Clarín (Argentina) / New York Times Weekly, Elizabeth A. Harris, 23.10.2019

En el intenso silencio del desierto de Utah, más allá de los campos de alfalfa y los árboles frutales, los domos de Jerusalén se elevan desde el césped desigual.

Esto es el Motion Picture Studio South Campus, propiedad de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. El set de Jerusalén es parte de la división de producción de cine y televisión de la Iglesia, que incluye a productores, editores y animadores de tiempo completo, y un estudio en Provo con estudios cerrados, estaciones de edición y casas del siglo XIX construidas en un set de exteriores.

La iglesia es una parte importante de un ecosistema de cine y televisión en el norte de Utah, que incluye filmes independientes orientados al mercado de la iglesia y BYUtv (parte de la Universidad Brigham Young, que está afiliada a la iglesia), así como producciones de comerciales, televisión y películas para el público en general que se graban en el Estado.

En conjunto, es como su propio mini Hollywood en las montañas. Para los 7 millones de miembros de la Iglesia, también es una respuesta a una cultura que con frecuencia no habla su idioma, y una forma de reforzar los valores conservadores que, considera, faltan en gran parte del entretenimiento popular.

Becky Swasey dijo que los foros de la iglesia no son como los de Hollywood. “La gente no dice palabras altisonantes” (Kim Raff para The New York Times).

Aquí, los devotos pueden ver sus propias historias —películas sobre figuras prominentes de la Iglesia o una serie que recrea escenas bíblicas— sin la burla de la que a menudo son blancos.

Este año, BYU Broadcasting, propietaria de BYUtv, tiene en producción 25 programas que incluyen películas para televisión, series dramáticas, realities, contenido religioso y una serie de cocina.

La cadena dice que su público crece y que su programa de sketches de comedia Studio C tiene casi 2 mil millones de vistas en YouTube, pero aún se topa con una barrera que la mantiene aparte.

Un ejemplo es “Dwight in Shining Armor”, una comedia estrenada este año sobre un adolescente del siglo XXI en los suburbios y una princesa guerrera. Michael Dunn, director administrativo de BYU Broadcasting, dijo que la serie fue probada con grupos de sondeo y que al público le encantó. Pero hubo unos cuantos que dijeron que, debido a que fue creada por BYU, no la verían.

“La gente tiene prejuicios”, dijo. “No hay forma de eludirlo”.

Aun así, hay demanda suficiente para este tipo de contenido como para engendrar un servicio de streaming llamado Living Scriptures orientado específicamente a miembros de la iglesia (la iglesia y sus seguidores ya no se refieren a sí mismos como mormones). Sus 2500 títulos están organizados en categorías estilo Netflix.

Recientemente, un productor llamado Aaron Merrell colocó una copia del Libro de Mormón sobre su regazo. Era un rodaje para “Book of Mormon Videos”, una serie de episodios cortos de la Iglesia publicados en YouTube, y Merrell verificaba el texto religioso para asegurar que la acción se apegara al material fuente.

Además de los programas, la iglesia hace videos de autoayuda e inspiracionales sobre temas como adicción y bullying. Hay videos para usar en sus templos, así como videos instructivos e indicaciones para misioneros sobre dieta, higiene y ejercicio. Incluso hay consejos sobre el mantenimiento del estacionamiento de una iglesia.

La producción técnica es impresionante, así que los filmes pueden parecer películas de Hollywood. Pero en el set, está claro que esto no es Hollywood.

Para iniciar todos los días de rodaje, el elenco y equipo de producción se reúnen en torno a los monitores o cámaras y oran. Básicamente todos en una producción de la iglesia son fieles.

Becky Swasey, directora del departamento de peinado y maquillaje en el proyecto de “Book of Mormon Videos”, dijo que hay una “onda” en el set que viene de un sentido compartido de misión y propósito. Pero los rodajes también parecen inusuales en otras formas.

“La gente no dice palabras altisonantes —¡tengo que cuidar lo que digo!”, indicó. “No hay café ni té. Y la gente suele ser menos egocéntrica”.