Yahoo Noticias (España), José de Toledo, 5.05.2021

El caso de la ayahuasca es muy curioso, y uno del que podemos aprender unas cuantas cosas. Esta planta, conocida – erróneamente – por ser un potente alucinógeno, va camino de desaparecer. Y lo va a hacer, si no le ponemos remedio, porque la estamos esquilmando para venderla.

Antes de seguir, vamos a explicar lo de que la planta de ayahuasca no es una droga. A lo que nos referimos normalmente como “ayahuasca”, la droga, es en realidad un preparado de dos plantas, la liana de la ayahuasca (Banisteriopsis caapi) o yagé, y otra planta conocida como chacruna (Psychotria viridis). La planta que provoca los efectos alucinógenos es la chacruna, pero sin ayahuasca no funcionaría, ya que esta planta evita que nuestro cuerpo produzca una enzima que se encarga de neutralizar la droga.

Así que la ayahuasca no es alucinógena, pero sin ayahuasca la bebida no sería alucinógena. Y por eso se está esquilmando esta liana, que cada vez es más difícil de encontrar en sus hábitats naturales de la cuenca del Amazonas.

Y aquí se juntan dos factores. Primero, el uso tradicional que tienen estas plantas. Desde antiguo, la bebida de ayahuasca ha ju gado un papel fundamental en rituales espirituales de poblaciones de América del Sur. Y hoy en día se sigue usando, solo que no se queda sólo en Sudamérica, si no que viaja allá donde van sus habitantes.

Pero no sólo para ellos. Desde hace un tiempo, los rituales de ayahuasca se han puesto de moda entre la población de países desarrollados. Tal vez no de manera masiva, pero sí que ha aumentado el consumo de gente atraída por la espiritualidad del ritual, pero también por la parte lúdica del proceso.

A esto hay que sumarle que la ayahuasca también es un compuesto muy apreciado en la medicina tradicional de la región del Amazonas. Además de para rituales, se utiliza en productos con pretensiones sanadoras. Y esto, de nuevo, supone una presión para su consumo.

Así que la recolección de la ayahuasca ha ido aumentando, por la suma de los dos factores. Los recolectores comentan que el peligro al que se está sometiendo a la planta ya se puede apreciar, de dos maneras muy concretas: cada vez es más difícil encontrar ayahuasca, y la que se encuentra es de peor calidad – plantas más jóvenes, con peor uso tanto; pero también se nota en el aumento del precio, que en los últimos cinco años ha llegado a multiplicarse por seis.

Si nos paramos a pensarlo, todo esto que estamos comentando es casi una copia de lo que ha ocurrido con otros recursos. Tal vez no la parte espiritual y de rituales, pero en el fondo lo que se está viendo con la ayahuasca es el caso claro de cómo la sobreexplotación acaba llevando a un serio peligro a las especies.

Por cierto, que cultivarla tampoco es la solución. Ya se ha intentado, pero tiene un problema: la ayahuasca tarda mucho en crecer, y a la población de la zona en la que se puede cultivar tener reservado el terreno durante tanto tiempo no le resulta viable.

Y hay un detalle más. Uno que puede hacer que para aquellos a los que la desaparición de la ayahuasca no les diga nada tal vez les haga cambiar la opinión, y algo que también ocurre con otras muchas especies: desde hace tiempo se valora que la ayahuasca – la planta y el brebaje – al igual que otras muchas sustancias psicotrópicas como las setas mágicas, pueden jugar un papel fundamental a la hora de encontrar medicamentos para tratar la depresión y la ansiedad, o incluso dolencias más preocupantes como la esquizofrenia. Los compuestos bioquímicos que generan estas especies pueden servir de base para medicamentos y tratamientos en un futuro… si la especie no se extingue antes.

Igual el hecho de que desaparezca una especie que nos puede ofrecer medicamentos, que tiene un papel fundamental en diversas culturas y que cumple su papel ecológico, por el mero hecho de haberse puesto de moda, no es una buena noticia.