El Dia (Argentina), Facundo Bañez, 23.09.2012

Tiene rostro duro, barba almidonada, blazer de catedrático y una leve expresión teutona que le evidencia su lejana sangre germana. Sonríe cuando uno le dice que parece un psiquiatra y prefiere no responder cuando se le pregunta la edad. No importa: Manfred Krause es de los que no envejecen.

Nacido en Buenos Aires y residente durante veinte años en un suburbio en las afueras de Frankfurt, donde a su vocación de cristiano evangélico que traía de familia le sumó estudios de pedagogía social y psicología, Manfred volvió al país en 2008 y un año después asumió el pastorado del temploPuerta del cielo , de diagonal 74 entre 55 y 56. Desde entonces, hace ya tres años, el pastor Krause es uno de los miles de obreros que construyen en el país el cada vez más imponente edificio del credo evangélico.

Los números son elocuentes: en julio pasado 40 nuevos cultos cristianos, sobre todo de cuño pentecostal y, en menor media, bautista, fueron inscriptos en el Registro de Cultos del Ministerio de Relaciones Exteriores. El promedio es vertiginoso: representa la apertura de más de una iglesia por día.

Ver para crecer

“El crecimiento responde a un compromiso que se asume con mucho amor -reflexiona Krause en voz alta y grave-. Uno tiene que ser coherente con una hermenéutica seria. No puede citar versículos por citar. Estar al frente de un templo es una responsabilidad grande, enorme. En cada silla donde hay un fiel que escucha se sienta una historia, y es ese amor por el fiel y su historia lo que tal vez explique parte de este crecimiento”.

En la iglesia de Manfred, que funciona en La Plata con una junta directiva desde hace más de setenta años y organiza reuniones de oración todos los días, el número de fieles llega a los 600, un porcentaje importante de los casi 30 mil que estima en nuestra región el Consejo Pastoral de La Plata, donde sus autoridades aclaran sin embargo que no todos concurren a los templos habilitados por el Consejo: muchos de los creyentes asisten a iglesias que, si bien se definen como evangélicas, la comitiva de pastores ortodoxos no reconoce como parte de su cuerpo religioso.

“No estamos en contra de nadie -aclara José Coronel, pastor del templo Unión de la Asamblea de Dios , de 3 entre 40 y 41, y presidente del Consejo Pastoral de La Plata-, pero con algunas iglesias no compartimos sus formas ni sus maneras de proceder”.

Lo que dice Coronel lo retoma y explica María del Carmen Fabbri Rojas, coordinadora de uno de los institutos bíblicos de Puerta del cielo y quien, tras ser criada toda su vida bajo el ala de la iglesia católica, desde hace más de 25 años profesa el culto evangélico: “A veces la gente se confunde y piensa que todo es lo mismo -dice-. Nosotros, por ejemplo, no somos lo mismo que los pastores brasileños que aparecen en radio o televisión. No los criticamos, tampoco queremos atacarlos, pero no estamos de acuerdo con cierto merchandising que se hace de la fe. Tenemos un origen protestante, reformista, y no nos gusta que metan a los evangélicos todos en la misma bolsa”.

María del Carmen tiene ojos marinos y un gesto entre risueño y bondadoso que le suaviza la voz. Psicóloga y profesora de filosofía, su historia de fidelidad al evangelio es indicio de un perfil de creyentes que, al margen de cualquier imaginario colectivo, se fue haciendo más heterogéneo con el correr de los años.

“Las iglesias pentecostales ocuparon históricamente lugares humildes -dice-. Eso está cambiando. En nuestra congregación el perfil de fieles es muy variado: hay trabajadores, profesionales, estudiantes. Hoy es muy difícil establecer un perfil de fiel evangélico, porque el culto ha crecido tanto que fue llegando a distintas capas de la sociedad”.

Organizados

Los evangélicos no tienen -como el catolicismo- una organización vertical y única, pero hay tres asociaciones que nuclean a las 12 mil congregaciones que practican ese culto en el país: la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas, que agrupa a las iglesias más tradicionales como los luteranos o metodistas; la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la Argentina, que representa a iglesias más modernas; y la Federación Confraternidad Evangélica Pentecostal, que agrupa a las iglesias pentecostales, las cuales conforman más del 70% de la comunidad evangélica.

Su crecimiento sostenido convierte a estas iglesias en las más numerosas dentro del Registro Nacional de Cultos: de las casi 4.500 religiones que hay anotadas, cerca del 90% pertenecen a comunidades evangélicas. Esto, se explica, no implica necesariamente un gran crecimiento en el número de fieles porque, en muchos casos, los nuevos cultos cristianos son escisiones de otros. Además, el Registro no consigna las bajas, si bien también es cierto que no todos se inscriben y no encuentran mayores trabas para abrir un templo y ofrecer celebraciones.

“Hay una organización y se debe respetar, porque no cualquiera puede ser pastor y se necesita de una preparación muy meticulosa para estar al frente de una congregación”, aclara Julio César Escalante, quien a sus 32 años estudia teología desde hace cinco para cumplir su sueño de ser pastor evangelista.

Músico de la orquesta de la Policía, librero de una iglesia cristiana en el centro platense, padre de dos hijos y casado desde hace once años con una practicante que conoció en el templo, Julio forma parte del culto desde que era chico. A los 15 empezó a cantar en los templos de la Ciudad pero, según confiesa, recién a los 20 sintió el llamado a la tarea pastoral. Fue después de un accidente en moto. “Eso me hizo recapacitar y mi vida cambió -cuenta-. Ir al templo no es lo único. Uno debe ser evangélico las 24 horas y todo hacerlo por Jesús. Siempre tengo en cuenta eso: siento que Jesús me mira y no le puedo fallar”.

Cuestión de fe

A la hora de conocer con precisión las convicciones religiosas de los argentinos, el trabajo más reciente y riguroso es un relevamiento que realizaron en todo el país durante 2008 el CONICET y cuatro universidades nacionales, el cual arrojó que el 9% de la población era evangélica (7,9% de ellos pentecostales), más un 1,9% Testigo de Jehová y un 0, 9 % mormón. Cuatro años después de ese relevamiento, casi nadie duda de que ese porcentaje creció, al tiempo que tal vez haya bajado un poco el porcentaje de los católicos, que en aquel sondeo arrojaba el 76,5%, pero los practicantes rondaban apenas el 20%.

Otro dato que a nivel local confirma el crecimiento del culto tiene que ver con un sector al que el credo evangélico jamás le dio la espalda: la población que vive tras las rejas. De los algo más de 3 mil presos que hay en el penal de Olmos, de hecho, cerca de 1500 se volcaron en los últimos años al evangelismo, es decir, casi el 50 por ciento de un sector importante del total de la población carcelaria de la Ciudad.

“Es difícil explicar el crecimiento de fieles porque, en el fondo, resulta complejo explicar por qué uno cree y siente tanto amor”, razona María del Carmen, quien a sus 69 años asegura “sentirse más joven ahora que cuando no había encontrado a Jesús. Yo sentí el cambio a los 42. Era una etapa de mi vida que tenía un vacío muy grande en el corazón, y por eso puedo decir que a mí encontrar a Jesús me cambió todo: mi forma de pensar, de sentir, de ser. No son palabras. Es sentimiento. Nosotros creemos precisamente en eso: en un Dios que cambia vidas”.

Los evangelistas enfatizan la relación personal con lo sagrado, con Jesús. No creen en la Virgen María, en los santos ni en las imágenes. Su estructura organizativa es como se dijo horizontal y no tienen una autoridad máxima que interprete la Biblia: cada cual la lee y la vive según su propio criterio. Esa particularidad, apuntan algunos analistas del tema, explica de algún modo por qué los grupos evangélicos crecen tanto como se dividen.

Para los expertos, además, la cercanía a la gente y la calidez de las congregaciones tiene mucho que ver con el auge, aunque se aclara que muchos nuevos grupos evangélicos que se inscriben son producto de un desprendimiento de comunidades ya existentes.

“Es difícil tener un registro de todas las congregaciones que funcionan a nivel local -admite Coronel desde el Consejo Pastoral-, pero hoy por hoy tenemos que hablar de más de 200 templos sólo en La Plata y sus alrededores. Nosotros en el Consejo tenemos inscriptos a unos sesenta pastores, pero sabemos que el número real es por lo menos tres o cuatro veces mayor”.

Sobre este punto, Coronel acepta otra vez que puede haber grupos que se llamen evangélicos y que son poco serios. “En nuestra entidad no aceptamos a cualquier grupo y hay normas que deben respetarse”, resume.

Sus dichos son retomados por el pastor Krause, quien habla con el tono pausado y espeso de los cantores de tango. “Nosotros no creemos en una fe o convicción religiosa que se transmite por tradición -dice-, sino en una fe que surge a partir de una experiencia vivencial. El contacto con Cristo no es una cuestión discursiva. Hay que sentirlo, vivirlo en el cuerpo. Cuando eso pasa, todo se vuelve mucho más sencillo. Todo es felicidad”.

De chico, Manfred Krause quería ser psicólogo, pero a los 15 años sintió el llamado y, a partir de ahí, según cuenta, todo fue diferente. “En Alemania seguí cerca de la iglesia evangélica y le di lugar a mi inquietud profesional. Estudié y ejercí como pedagogo social y psicólogo, pero esa certeza interna que experimenté cuando era adolescente me condicionó mida vida para siempre. Ahora estoy cumpliendo realmente mi vocación, que no es otra que la de llevar adelante la tarea pastoral”.

Julio Escalante no conoce a Krause pero desde su testimonio parece coincidir con cada uno de sus dichos. “Uno advierte el crecimiento no sólo en el número de fieles -aporta-, sino en el perfil que se observa en cada una de nuestras reuniones: quienes participan son personas cada día más jóvenes”.

Acaso sin saberlo ni haberlo pactado jamás, tanto Julio como Manfred, María del Carmen o José Coronel protagonizan en nuestra región el que sin duda es el fenómeno religioso más resonante de la Argentina de los últimos tiempos. Cada uno lo hace desde su congregación, ya sea como pastor, conferencista o instructor bíblico, y desde su lugar, silencioso y a veces anónimo, suman su granito de arena para que el culto evangélico crezca y, a fuerza de creer para ver, se convierta día tras día en una colosal y multitudinaria muestra de fe.

“Hay prejuicios con el diezmo”  

A la hora de hablar sobre el financiamiento de los templos evangélicos, desde Puerta del Cielo, de diagonal 74 entre 55 y 56, María del Carmen Fabbri Rojas asegura que todo se mantiene con la colaboración de los fieles. “Nosotros elegimos ayudar a nuestro templo -dice-. Sucede que existen muchos prejuicios en torno a la palabra diezmo, pero tanto el diezmo como las ofrendas son voluntarias y necesarias para que un credo pueda mantenerse. Todos como Estado pagamos el culto católico porque es el oficial, pero a los cultos no oficiales lo pagan sólo sus fieles. Yo no quiero que le dejen de dar plata a la iglesia católica ni que los curas dejen de tener su sueldo y jubilación, pero me gustaría tener la posibilidad y la libertad de elegir a qué religión quiero brindarle yo mi dinero”.

El fenómeno de las llamadas “iglesias electrónicas”  

El nombre “iglesia electrónica” es el que se le suele dar a las manifestaciones de origen cristiano, especialmente de la rama de los pentecostales, que a principios de los 80 comenzaron a manifestarse en los medios de comunicación masivos como la radio y la televisión.

Este renacimiento “bíblico televisivo” comenzó en los Estados Unidos con pastores como Pat Robertson o Billy Graham, los cuales sentaron las bases para programas de televisión como el recordado El club 700 , una suerte de noticiero evangélico que fue vendido a toda Latinoamérica incluida la Argentina. En nuestro país, el impulsor de la iglesia electrónica fue el famoso Héctor Aníbal Giménez, conocido simplemente como el Pastor Giménez, y su programa de radio y televisión Ondas de amor y Paz . Junto con su esposa, Giménez sentó las bases a mediados de los 80 para que infinidad de pseudo-pastores cristianos se lanzaran a sus fieles con una campaña masiva por medio de cuanta radio, cable o programa de televisión abierta consiguieran.

En la actualidad, uno de los cultos que conserva esas características es la Iglesia Universal del Reino de Dios , la cual fue creada hace unos 30 años en Brasil y hoy es fuerte en toda Latinoamérica con más de 5 mil templos.

En Argentina tiene cerca 200 sucursales, de las cuales una funciona en nuestra ciudad, en lo que era el viejo cine Select. La metodología, pese a las barreras culturales o idiomáticas que separan a los fieles de los pastores (quienes en su enorme mayoría hablan el “portuñol”) es la misma en todos los países: ocupar antiguos cines y teatros para sus sedes, y promover la venta de supuestos objetos milagrosos y el alquiler de horarios de emisoras de radio y televisión durante la madrugada.