Diario Vasco (España), Daniel Roldán, 28.09.2012

La desesperación de un enfermo de cáncer por superar esa lacra le lleva, a veces, a hacer cosas insospechadas. Busca cualquier cosa que le haga mejorar su estado y se deja aconsejar por las personas que le rodean, ya sea un preocupado familiar o un conocido que cree que tiene la solución a sus problemas. Y esto provoca que algunos enfermos abandonen el tratamiento que sus oncólogos les han ordenado y abracen otro tipo de terapias denominadas alternativas. Tres de cada diez enfermos coquetean con productos que su galeno no les ha recetado y que, médicamente, no sirven para nada.

Solo son útiles para retrasar o perjudicar, hasta límites insospechados, la verdadera cura que están recibiendo. Así lo constata la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), que se ha visto en la necesidad de ofrecer esta información en su web. Ha ampliado los contenidos de ‘www.oncosaludable.com’ para acabar con falsos mitos sobre el ginseng o las bayas de Goji, muy de moda en los herbolarios.

Y, de paso, se ha convertido en la segunda página del mundo (y la primera en habla hispana) en ofrecer esta documentación a los usuarios. Las bayas asiáticas, por ejemplo, no tienen ningún efecto curativo ni vigorizante, según aseguran los profesionales de SEOM. Pero es que además, en muchos casos, se ofrece al consumidor un producto de origen desconocido. «Si estas bayas se producen en Nepal, que es un país pequeño, ¿cómo se pueden comercializar tantas cantidades?», se preguntó durante la presentación el doctor Pedro Pérez, quien ha coordinado el equipo de trabajo de toda esta información sobre las terapias alternativas en la página de la sociedad.

Bayas de Goji con plomo

El doctor advirtió de que estos productos no solo no benefician, sino que pueden ser muy negativos. «En el caso de las bayas, se han retirado partidas contaminadas de plomo», señaló. Pero hay otros remedios a los que acuden los pacientes malinformados sobre los poderes curativos de estos productos. Por ejemplo, el ginseng, que no está recomendado en mujeres con cáncer de mama o de útero hormonosensibles. O el selenio, un micronutriente tan de moda últimamente en los círculos naturales. «No hay ningún estudio que avale que sea bueno para tratar el cáncer de próstata o el de mama. Es más, hay uno que indica justamente todo lo contrario», apuntó el doctor Pérez, quien aseveró que es «imposible» encontrar información veraz en la red: «Solo son testimonios o publicidad para que se compren este u otro producto».

Tomar esta serie de productos parte de la ansiedad de los pacientes por acortar las sesiones de quimioterapia o radioterapia. Sin embargo, muchos de ellos no se dan cuenta de que pueden sufrir efectos secundarios en los tratamientos. «Todo lo natural, aunque sea natural, no quiere decir que siempre sea bueno», comentó el doctor Juan Jesús Cruz, presidente de la SEOM. Y, por supuesto, ninguno cura el cáncer, como en algunos prospectos se ha llegado a colocar.

Por este motivo, la SEOM quiere que las autoridades estén más pendientes de estos mal llamados medicamentos que pueden crear confusión a los pacientes. «Los oncólogos jamás vamos a recetar productos de este estilo», remachó el presidente de la sociedad científica.

Además de los tratamientos médicos, los oncólogos solo recomiendan lo que se denomina tratamientos integradores, es decir, otros aspectos que pueden hacer que los enfermos mejoren su calidad de vida. Llevar una alimentación saludable -sin tomar piel o semillas de uva o zumos de vitamina C en exceso, ya que pueden interactuar con la quimioterapia- ayuda a la hora de encarar las sesiones de radio o quimio. También la relajación, la meditación, el yoga y, en algunos casos, el pilates controlado por especialistas, son buenos para los pacientes. Estas técnicas no acaban con la lucha contra el cáncer, pero ayudan a los enfermos a encarar esta batalla en mejores condiciones.