El Confidencial (España), A Alamillos, 1.09.2020

Hace dos semanas, la modélica Corea del Sur volvió a enfrentarse a un histórico pico de contagios de coronavirus, con las mayores cifras de infectados locales de los últimos cuatro meses. A principios de septiembre, el número de contagios diarios se mantiene en las tres cifras, el 80% concentrado en la capital, Seúl, y su área metropolitana. ¿Los culpables? Según las autoridades surcoreanas, el contagio volvió a estallar en los servicios religiosos de una iglesia de Seúl, cuya “descarada” actitud ha puesto en peligro los esfuerzos del país para contener el virus, “rechazando y obstruyendo todas las recomendaciones del Gobierno”. Pero no es la única iglesia en el foco de las críticas. En solo la última semana, se han detectado al menos otros tres grandes brotes ligados a distintas iglesias y congregaciones religiosas en todo el país. El propio presidente surcoreano, Moon Jae-in, se reunió el pasado 27 de agosto con varios representantes religiosos con una sola petición, que celebraran los servicios religiosos ‘online’ y se adhirieran, como el resto de negocios, a las recomendaciones del Gobierno contra las reuniones multitudinarias. “Por favor, cooperen para que todos superemos la crisis del coronavirus lo antes posible”.

La respuesta de la Unión de Iglesias Cristianas (protestantes) de Corea ha sido: “La libertad de religión no puede ser sacrificada”. La pandemia de coronavirus ha desatado un rifirrafe entre el Gobierno, las iglesias y la sociedad surcoreana, con acusaciones cruzadas, manifestaciones antigubernamentales e incluso teorías conspiranoicas.

Esta semana, Seúl ha aumentado las restricciones para controlar el virus, limitando los horarios de las cafeterías y restaurantes (las franquicias de cafeterías solo podrán ofrecer bebidas para llevar), instando al teletrabajo (un tercio de los funcionarios han sido mandados a casa), han prohibido las visitas a las residencias de ancianos y han pedido a la población que no salga si no es necesario. Las alarmas están encendidas. El pasado viernes, el Ministerio de Salud advirtió que apenas quedaban disponibles un 4,5% de las camas de cuidados intensivos en la zona metropolitana de Seúl, frente al 22% que tenían disponibles la semana anterior.

El mayor ‘clúster’ del brote de Seúl ha sido rastreado hasta la iglesia Sarang Jeil (el amor primero), al norte de la ciudad, con más de 1.000 casos a 31 de agosto. Desde este brote los contagios se han extendido al resto del país. Otros focos registrados en iglesias se han dado en la de Kwonneung (Seúl), detectado el 31 de agosto y con casi 50 contagiados, en Daegu (sur del país), detectado el 30 de agosto y hasta el momento al menos 34 contagiados, y en la iglesia baptista Sunglim de Gwangju, detectado el 27 de agosto y con 44 casos hasta el momento, según reportan medios locales.

Pese al enrarecido clima social y las advertencias gubernamentales, este domingo al menos 40 iglesias (de las que se tenga constancia) en Seúl celebraron servicios religiosos presenciales. En Busan, la segunda ciudad del país, el teniente de alcalde amenazó con multar a las iglesias que celebraran sus servicios en persona, después de que 279 iglesias ignoraran las advertencias de la ciudad contra las reuniones multitudinarias. Pese a la prohibición y amenaza de multa, una treintena de iglesias de Busan celebraron finalmente sus servicios este domingo, declarándose dispuestos a pagar lo que fuera, ya que la prohibición sería “persecución religiosa”. En la ciudad de Gwangju, donde las autoridades habían impuesto la prohibición de servicios religiosos en persona, docenas de iglesias desafiaron la prohibición. En al menos dos iglesias presbiterianas, cada una con un centenar de personas, agentes de policía tuvieron que personarse para dispersar a los congregados, y se produjeron varias escenas de peleas y forcejeos entre los feligreses y los agentes. Los casos siguen: un pastor de la iglesia presbiteriana de Sarang Jeil, que instó a sus feligreses a retrasar sus test de diagnóstico de coronavirus aunque ya tuvieran síntomas, ha sido llamado a declarar por la Policía surcoreana por “obstruir” los esfuerzos de cuarentena.

Choque religión-política

La relación entre las iglesias cristianas o sectas de distinta configuración y la pandemia en Corea del Sur viene ya desde inicios de 2020, cuando el país asiático se enfrentaba a su primera ola. El pasado marzo, el mayor brote en el país se relacionó con una oscura secta de inspiración cristiana Shincheonji, con miles de contagiados. Aquel fuego se apagó, con varias disculpas públicas de los líderes de la secta, la detención de uno de ellos por obstrucción y la decisión voluntaria de varios de los practicantes contagiados de, una vez superado el virus, donar su plasma para otros pacientes. Sin embargo, fue solo el principio que ha destapado un tira y afloja entre las autoridades, la sociedad surcoreana y los grupos religiosos cristianos en el país. Y el brote de Sarang Jeil en Seúl tiene potencial para ser mucho más grave que el de Shincheonji: mientras que el de la secta tuvo lugar en Daegu, el de Sarang Jeil se localiza en Seúl, donde vive casi la mitad de la población del país, la movilidad es enorme y la edad media de la congregación es mucho mayor que la de Shincheonji.

Las iglesias protestantes y el ala más conservadora del país han liderado las protestas contra la gestión del Gobierno de Moon de la pandemia, considerando las restricciones demasiado elevadas, pese a que sobre Corea del Sur no ha pesado nunca un confinamiento per se y ha conseguido sobrellevar con 324 muertos (en un país de 51,64 millones habitantes) las sucesivas oleadas del virus. El 15 de agosto, pastores protestantes radicales congregaron a cientos de personas en Gwanghwamun (centro de Seúl) en una protesta contra el Gobierno. Entre los asistentes a la manifestación estaban muchos feligreses de la iglesia de Sarang Jeil (el foco en Seúl, con más de 1.000 positivos), algunos de los cuales habían recibido instrucciones desde la iglesia para que evitaran hacerse un test de covid y que el confinamiento posterior les impidiera asistir, según ha denunciado la Policía de Seúl. Los otros dos brotes en Daegu y Gwangju pueden rastrearse también hasta esta manifestación: en el caso de la iglesia de Daegu, la mitad de los miembros de la congregación habrían tomado buses para asistir.

El 20 de agosto se celebró una segunda protesta, más limitada, de “cristianos radicales” frente a la ‘Casa Azul’, el palacio presidencial surcoreano, demandando la dimisión de Moon, criticando las medidas de control y distanciamiento social surcoreanas y culpando a “los chinos y otros extranjeros” de los brotes de coronavirus en Corea del Sur. Apenas una semana después, el pastor Joseph Joo, uno de los instigadores de la protesta, daba positivo de coronavirus y ha sido obligado a realizar una cuarentena.

“Como resultado [de la actitud de algunas iglesias] la lucha contra el coronavirus de Corea del Sur, que ha sido ejemplar para el resto del mundo, nos estamos enfrentando ahora a una crisis, y todo el país está atravesando grandes dificultades”, ha aseverado el presidente Moon, quien aprovechó el discurso para criticar a las iglesias, afirmando que los feligreses que hayan violado las precauciones “deberían disculparse y colaborar con las autoridades”, en lugar de “hablar de conspiraciones”.

“Conspiraciones” contra las iglesias

Porque eso es, de hecho, lo que algunas iglesias y pastores —con gran presencia mediática y en redes— han estado arguyendo. Algunos representantes políticos del ala más conservadora han señalado que Moon solo está utilizando a las iglesias como “chivo expiatorio” de los rebrotes. En el ojo público y acusados por parte de la población surcoreana como “responsables” de estos nuevos rebrotes, el líder de la iglesia de Sarang Jeil (con más de un millar de contagiados), el pastor Jun Kwang-hoon (también infectado), ha insistido que el virus habría sido traído intencionadamente a su congregación por razones políticas y que está dañando la imagen de todas las iglesias [cristianas, la mayoría de tendencia protestante] surcoreanas.

Las primeras encuestas parecen darle la razón en ese último aspecto. Según un reciente sondeo del Instituto Nacional de Investigación de Datos surcoreano, en la opinión pública del país ha crecido fuertemente la imagen negativa del protestantismo, frente a otras confesiones como el catolicismo o el budismo. “La gente se siente herida [por la falta de cooperación con las medidas contra el covid de las iglesias], y creo que el propio cristianismo es el que está sufriendo el daño más directo. [La actitud de algunas iglesias] Está dañando la confianza de hacia la iglesia coreana”, ha declarado Moon.

Y la desconfianza se ha convertido en mutua, con muchos de los fieles acusando al Gobierno de “una caza de brujas” y de manipular los resultados de los test para mantenerlos confinados. En las últimas semanas, se han dado un puñado de casos muy aireados por la prensa local de parroquianos de algunas de estas iglesias que se negaban a ser testados o que ocultaban a las autoridades su paradero y últimos movimientos.

Por supuesto, no todas las iglesias han desafiado las prohibiciones de congregar a grandes grupos de gente. Sin embargo, en el caso de las congregaciones de tendencias protestantes o evangélicas, a diferencia de las católicas, tienen una organización más descentralizada, lo que ha dificultado obtener un compromiso conjunto para que suspendan sus servicios o, al menos, los retransmitan online. Se añade a la ecuación el derecho a la libertad religiosa, que abanderan incluso los altos cargos de las iglesias protestantes en sus negociaciones del pasado jueves con el Gobierno.

Kim Tae-young, uno de los colíderes de la Unión de Iglesias Cristianas de Corea, ha lamentado que “muchas infecciones se hayan producido entre los feligreses”, pero ha recordado que “la libertad de religión es un valor insustituible”, y que las iglesias no deberían ser tratadas como otros negocios como cafeterías o bares. “La libertad de religión no puede ser sacrificada [durante el tiempo que dure la epidemia de coronavirus], las puertas de la iglesia no pueden ser cerradas”. “Me ha sorprendido enormemente escuchar que la libertad religiosa pueda limitarse al poder público con demasiada facilidad y ordenarse que se detenga”.