La Crónica de Quindío (Colombia), Roberto Restrepo, 31.01.2021

Las épocas de crisis vienen también con las respuestas y sus paliativos para enfrentar la incertidumbre. Esas soluciones culturales se ubican en las esferas de lo sagrado y lo profano y se explican en el marco de lo mágico religioso.

En los últimos días de enero de 2021, el país estuvo atento al desenvolvimiento de un hecho de su cotidianidad. El escenario fue la comunidad del corregimiento de Isabel López, municipio de Sabanalarga, Atlántico. Sus protagonistas, los miembros de la iglesia cristiana Berea, quienes se encerraron durante varios días en una humilde casa, esperando en ayuno la llegada de Jesucristo y la resurrección de los muertos. Simultáneamente en la vivienda del pastor Gabriel Alberto Ferrer Ruiz, ubicada en el exclusivo barrio Los Nogales de Barranquilla, también esperaron se cumpliera ese acontecimiento el día jueves 28 de enero.

Estas manifestaciones, muy comunes en varias partes del mundo, son propias de sectas que han alienado a sus integrantes, en el convencimiento de la llegada de un mesías salvador, obedeciendo ciegamente los preceptos de su líder religioso, hasta provocar en muchos casos verdaderas tragedias sociales.

En la reseña etnohistórica de la región quimbaya, el cronista de Indias, fray Pedro Simón, informó sobre un conato de rebelión en el año 1603. Menciona el nombre de Nabsacadas, en alusión a la aparición de este personaje entre los indígenas y quien fue  referenciado como un nuevo ‘mesías’, pero en la figura de un demonio. El historiador Juan Friede, en su obra Los quimbayas bajo la dominación española, acota que es un relato confuso y que puede rayar en la fantasía del fraile. Esto escribe Friede: “…Nabsacadas les señalaba el poco valor que tenía el bautismo… Sostenía ser el bisabuelo de los indios y haber vivido en el páramo de Tataquí después de su muerte terrenal. Les anunciaba que era su dios y para demostrar el poder sobrenatural les dio semillas de maíz y de ahuyamas que, una vez sembradas, dieron frutos maduros al tercer día; aunque al día siguiente, dice fray Pedro, el maíz estaba seco y las ahuyamas podridas…”.

Otros historiadores han señalado que este mesías pudo ser un ‘jaibaná’ de los apías o también un líder religioso del grupo panche y que apareció en la época de azote de una peste que diezmaba a la población nativa.

La más clara justificación de la permanencia de las sectas religiosas se explica en el papel que ellas tienen en el apaciguamiento de las tensiones sociales. En una etapa tan crítica, como ha sido la pandemia del coronavirus, es natural que situaciones de mucha ansiedad requieran acciones de alivio y restitución de la confianza para los miembros de estas congregaciones. La perplejidad que se apodera de los conglomerados sociales da lugar a ser tratada al interior de la secta, ofreciendo seguridad al individuo.

Las sectas crecen y se establecen a diario, especialmente en sectores urbanos, así como también se reproducen diversas terapéuticas conexas con el curanderismo, la espiritualidad y el interés centrado en las prácticas medicinales indígenas, lo mismo que en la práctica de lo que hoy se conoce como el neochamanismo. En la historia de la región, se recuerda la existencia de un grupo de caminantes que cubrían sus cuerpos con costales, recorriendo las montañas del Tolima y el acceso a la laguna del Otún, quienes se hacían llamar Los Santísimos Hermanos. Y en la vereda Pueblo Rico de Montenegro, Quindío, no se olvida la labor de los integrantes del recinto de los Doce Apóstoles. El primer grupo tenía un espíritu ermitaño, alejado por completo del mundo citadino. Mientras el  segundo pregonaba el manejo de la medicina homeópata, “amén de los consejos apropiados para enfrentar la conflictividad sicoespiritual”.

En Pereira, a finales de la década de los 70, en el trabajo de grado titulado El pensamiento mágico religioso en la zona urbana de Pereira, se evidencia el gran crecimiento de las sectas, con variada operancia funcional. Esto se explica, igual que en las otras 2 capitales del Eje Cafetero, por la especial configuración de sus habitantes, quienes demuestran un exacerbado interés por lo nuevo, lo misterioso, lo esotérico, lo milagroso, lo excepcional y aceptan como regla general la magia.

Se identificaron en Pereira, entre otras, las siguientes iglesias, sectas y organizaciones: las iglesias evangélicas, especialmente las pentecostales, que son conversionistas, pues abogan por la conversión de los fieles con base en el evangelio. Las revolucionarias, que responden al principio de ‘Cristo vuelve’. Las manipulacionistas, como los gnósticos, que juegan analógicamente con los procedimientos teóricos, astrológicos y religiosos. Los espiritistas, que operan con reacción taumatúrgica, pues pretenden rebasar los anales del más allá a través de la mediumnidad. Dentro de la pesquisa etnográfica se encontró un grupo que pretende establecer contacto con ovnis y a los que se les clasifica como utopistas. El carácter ritualista corresponde a 2 grupos que, en su momento, también se encontraban operando en otras poblaciones del Eje Cafetero y el norte del Valle del Cauca. Eran las de Mamá Regina o Regina XI y la del Hermano José Gregorio Hernández.

Esta última, que también ha persistido en el medio popular como un culto al legendario médico venezolano, que nació en 1864 y murió atropellado en 1919, es tal vez la más difundida internacionalmente. Y mucho más ahora que su próxima beatificación por parte del Vaticano y su carácter milagroso lo han entronizado oficialmente, incluyendo el manejo político del poder, desde la misma presidencia del país suramericano, ya que el futuro beato es el referente milagroso.

En Armenia, Pereira, Manizales y el resto de Colombia, el manejo mediático, comercial y de sincretismo religioso que ha tenido este médium y ‘santo popular’ de Venezuela, lo han convertido en la manifestación de cultura popular más acendrada.

Otros santos seculares de América y de Europa, que no cuentan con el reconocimiento oficial de la iglesia católica, son objeto de culto y de veneración popular. Entre otros, son los siguientes: los narcos Jesús Malverde de México y Pablo Escobar de Colombia. La indígena María Lionza de Venezuela. Juan Soldado, un militar raso de México. Gauchito Gil, un gaucho de Argentina. El cantante Michael Jackson. Y como caso especial, el futbolista Diego Armando Maradona, a quien muchos de sus hinchas ya lo habían convertido en vida como una figura divina, venerado en la llamada iglesia maradoniana.

También, dentro de esta categoría de culto al fetiche funerario, en Pereira y Circasia, sus 2 cementerios cuentan con este tipo de ritualidades. Dentro del San Camilo, en la capital de Risaralda, se les ruegan favores a los miembros de la familia López Arbeláez en su mausoleo. El jefe de este núcleo familiar fue en vida un bienhechor de los desamparados. Mientras que en Circasia, en la tumba de Bernardina Martínez, sepultada el 13 de marzo de 1933, su tumba del cementerio Los Ángeles es marcada con números de lotería y chance por sus peticionarios, quienes le piden favores económicos.

Esta fecha agorera de 1933 también es recordada en el municipio quindiano, donde está el cementerio libre, porque en la Semana Santa de ese año, el cura de la parroquia “creyó que él era Jesús resucitado, subió a una de las andas y ordenó a sus feligreses que lo pasearan por las calles de la plaza” y tal cual lo atestigua el testimonio del señor Domingo Botero.

Por fortuna, lo más temido en el corregimiento de Isabel López y en Barranquilla, no sucedió, teniendo en cuenta el fanatismo que invade a esas sectas que anuncian la llegada del ‘mesías’. Se refiere ese temor a los suicidios colectivos. No olvida el mundo las tragedias ocurridas por dichas motivaciones. Ellas fueron la del ‘templo del pueblo’ en Guyana, año 1978, con 914  seguidores del pastor Jim Jones, que  ingirieron cianuro de potasio. O la del 19 de abril de 1993, cuando 87 miembros de la secta Los Davidianos se autoinmolaron junto con su dirigente en el rancho Monte Carmelo de  la población de Waco, Texas.

Mesianismo, sectas y cultos. Son respuestas a la desesperanza que este mundo secular y deshumanizado nos ha deparado con el paso inclemente del tiempo. El conocimiento sobre el fanatismo y fundamentalismo de muchas de esas manifestaciones, nos deja la gran lección: blindarse de sus influjos alienantes y desestabilizadores, a través de las relaciones interpersonales, de la ternura social, del afecto y del calor de hogar.