PEPE RODRIGUEZ| SOCIEDAD| 2.07.1993

La sentencia absolutoria para los diez miembros de la secta La Familia (uno de los nombres actuales de la secta conocida como Niños de Dios) estaba cantada desde el mismo momento en que se inició la tramitación del sumario en su contra y se empezaron a acumular suposiciones en lugar de pruebas. Y no es que faltaran los buenos indicios probatorios después de la acción de la Policía catalana contra la secta sino que, mucho más grave aún, el Ministerio Fiscal no supo hacer nada con ellos. La fiscal -que en todo momento actuó con más buena voluntad que pericia- no supo convertir en pruebas de cargo los indicios que tuvo sobre su mesa, se perdió entre un mar de apriorismos y opiniones sin fundamento, se equivocó en la tipificación y enfoque de los delitos, y; en consecuencia, hizo un ridículo espantoso durante la vista oral. Por no probar, no pudo ni demostrar lo más evidente y sencillo: que La Familia y los Niños de Dios son una misma cosa, tal como acreditaban decenas de documentos incautados a la secta. Tampoco probó, ni por asomo, ninguna de sus acusaciones contra los sectarios. Y, en el colmo del error sostenido, apuntó al tribunal posibles delitos documentados… pero que no podían juzgarse ya que no habían sido contemplados en su escrito de calificación. La sentencia absolutoria es, por tanto, plenamente coherente y ajustada a nuestro Estado de Derecho -que preconiza la presunción de inocencia- y debemos felicitarnos por la escrupulosa defensa de la legalidad vigente y de la mecánica procesal que ha realizado la Sala que ha juzgado este caso. Ahora, sin duda, antisectarios irritados clamarán al cielo por esta absolución. Y sectarios organizados proclamarán este triunfo puntual como una demostración de la persecución injusta e inquisitorial de que son objeto las sectas en España. Ninguno de ambos bandos estará en posesión de la razón. Este caso ha vuelto a revivir un grave error que se mantiene y alimenta desde los propios medios de comunicación: no hay que juzgar a ninguna secta por ser tal, sino por la comisión de delitos objetivos y probados. Los diez sectarios encausados lo fueron por la comisión de presuntos delitos, no por conformar una secta, y han sido absueltos porque esos delitos no se han probado, no porque la secta a la que pertenecen esté fuera de toda duda. Esta sentencia viene a traer un mensaje muy saludable para nuestra sociedad ya que fortalece el estado de libertades y derechos (también debe proteger a los sectarios). Pero deja al descubierto la fragilidad del sistema judicial cuando el Ministerio Fiscal se muestra incapaz de cumplir profesionalmente con su cometido.