Libertad Digital (España), Yésica Sánchez, 18.09.2021

Las ocurrencias de los grupos antivacunas no dejan de sorprendernos. La última: desgrafenarse. Una acción que iría dirigida a limpiar nuestro organismo del grafeno que nos habrían introducido con la vacuna y anular el efecto magnético que -se supone- confiere el fármaco. Sería algo así como desvacunarse. El asunto tendría su gracia si no fuese porque el método que proponen para conseguirlo puede costarnos la vida. Una vez más, dióxido de cloro.

Hasta el momento, recomendaban administrar este compuesto químico para prevenir y tratar la covid, por vía oral e incluso rectal. Ahora, incitan su consumo para eliminar los restos de la vacuna que pudieran quedar en nuestro cuerpo, una vez «grafenados». Así lo explican en los mensajes que sus adeptos hacen circular a través de WhatsApp y Telegram, y que -por supuesto- en su mayoría tienen como finalidad la venta del producto en cuestión.

Pero, si en algún momento tienen la tentación de probarlo, recuerden: es tóxico, ilegal (artículo 9.1 de la Ley 29/2006, de 26 de julio) y puede causarles graves problemas de salud, como advierte la Agencia Española del Medicamento. De hecho, lo lleva haciendo desde 2010, cuando decidió prohibirlo y retirarlo del mercado.

Entonces, el organismo fue conocedor de la alerta sanitaria desatada por un producto hermano llamado Miracle Mineral Solution (MMS). Es decir, solución mineral milagrosa. Sólo el nombre ya debería echarnos para atrás. Sin embargo, muchos se dejaron llevar por las recomendaciones de distintos gurús pseudocientíficos y curanderos que prometían todo tipo de beneficios en relación con enfermedades infecciosas, tumorales o degenerativas.

Ya ven, el negocio no es nuevo. Hace muchos años que se vende como remedio polivalente contra todo tipo de enfermedades y patologías: cáncer, sida, autismo… Como se imaginarán, ahora -con la covid- algunos han visto en el dióxido de cloro una nueva oportunidad para hacer caja, aunque sea a costa de la salud de otros.

LLama la atención que los que recomiendan estos productos, que no han pasado ningún tipo de control o evaluación por parte de las autoridades sanitarias, son los mismos que rechazaban la vacuna alegando que era «experimental» y no estaba «suficientemente probada». También es curioso que los antivacunas contra la covid no quieran ser denominados antivacunas porque -aseguran- sólo son «contrarios a ESTA vacuna» (la de la covid) y sin embargo están cayendo, uno por uno, en todos los postulados del movimiento. Así que, les guste o no, parece que lo son. Porque hasta lo de desintoxicarse, o deshacerse de los residuos de las vacunas, viene de largo.

Qué es el dióxido de cloro

Se trata de clorito de sodio, que -en solución acuosa y cuando se administra en las condiciones indicadas- se transforma en ácido cloroso, que a su vez se degrada y resulta dióxido de cloro. Todas estas, sustancias con una fuerte acción oxidante fuerte, utilizadas en la industria fundamentalmente como blanqueante o desinfectante.

El dióxido de cloro, también llamado CDS (Chlorine Dioxide Solution), no es otra cosa que lejía, según la definición de la RAE. Sin embargo, su uso contra la covid ha supuesto una auténtica revolución en algunos países de Hispano América. En especial, en Perú y Bolivia.

El caso boliviano es singular. El producto ha llegado a venderse en farmacias tras su aprobación en el Parlamento, mientras que el Gobierno desaconsejaba y perseguía su consumo como tratamiento terapéutico. Fue un pulso del Movimiento Al Socialismo (MAS) de Evo Morales, mayoritario en la Asamblea Legislativa de Bolivia, al Ejecutivo interino de Jeanine Áñez, que gobernó de noviembre de 2019 al mismo mes de 2020.

Daños al organismo

El dióxido de cloro «pone en peligro la salud del paciente», como el recoge el informe del Observatorio de la Prescripción de la OMC, elaborado después de que la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) decidiera su retirada del mercado, por el mismo motivo.

Su consumo directo puede producir dolor abdominal, nauseas, vómitos, diarrea, intoxicaciones, fallo renal, anuria, anemia y metahemoglobinemia, llegando incluso a poner en peligro la vida del paciente.

Además, inhalar sus vapores causa irritación ocular o respiratoria, brocoespasmo e incluso edema pulmonar.

De ahí que distintas agencias y organismos internacionales, además de los españoles, adviertan del riesgo que supone su consumo. Entre ellas, la FDA y la Agencia Panamericana de la Salud.

Su impulsor: Andreas Kalcker

Andreas Kalcker es, en la actualidad, uno de los grandes referentes a nivel mundial de los adeptos al dióxido de cloro, llamados popularmente «bebe lejías».

Según reza en la biografía publicada en su web, es un «investigador biofísico de origen alemán que ha vivido la mayor parte de su vida en España y desde hace muchos años reside en Suiza», donde -dice- «ha investigado y registrado varias patentes internacionales que tratan del uso terapéutico del dióxido de cloro».

En este punto, es importante aclarar dos cosas. La primera y más importante es que la comercialización de dióxido de cloro con uso terapéutico está prohibida en Suiza, como ocurre en los países de su entorno (Alemania, Austria, España, Francia, Reino Unido, etc).

La segunda tiene que ver con su título universitario, de una procedencia más que dudosa, ya que fue expedido por la Open University of Advanced Sciences, una universidad naturista acusada en varias ocasiones de vender títulos por internet, y acreditado desde Florida, estado que no tiene regulación sobre la expedición de titulaciones no reconocidas por organismos oficiales.

No obstante, hay que señalar que -a día de hoy- el propio centro educativo se desvincula de Kalcker y el uso terapéutico del dióxido de cloro, como deja patente en la nota aclaratoria publicada en la página de inicio de su web.

Volviendo al sujeto en cuestión, Kalcker lleva más de una década viviendo de ejercer como profeta del dióxido de cloro. Ha publicado dos libros (‘CDS la salud es posible’ y ‘Salud prohibida’), ofrece conferencias y forma parte de COMUSAV (organización de la que es miembro honorífico y cofundador), a través de la cual también se ofertan actividades a las que se puede acceder previo pago o bajo inscripción. Es cierto que, en ocasiones, también realizan eventos «solidarios», pero -eso sí- siempre en beneficio de la propia Fundación Andreas Kalcker.

Es el caso del concierto ‘Artistas Unidos por la Vida’ que tendrá lugar el 14 de noviembre en Guadalajara (México).

La historia es tremebunda, pero aún no hemos llegado a lo peor. Ya hemos apuntado que lo que está en juego es la salud, e incluso la vida. Un niño de 5 años murió en Argentina el año pasado después de que sus padres, seguidores de las teorías de Kalcker hasta ese momento, le administraron dióxido de cloro, con fatales consecuencias.

El caso conmocionó el país. Desde entonces, muchos han arremetido duramente contra actitudes como la de la presentadora Viviana Canosa, que apenas unos días antes del fallecimiento del pequeño tuvo la idea de despedir su programa Nada Personal bebiendo en directo de una botella que contenía dióxido de cloro, según dijo ella misma. «Voy a tomar un poquito de mi CDS. Oxigena la sangre, viene divino… Yo lo recomiendo. Yo, les muestro lo que hago», explicó.

Josep Pàmies, el profeta español

El agricultor y curandero catalán Josep Pàmies es uno de los grandes defensores del uso de dióxido de cloro en nuestro país. De hecho, reconoce abiertamente administrar CDS a sus «pacientes». Se lo ha dado «a miles» contra la covid, según dijo él mismo en el programa Todo es verdad de Cuatro.

Esta práctica no es nueva para el defensor de las pseudoterapias. En 2018, ya fue sancionado por la Generalidad de Cataluña con cerca de 700.000 euros por promocionar este producto para tratar el autismo.

De poco le sirvió, a la vista de los acontecimientos. No ha dejado de hacer propaganda ni de administrar el dióxido de cloro a quienes acuden a él. El pasado año, el Consejo de Colegios de Médicos de Cataluña presentó una denuncia ante la Fiscalía del TSJC contra él y contra la cooperativa Dulce Revolución, por este motivo.

Tampoco es difícil encontrar al máximo referente de la «solución milagrosa» a nivel mundial en su web, que -por cierto- vende productos que «abren caminos hacia la autogestión de la salud y la autonomía personal». En ella, podemos adquirir el libro ‘Salud prohibida, de Andreas Kalcker.

El origen de la solución milagrosa

El MMS apareció por primera vez como remedio a distintas enfermedades en un libro publicado por el estadounidense Jim Humble, en 2006: ‘The Miracle Mineral Solution of The 21st Century’. De ahí, que se acuñara el término. Su autor es un tipo singular. Un antiguo buscador de oro que asegura que es un dios proveniente de la Galaxia de Andrómeda y que ha sido enviado a la Tierra para salvar a la humanidad. Precisamente con el dióxido de cloro, claro.

Por increíble que parezca, Humble fundó una «iglesia» llamada Genesis II Church of Health and Healing, que hoy tiene presencia en varios países del mundo. Para formar parte de la secta, no hay más que pagar 35 dólares por la afiliación y combatir las prácticas científicas demonizadas por su «pastor», como las vacunas y los rayos X.

No obstante, según asegura Humble, dejó la organización en 2017. Pero el líder actual, Mark Grenon (62), siguió sus pasos. Fue arrestado en Colombia junto a uno de sus hijos, Joseph (32), acusados de fabricar, promover y vender un remedio fraudulento contra el coronavirus y otras enfermedades (alzheimer, cáncer, autismo, etc). Se trata -unas vez más- del conocido MMS, denominado como «la cura milagrosa del millón de dólares» por The New York Times.

El bulo de la NASA

A través de las redes sociales, ha circulado durante meses un bulo que asegura que la NASA «catalogó» el dióxido de cloro como un antídoto universal a finales los 80. Algo absolutamente falso que los «bebe lejías» han sacado -manipulado- de un artículo publicado por Spinoff (una revista editada por la agencia aeroespacial), que hablaba de la capacidad desinfectante de un producto llamado Alcide, aplicado a los sistemas de aire acondicionado de los coches.

El bulo ha sido impulsado por un grupo llamado Humanos por la verdad, primo hermano de biólogos, médicos, ciudadanos y otros colectivos que se usan la misma coletilla -por la verdad- en su denominación, pero que en realidad no dicen ni una. Uno de los puntos que tienen en común.

El otro, quizás el más importante -para ellos- es que todos tienen en su webs un apartado convenientemente destacado en el que se pueden hacer donaciones a la «causa». «La verdad», parece ser rentable.

No les sorprenderá que entre las organizaciones asociadas encontremos una llamada MMS Prime. Seguro que recuerdan la solución mineral milagrosa de la que hablábamos tan sólo unas líneas más arriba, sobre la que pesan multitud de casos de intoxicación y que desató una cadena de alertas sanitarias a nivel internacional. Pues bien, la siguen vendiendo sin pudor.

La red de ¿la verdad?

Es una red. Todo está conectado. Por ejemplo, la chilena Humanos por la verdad se hace eco de las supuestas «informaciones» o «investigaciones» que lanzan desde La Quinta Columna, organización española de la que ya les hablamos en el reportaje sobre el lobby antivacunas en España y que está encabezada por Ricardo Delgado Martín. Uno de los instigadores de la concentración antipandemia del 16 de agosto de 2020 en la Plaza de Colón de Madrid, junto al mencionado Josep Pàmies y otros conocidos gurús antivacunas.

A día de hoy, el sevillano -Ricardo Delgado- sigue negando incluso la existencia del Sars-Cov-2 y se ha convertido en un auténtico contenedor de bulos sobre las vacunas contra la covid. En un sólo video, defiende que: son tóxicas, contienen grafeno, confieren magnetismo, con ellas nos inocularon un microchip… Todos ellos, por cierto, desmentidos por sendos expertos en vacunas y coronavirus en distintos reportajes publicados en Libertad Digital.