Diario Vasco (España), Pedro Ontoso, 13.09.2020

A finales de la primavera de 2015 Silverio Nieto, un cura de vocación tardía, se sentía un poco como Guillermo de Baskerville, el monje enviado por la Inquisición para resolver las misteriosas muertes en una abadía, según el magnífico relato de Umberto Eco ‘El nombre de la rosa’, llevado al cine con Sean Connery como protagonista. El sacerdote de Almendralejo aterrizó en Euskadi como delegado pontificio para investigar un caso de abusos sexuales en el colegio Gaztelueta de Leioa, la joya de la corona del Opus Dei, pese a que no se trataba de un centro diocesano y el profesor acusado era un laico sin votos religiosos. Ahora quien está bajo la lupa judicial es él. Su nombre aparece en el sumario de la ‘operación Kitchen’, el operativo parapolicial destinado a espiar a Luis Bárcenas, extesorero del PP, y robarle información comprometida para la cúpula del partido.

Nieto estaba con el excomisario de Policía Enrique García Castaño, ‘el Gordo’, cuando este fue detenido por la Unidad de Asuntos Internos en julio de 2018 por su presunta participación en la trama (era el jefe de la Unidad Central de Apoyo Operativo). Asimismo, rebotó un mensaje al exministro del Interior Jorge Fernández Díaz sobre el mismo asunto, según una información de ‘El País’. El texto de WhatsApp provenía de su ex ‘número dos’ Francisco Martínez, dueño de muchos secretos sobre contactos con ETA como director de la Seguridad del Estado, en el que alertaba de los próximos pasos que pensaba dar sobre la cuestión, entre ellos la aportación de las «instrucciones» del ministro sobre el operativo, por lo que sería citado en sede judicial.

¿Y qué pinta un cura de 73 años en todo este embrollo? Silverio Nieto es muy amigo de Fernández Díaz, quien, por cierto, abrazó la religión también de manera tardía de la mano del Opus Dei, según el mismo ha reconocido. El sacerdote mantiene además lazos con la cúpula policial porque fue policía antes de vestir la sotana. De hecho, fue compañero de promoción del famoso comisario José Villarejo y algunas de las piezas judiciales de este caso afectan a amigos suyos. Nieto no es Baskerville, pero tiene una biografía de película.

Un personaje oscuro

En los años sesenta al joven extremeño le tiraba la aventura, así que se hizo oficial de la marina mercante hasta que un percance en alta mar le empujó a poner los pies en la tierra. En 1971 opositó al Cuerpo General de Policía y en 1973, cuando el franquismo agonizaba, era ya subinspector. Trabajó en la oficina de la Interpol de Madrid y aunque se le ha situado en la Brigada de Información, él lo niega. Dejó la Policía y volvió a presentarse a unas oposiciones, esta vez para juez. Ejerció en primera Instancia y llegó hasta la Sala de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, añadiendo a su agenda de contactos una larga lista de magistrados. Se doctoró en Derecho Civil, pero la Justicia tampoco le llenó, así es que se ordenó sacerdote en 1999 y realizó estudios de Derecho Canónico. Lo suyo no era la pastoral, por lo que se encuadró en la curia de la Conferencia Episcopal y en 2006 asumió el puesto de director del Servicio Jurídico Civil de la Iglesia española.

Nieto se convirtió en uno de los ‘intocables’ de Añastro, la sede del Episcopado, gracias al padrinazgo del jesuita José Antonio Martínez Camino, entonces secretario y portavoz de los obispos, y de los cardenales Antonio Cañizares y Rouco Varela. Este último apreciaba sus conocimientos jurídicos, sobre todo en Derecho Eclesiástico del Estado, una disciplina que el purpurado gallego siempre ha cultivado. También se integró en la Comisión Asesora de Libertad Religiosa del Ministerio de Justicia, por lo que hacía funciones de enlace con el Gobierno.

Su nómina de conexiones se ampliaba, también en el Vaticano, desde que Benedicto XVI le nombró consultor del Pontificio Consejo Cor Unum, encargado de la actividad caritativa. Dado su pasado, se movía bien en los ambientes civiles, mientras engrasaba los eclesiásticos, siempre en segunda línea, siempre en la sombra. «Era un personaje escurridizo», le describe una persona que le frecuentó, que le señala como uno de sus ‘fontaneros’.

Nieto tuvo que bregar también con los casos de abusos sexuales en el seno de la Iglesia, en una época en la que se tapaba por miedo al escándalo. Y se convirtió en ‘el experto’ español. En 2011 el Vaticano le incluyó en la Comisión de Acercamiento para ayudar a las víctimas que sufrieron vejaciones por parte del sacerdote mexicano Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, que abusó durante décadas de seminaristas, y participó en la redacción de un informe detallado para Roma. Cuando estalla el ‘caso Gaztelueta’, con su formación jurídica y sus dotes detectivescas, parecía la persona idónea para realizar la investigación.

Mediación de Omella

La denuncia de abusos en el colegio del Opus Dei afectaba de lleno a un alumno de apellido con solera y proyección social, Cuatrecasas, y a un profesor, José María Martínez, numerario de la Obra y familiar directo de un altísimo cargo del Gobierno de La Rioja. La familia de la víctima, que también se había trasladado a la comunidad riojana, recurrió a monseñor Omella, entonces obispo de Logroño y hoy cardenal y jefe de los obispos españoles. Era una ‘patata caliente’, pero el prelado turolense movió ficha. Algunas fuentes coinciden en que Omella trasladó el asunto al Vaticano de la mano del jesuita vasco Germán Arana Beorlegui, un predicador de ejercicios que pasaba por ser una de las ‘antenas’ del Papa en España, al que los obispos recurrían cuando tenían asuntos turbios que resolver.

El donostiarra Arana, que fue superior del santuario de Javier y superior del profesorado jesuita en la Universidad Gregoriana de Roma, conoció a Bergoglio como arzobispo de Buenos Aires. También es muy amigo del cardenal español Santos Abril, que fue nuncio en Argentina y es muy amigo del pontífice. En medios eclesiásticos se le consideraba «un confidente de Francisco», por lo menos hasta hace dos años, cuando pasó información ‘averiada’ al Papa sobre monseñor Barros, obispo de Osorno (Chile). Arana actuó como consejero espiritual de Barros, acusado de encubrir los abusos sexuales del cura Karadima, un caso que provocó la dimisión de toda la cúpula de la iglesia chilena. Francisco sacó la cara al prelado en una conversación con los periodistas en el avión papal y luego tuvo que pedir perdón por la «falta de una información veraz y equilibrada». Medios vaticanistas señalaron al jesuita donostiarra como el autor de una mala valoración que dejó al pontífice a los pies de los caballos.

El caso es que el Vaticano fue receptivo y envió a Silverio Nieto a Bizkaia. Al igual que Guillermo de Baskerville, llegó con un acompañante, Felipe Freije, juez del Tribunal Eclesiástico de Girona, que actuó como notario. Nieto se entrevistó durante horas tanto con el alumno, como con el profesor y el director del colegio. El sacerdote realizó su informe y lo envió a la Congregación para la Doctrina de la Fe, el antiguo Santo Oficio, que archivó el caso por falta de pruebas.

El sacerdote sigue figurando en el organigrama de la Conferencia Episcopal como asesor técnico en Asuntos Jurídicos y es miembro de la comisión antiabusos. Se le ve poco por Añastro, donde su sobrino Jesús López Nieto opera como letrado asesor, un familiar que también le ha sustituido en la comisión del Ministerio de Justicia. Ahora ayuda en la parroquia de la basílica de la Concepción de Nuestra Señora, en el barrio de Salamanca, donde 13 TV, la televisión de los obispos, graba su misa diaria. Se siente a gusto en ‘el Madrid de las élites’.