Faro de Vigo (España), 25.06.2020

El escritor y periodista canario presenta “Magia, ocultismo y sociedades secretas en el Tercer Reich”, otro acercamiento al universo nazi que aporta otra visión a la importancia que ya en la Alemania prenazi mostraban muchos personajes que se acabaron convirtiendo en dirigentes durante aquella época.

 ¿Todavía queda algo sobre el Tercer Reich que no conozcamos?

-Personalmente pienso que es así, ya no solo por existir documentación que permanece clasificada en diferentes países, sino por la creciente apertura de los historiadores a contemplar temáticas como las que yo abordo en el libro, asuntos que quizá han sido hasta ahora conscientemente ignorados o descartados como rumores. En estos días se esperan nuevas revelaciones procedentes de cientos de miles de documentos de los Archivos Secretos del Vaticano sobre asuntos como la llamada Ruta de las Ratas o el papel de Pío XII.

 ¿Es la obsesión nazi por el ocultismo, la magia y las supuestas propiedades milagrosas de las reliquias sagradas una pista terrorífica sobre sus aspiraciones?

-Los historiadores saben que el ocultismo, combinado con esas irracionales ideas supremacistas, formaba una combinación explosiva en muchas sociedades y clubes de la Alemania prenazi, grupos ultranacionalistas y conspiranoicos de los que formaron parte, o bien fueron frecuentados, por personajes que serían relevantes para constituir el partido nazi o para gestionar asuntos públicos una vez en el poder. Lo anecdótico se convierte en determinante cuando compruebas que Himmler creó un ejército negro, las SS, dotándolo de símbolos esotéricos que consideraba le otorgaba un poder mágico adicional, por ejemplo. En el castillo de Wewelsburg montó una especie de monasterio, asesorado por un místico bastante estrambótico como Wiligut, en el que realizaba ceremonias ocultistas con un selecto grupo de oficiales para activar fuerzas vinculadas a los antiguos dioses teutónicos. Rosenberg, el ideólogo y dirigente nazi, introdujo en Alemania los fraudulentos Protocolos de los Sabios de Sión, que alimentaron el odio contra judíos y masones, siendo un firme creyente en el origen atlante de los arios… Y así, en un suma y sigue…

 Canarias estuvo en varias ocasiones sobre el tablero de juego de la Alemania nazi durante su ascenso y la II Guerra Mundial. ¿Aborda ese interés en su libro “Magia, ocultismo y sociedades secretas en el Tercer Reich”?

-En otro libro, “Canarias Territorio del Misterio”, dedico un capítulo a este asunto, pero no en este que nos ocupa pues tiene un enfoque más global. En todo caso, Canarias interesó a los nazis tanto desde el punto de vista geoestratégico, como desde el ámbito ideológico y cultural, al asumir como un hecho irrefutable en el seno de la Ahnenerbe de Himmler, que los antiguos guanches eran parte de la raza aria y que estudiando sus restos óseos y su cultura se podía aprender del pasado germano. También hay alguna historia de tesoros ocultos y expediciones frustradas que nos sitúan en el mapa nacionalsocialista.

 ¿Tiene alguna vinculación con la magia o la superstición con la Solución Final?

-Algunos autores, quizá como una interpretación personal más que como algo amparable en documentos, han sugerido que los asesinatos masivos eran ofrendas nazis a sus dioses oscuros. No creo que fuese esa la razón, pero no me extrañaría que algunos nazis hicieran esa lectura. En todo caso, la pseudohistoria que vertebraron los nazis colocándose en la cúspide evolutiva como descendientes directos de los antiguos dioses arios, considerando a los judíos como animales surgidos de la perversión de las razas, y el proyecto megalómano de dominar un mundo previamente purificado, conecta perfectamente con lo que después sería la Solución Final.

 ¿Había sintonía entre Adolf Hitler y Heinrich Himmler, uno de los hombres con más poder del Tercer Reich? Se lo digo porque era muy conocida la vinculación que tenía con las sociedades secretas de la Alemania previa a la gran guerra.

-Aunque Himmler traiciona a Hitler en el último momento intentando poner a sus SS al servicio de EE UU, fue durante años el hombre más fiel y eficiente para el führer, la pieza clave para poner en marcha los campos de exterminio. Sirvió a Hitler con rotundidad y fue clave para el fortalecimiento de su poder. Ahora bien, desde el punto de vista esotérico y religioso eran diferentes, ya que por ejemplo Himmler era partidario de una religión nazi enraizada en las ancestrales culturas germanas, mientras Hitler admiraba la cultura grecorromana. Himmler se creía la reencarnación del rey Enrique I el Pajarero mientras que Hitler tenía asumida su condición de Mesías. Para el primero Wewelsburg era una fortaleza espiritual, un Vaticano para la nueva Alemania, pero Hitler no la visitó nunca…

 Habla usted también de Albert Speer en “Magia, ocultismo y sociedades secretas en el Tercer Reich”, el arquitecto que dio forma a la megalómana identidad nazi que lograron plasmar en sus construcciones. ¿Cuál era su proyecto de gran ciudad y, sobre todo, que se llegó a planificar?

-Germania. Así se llamaba la monumental ciudad que pretendía construir sobre Berlín, donde todo tenía que ser más grande, más espectacular, una verdadera capital mundial coronada por esvásticas, con un Arco del Triunfo que duplicara el parisiense, o la Gran Cúpula, un edificio 17 veces mayor que la Basílica de San Pedro, con una gigantesca águila en su cúpula y estatuas de dioses en su entrada. La residencia de Hitler tendría dos millones de metros cuadrados… todo muy gigantesco. La idea era que hacia 1950 estuviera construida, pero más allá de planos, maquetas, el trazado de uno de sus ejes principales y algunos derribos en barrios berlineses, la guerra impidió llegar a más.