Protestante Digital, 18.09.2012

El turismo esotérico es la nueva manera de viajar en la era del New Age, la vía de escape de un mundo en crisis que busca algo o alguien que le ayude a canalizar las necesidades que la crisis material deja al descubierto.

Otros le llaman “turismo alternativo” o –por abreviar- “esoturismo”. Recorridos mágicos en compañía de chamanes, sacerdotisas y deidades en piedra, oráculos, visiones y profecías. Órdenes pseudorreligiosas, ritos ocultistas, viajes iniciáticos a lugares “energéticos” donde “encontrarse a uno mismo” está asegurado.

A veces el turismo esotérico llega de la mano de una novela, como fue el caso de  El oro de Rennes  (1967) de Gerard de Sède, libro que provocó la invasión de la localidad francesa de Rennes-Le-Château por parte de turistas ávidos de saber más sobre la leyenda merovingia del Santo Grial.

El negocio de la Nueva Era

Pero a menudo de trata de las propias ciudades y lugares del mundo que utilizan el turismo esotérico en beneficio económico propio, creando toda una industria que alimenta la sed mítica y mística de los turistas. Es el caso de  las brujas de Salem , en el estado de Massachussets (EEUU) donde en el siglo XVII se vivió un caso de brujería por el que fueron procesadas y asesinadas 25 mujeres.

Hoy, centenares de turistas recorren la ciudad a la búsqueda de los lugares que acogieron aquella terrible tragedia y la escogen como destino para vivir la célebre Noche de Halloween, en la festividad de Todos los Santos: cursos de brujería para niños, bailes de zombies, cacerías de fantasmas, bailes de vampiros o sesiones espiritistas son algunas de las atracciones favoritas de los turistas que cada año acuden en masa a la ciudad de las brujas.

Otro caso, gracias al célebre  Código da Vinci , que recupera la leyenda de modo chapucero, ese interés no ha hecho sino aumentar. También el mundo celta y sus druidas, los dioses egipcios y sus misterios o los diversos sincretismos de religiones orientales son buenas excusas para alimentar un viaje iniciático y llenarse los bolsillos a costa del vacío interior ajeno.

Turismo esotérico en América

Pero el turismo esotérico se extiende hoy, sobre todo, por América del Sur. La Isla de Pascua (Chile), el Machu Pichu (Perú), la Puerta del Sol (Bolivia) o el desierto de Guajira (Colombia) son algunos de los “lugares sagrados” más visitados por los esoturistas.

También el  Cerro Uritorco en Argentina , un lugar considerado sagrado ya por las culturas precolombinas donde, en el verano de 1986 cientos de personas aseguraron ser testigos de la presencia de objetos voladores no identificados. De un día para otro, el Cerro, presuntamente visitado por seres de otras latitudes y extraños objetos, se convirtió en un imán para los entusiastas esoturistas que creen a pies juntillas que en las capas más profundas del Cerro se encuentra Erks, la ciudad invisible, una de las varias “puertas energéticas del planeta” que comunica con otros mundos.

Ritos iniciáticos

Pero estos viajes esotéricos, que no dejan de ser un negocio redondo para sus promotores, muchas veces llegan acompañados de la invitación a participar en ritos iniciáticos.

Entre ruta y ruta de inocente senderismo, al interesado se le ofrece el “conocimiento verdadero” con frases como “conoce tu Yo Íntimo frente y la influencia espiritual de los planetas”, “descubre tus propios poderes mágicos y tu papel en los cambios mundiales”, “participa en un rito cósmico de alquimia celeste” o “armonízate espiritualmente en la naturaleza a través de algunas técnicas y regresarás renovado”.

Prácticas que en algunos casos nada inofensivas que pueden condenar al ingenuo turista no solo ser estafado por falsos maestros y chamanes, sino incluso a caer en las redes de alguna secta sin escrúpulos o a derivar hacia el consumo de sustancias peligrosas.

Por ejemplo, en la Amazonía y América del Sur son muy frecuentes los ritos con ayahuasca, planta que mezclada ceremonialmente con la chacruma provoca en aquellos que la consumen una serie de alucinaciones y cambios en la percepción que derivan en un sentimiento de fusión con el universo. ¿Atractivo? No demasiado: muchos de los consumidores experimentan lo que se conoce como “un mal viaje”. En Huancabamba, cuna del curanderismo, las autoridades alertan a los turistas acerca de los desaprensivos que buscan hacer negocio e invitan a informarse previamente en la Oficina de Turismo.

Turismo apocalítpcio muy rentable

Otro ejemplo de la alta rentabilidad del mercado esotérico es el llamado “turismo apocalíptico” que en los últimos tiempos promueve México con motivo del célebre pronóstico del calendario maya del 21 de diciembre de 2012 : nos quedan tres meses para que estalle el fin del mundo o comience una nueva era.

Aquí la estrategia de marketing se ha institucionalizado, el Gobierno mexicano no ha querido desaprovechar todo lo que genera la efeméride y lleva meses desarrollando todo un programa de turismo New Age para capitalizar la fiebre milenarista.

Un reclamo turístico menos inocente de lo que aparenta.  Con una inversión publicitaria de 49 millones de dólares, gracias al programa “Mundo Maya”, México habrá recibido el próximo 21 de diciembre la visita de unos 52 millones de turistas locales y foráneos y habrá ingresado aproximadamente 14.000 millones de dólares .

Arqueólogos en contra

Sin embargo, el descontento social es patente: tras las vivas protestas de un grupo de arqueólogos e historiadores que el pasado mes de julio llegaron a ocupar el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, los organizadores se han visto obligados a cancelar varios espectáculos en el yacimiento de Chichén Itzá .

Los arqueólogos creen que el uso de los restos del pasado de forma comercial, además de ser denigrantes ponen en peligro los propios vestigios. Las organizaciones indígenas también han denunciado el programa: “Lo enfocan comercialmente, prescindiendo de nuestra cultura, nuestras raíces y nuestras prácticas”, aseguran.

Sin embargo, el reclamo turístico es demasiado potente y el INAH ya ha autorizado el próximo 22 de septiembre una ceremonia en el palacio de las Ruinas del Rey, en Cancún, denominado “Mensaje de Luz, Paz y Armonía Mundial del Nuevo Renacer Maya.