en propulsar las catedrales góticas (el 90% de los fondos para su construcción salió de los templarios). También ese dinero se utilizaba para dar empleo y trabajo a millones de agricultores y para movilizar un ejército permanente para custodia y guarda de los caminos y seguridad de caminantes. La orden, pues, no atesoraba riquezas, sino que las empleaba para el desarrollo de todas las actividades humanas, económicas y sociales. Tal como quisiéramos poder hacerlo hoy día.

La Guardia Civil del Cristo

 -¿Qué votos observan?

-Se efectúan en el tercer grado, en el de caballero. Los tres votos que ahora, como entonces, se prefieren son: obediencia a la jerarquía templaria (y a los dogmas de la santa Iglesia católica, apostólica y romana); pobreza en espíritu (no codiciar riquezas). Nos atenemos a la castidad conyugal (voto de pureza). Jamás se exige el celibato forzoso, al contrario.

Cuando le pregunto por los enemigos del Temple, se muestra terminante: «Son la alta masonería internacional, el sionismo, el marxismo, el capitalismo. Y todo lo que está contra el Cristo, está contra nosotros. Somos la milicia del Cristo. Un hermano nuestro, alto grado en la orden, suele autodenominarnos como «la Guardia Civil del Cristo», de modo que por ahí van los tiros … »

-¿Se les exigen pruebas de fuego?

-El fuego es espiritual. En la Edad Media se decía de nosotros que nos alimentábamos de niños asados. La razón es la siguiente: para entrar en una orden hay que morir para el mundo. El fuego es un elemento purificador y juega un papel litúrgico. El postulante se consideraba como neófito; simbólicamente, un niño. Se le aplicaba el fuego pascual. Y ese es el «niño cocido» del que se ha hablado. Se debió a la mala intención de los oficiales de su majestad Felipe IV el Hermoso y de la Santa Inquisición.

Parece que hay muchas dificultades para que la orden se legalice. «Hace tres años -señala- fue la última vez que se reclamó oficialmente a la Santa Sede. Como respuesta obtuvimos silencio administrativo. En España se nos ha dicho que no está contemplada, desde el punto de vista de la jurisprudencia, la inclusión de la orden en ningún tipo de modalidad. En el Ministerio del Interior no podemos ser reconocidos como asociación política por ser nuestros fines espirituales y religiosos. En el Ministerio de Justicia no podemos inscribirnos como orden católica, puesto que la Santa Sede no se ha tomado la molestia de reconocernos todavía. Ofrece la posibilidad de ser inscritos como asociación no católica, pero tendríamos que abjurar del catolicismo, a lo que no estamos dispuestos. »

-¿Son ustedes preconciliares?

-Ni pre, ni pro, ni nada. En tiempos de Cristo había tres grandes sectas: los fariseos, los saduceos y los esenios. En estos momentos, los fariseos serían los integristas a ultranza. Los saduceos serían los progresistas. Y nosotros, en el medio, los esenios. Adquirimos lo que tiene la tradición adaptada a los tiempos corrientes, pero sin romper moldes.

Se dice que el Santo Grial (vaso místico que se supone utilizó Cristo en la Ultima Cena) se halla en poder de los templarios. Con respecto a los catorce depósitos, que constituyen la mayor riqueza del Temple, indica que «ha habido muchos intentos para arrebatamos el Santo Grial. Yo no sé dónde está. El número de personas que saben dónde se hallan estos depósitos sagrados -uno de los cuales es el Santo Grial- se puede contar con los dedos de la mano y, por supuesto, son ilocalizables. En contra de lo que se ha escrito, los cátaros no han podido tener el Santo Grial, ya que, al ser unos heréticos maniqueístas, constituiría una contradicción teológica».

Monseñor Armando cree en la reencarnación: «Al ser Dios infinitamente bueno y justo estaría en contra de su propia esencia el condenar a un castigo infinito a quien, por su propio ser, es finito. El Temple niega el castigo eterno. Ningún pecado es tan grave como para merecerlo. El infierno, tal y como está concebido, no existe. Está aquí mismo. Así, consideramos que el purgatorio es la reencarnación de aquella persona que debe pagar una deuda. Y la paga por medio de sus peripecias en otra vida terráquea, en este u otro planeta. Según las faltas cometidas, será más o menos larga la purgación de sus penas. La reencarnación es, pues, un purgatorio en vida. No hay ningún dogma que se oponga a ello.»

Veinte razas nos visitan

 Asimismo, el maestre de la orden templaria en España, cree firmemente en la existencia de los extraterrestres. Acerca de esto explica: «Teológicamente es absurdo imaginar que el hombre de la Tierra es el centro del Universo. Hay muchos planetas habitados. Planetas pos-adámicos, que no tienen nuestra forma ni nuestro metabolismo. El hombre es uno y trino. Padre, Hijo y Espíritu se corresponden con cuerpo, alma y espíritu. El sello templario tiene ese significado: dos caballeros sobre un caballo (alma y espíritu insertados en el cuerpo). Pensemos que el cuerpo es circunstancial. No hay imposibilidad teológica para la existencia de planetas con base de silicio y con seres cristalinos. Creo que las visitas que nos hacen son de curiosidad. Veinte razas nos visitan desde hace 8.000 años. Lo que hacen es llevarse ejemplares humanos para sus parques zoológicos. Pero no hay tantos contactos como se pretende. »